viernes, 16 de septiembre de 2016

Réquiem por la casa de Amelia Peláez en Jibacoa

Por Laidi Fernández de Juan

En la década de los años cincuenta del siglo pasado, la gran pintora cubana Amelia Peláez hizo que el arquitecto Gastón diseñara su casa de playa, en Jibacoa. Siguiendo las sugerencias de la pintora, el famoso arquitecto elaboró los planos de lo que más tarde sería un sitio encantador. Varios artistas plásticos (Martínez Pedro, Leonel López Nussa) adquirieron terrenos en la misma localidad, y otras casas fueron erigidas en esa zona playera, cuyo entorno natural mantiene el fuerte atractivo de un paisaje donde coexisten en maravillosa (y por suerte, salvaje) armonía el mar, las montañas, la arena y la exuberante vegetación. La lengüeta de playa que se ubica justo frente a las casas de Amelia y de López Nussa es conocida por los pobladores de Santa Cruz, de Jaruco, de Campo Florido y por los propios jibacoenses como “la playita de los artistas”.

A la muerte de Amelia, la casa, por voluntad de su dueña, pasa a pertenecer a Cultura, con el propósito de que destacados artistas, Premios Nacionales de diversas manifestaciones, reconocidos intelectuales, plásticos, actores, actrices, editores, cineastas, poetas, etc. vacacionaran allí. Se habilitaron permisos para que fuera posible el acceso al restorán de la zona turística “Villa Loma”, sin interferir con el funcionamiento de dicho centro turístico.

Fue así que, a partir de la década de los ochenta (1984, aproximadamente, según recordamos los más antiguos), numerosas familias pasamos breves y reiteradas temporadas en la ya consagrada “Casa de Amelia, en Jibacoa”. Citaré de memoria solo algunos nombres, con el único objetivo de dar a conocer someramente quiénes visitábamos tan peculiar y entrañable morada, aunque el listado es mucho más extenso: Ambrosio Fornet, Mario Balmaseda, María Elena Molinet, Corina Mestre, Jaime Sarusky, Lisandro Otero, Roberto Fernández Retamar, Alfredo Sosabravo, Manolito Pérez, Nelson Domínguez, Augusto Blanca, Reynaldo González, Sigfredo Ariel, Sara González, Diana Balboa, Loipa Araújo, Rita Longa.

Paulatinamente fueron incorporándose objetos de arte en los muros y  en el exterior del jardín, como muestra de respeto y de gratitud a la gran Amelia Peláez. Ejemplo de ello son los cortinajes de Telarte, que reproducían los diseños de Amelia, un pequeño mural de cerámica que Sosabravo hiciera para la puerta de entrada, y la escultura en metal de Rita Longa, titulada precisamente “Homenaje a Amelia”, y que se ubica en el jardín inferior.

Como podrá apreciarse en las imágenes que acompañan estas líneas, dichas obras de arte (y la casa en su conjunto) han sufrido el descalabro de la desidia, el abrumador peso de la ignorancia, con la correspondiente falta de sensibilidad elemental. También es justo mencionar que muchos artistas colaboraban donando objetos personales (duchas, cortinas de baño, ollas, pilas, utensilios para comer, platos, etc.) en aras de garantizar la logística que toda casa exige.

Poco a poco, luego del esplendor de los ochenta, los visitantes habituales fuimos adaptándonos a las circunstancias que imponían mayor austeridad, en la medida que la crisis económica fue imponiendo reglas: nos retiraron el permiso para hacer uso de las instalaciones de “Villa Loma”, concretamente del restorán. El abastecimiento del agua potable era irregular (problemática crónica en Jibacoa, por otra parte), y mermó el suministro de equipos de ventilación para la casa, además de que fue eliminada la posibilidad de adquirir alimentos básicos en una bodega cercana. Todos estos cambios resultaron nimiedades, que asumimos con naturalidad, a cambio de continuar una tradición de más de treinta años, consistente en una semana en “la casa de Amelia, en Jibacoa”.

Como se comprenderá, los hijos, los nietos, los amigos, visitantes y la familia en general de cada artista, anhelábamos la llegada del verano, para darnos cita en la mágica herencia que había dejado una de las más grandes pintoras y ceramistas de nuestro país. No importaba si cada vez era necesario cargar con más ventiladores, más cazuelas, más cubos y por supuesto, más comida, en el traslado desde nuestros domicilios hacia Jibacoa. Incluso hubo períodos en que acarreábamos sacos de carbón y luz brillante para cocinar, asi como linternas y velas para las noches de agónicos apagones. Ningún obstáculo fue capaz de empañar la felicidad que nos esperaba. Debe añadirse que aunque la casa no dispone de grandes espacios (de hecho, hablo de dos dormitorios, un comedor, dos baños, una pequeña cocina y una terraza), contiene alto valor arquitectónico, dado el curioso emplazamiento que aprovecha las irregularidades del terreno, rocoso e inhóspito en apariencia. La ferviente imaginación de Amelia y la maestría de Gastón dejaron sus improntas allí, aprovechando al máximo la disparidad de la geografía. Tres décadas es tiempo suficiente para cobrarle afecto a un lugar, qué digo afecto, amor.

Hace aproximadamente cuatro años, nos fue arrebatada la ilusión de ir a lo que todos consideran “su” casa de Jibacoa. Con las medidas de ahorro impuestas en bien de la economía del país, se suspendió el concepto de “casa de visita” a todos los organismos estatales. Y en dicha redada, cayó en desgracia nuestra tan amada casa de Amelia. Muy a  nuestro pesar, y sin tener claro el destino de dicha instalación, fuimos informados de que nunca más podríamos acudir ni en verano ni en otoño ni en invierno al lugar donde, repito, pasábamos siete días durante treinta años.

Según nos dijeron, la casa pasaba a formar parte del Ministerio de Turismo, con la consiguiente explotación turística. Más que entender la decisión, nos resignamos. Después de todo, si las arcas del país iban a recibir los beneficios monetarios derivados de la renta de la casa de Amelia, en Jibacoa, no existía argumento válido para rehusar lo que, por otra parte, no nos había sido consultado.

El resultado es que al cabo de ese tiempo, nadie se adjudica la responsabilidad de hacer uso de la casa. Ni de explotarla, ni de cuidarla, ni de mantenerla, ni de absolutamente nada. Hoy por hoy es una ruina total, vergonzosa. Las cercas de los jardines, la entrada, la preciosa terraza de madera, los muros limitantes, todo agoniza con la lentitud de una ballena encallada entre las rocas de la burocracia. A pesar de que ya no gozamos del placer de habitarla, año tras año hemos ido a mirarla por fuera, aunque solo sea como constancia de que no olvidamos el embrujo del lugar que significa tanto para una gran comunidad de artistas de Cuba. Cada visita (insisto, para observar como ocurre una muerte dolorosamente inútil) resulta más deprimente que la anterior: el “canibaleo” se acrecienta, el deterioro avanza, ya no existen ni la ducha exterior, ni la baranda de la azotea, ni las cercas metálicas. El acceso a la casa es totalmente libre, cualquiera puede penetrarla, violentarla, saquearla a su antojo. Solo la vegetación permanece firme, y la memoria de sus antiguos habitantes. 

Ojalá que un alma piadosa remueva ciertas conciencias, y Cultura recupere lo que nunca debió perder. En honor al deseo de  Amelia Peláez, y como gratificación a muchos trabajadores de la cultura cubana, debe ser devuelta. 
La casa en el año 2010, dos años antes del descalabro    

La casa, en el año 2016    



2016. Reja de seguridad destruida. Se demuestra el libre acceso a través del jardín externo.

Ruinas de la escultura que Rita Longa dedicara a Amelia Peláez, y que se encuentra en el jardín trasero. Año 2016    


sábado, 10 de septiembre de 2016

EEUU impide al mayor banco de España ofrecer servicios a Consulados cubanos en ese país

Madrid, 8 de setiembre de 2016. El sistema de sanciones de los EEUU contra Cuba, que constituye un bloqueo económico, comercial y financiero, impidió al Banco Santander dotar de terminales de puntos de ventas (TPV) a los Consulados Generales de Cuba en las ciudades de Barcelona, Sevilla y Santiago de Compostela.

“Es decepcionante que tres consulados cubanos hayan sido privados de recibir servicios de una entidad española para mejorar la atención a sus usuarios, a razón de oscuras e injustificadas decisiones unilaterales norteamericanas que afectan negativamente a los cubanos y a terceros países”, declaró Eugenio Martínez Enríquez, embajador de Cuba en España.

“¿Cómo es posible que dos meses tras la visita del Presidente Obama a La Habana, una filial del Banco Santander en Cataluña informe a la Cónsul General de Cuba en Barcelona la imposibilidad de dotarlos de un TPV para facilitar a usuarios el pago de aranceles consulares mediante tarjetas magnéticas, porque el Santander tiene firmado un acuerdo con Elavon, compañía procesadora de tarjetas de crédito y débito subsidiaria de U.S. Bancorp?”, se pregunta el diplomático cubano.

De la misma forma una filial del Banco Santander en Sevilla, canceló el primero de junio de 2016, un contrato previamente firmado el 12 de mayo con el Consulado General de Cuba en Sevilla para disponer de un TPV, porque la empresa Elavon, indicó que las restricciones de EEUU hacia Cuba se lo impedían.

“¿Quién entiende que el 15 de marzo de 2016 los Departamentos de Tesoro y Comercio de los EEUU anuncien que permitirían a los bancos procesar transacciones del gobierno cubano que pasen, incluso momentáneamente, por el sistema bancario estadounidense y en mayo y junio del propio año, se prohíba a una entidad de España ofrecer un servicio, tan común en este país, a oficinas diplomáticas cubanas?”, indaga el funcionario de Cuba.

Igualmente en el mes de mayo de 2016, la sucursal gallega del Banco Santander comunicó al Consulado General de Cuba en Santiago de Compostela que no podía aprobar terminales para clientes cuya actividad se desarrolle o esté directamente vinculada a países que se encuentren en el listado de la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de los EEUU), lo que significaba, según dijeron, que tropezaban nuevamente con la normativa internacional de la OFAC que impide contratar productos a entidades cubanas, a pesar de que hace más de una década este Consulado es cliente del Banco Santander.

El diplomático cubano comentó que estos tres consulados en España “han sido víctimas de la aplicación extraterritorial del mayor sistema de medidas coercitivas financieras que existe”, y que aplica el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba.


Es – dijo Martínez Enríquez- “un evidente obstáculo al normal funcionamiento de esas oficinas que entorpece el cumplimiento de funciones consulares ordinarias; representan limitaciones perjudiciales para cubanos residentes en España, españoles y otros extranjeros que solicitan servicios a las oficinas cubanas.”

Fuente: https://www.facebook.com/EugenioMartinezPochi/posts/1812544795659065

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DE ANOCHE

Buena Fé en Guanabacoa
Con Víctor Casaus y Harold Cárdenas Lema



viernes, 2 de septiembre de 2016

Los árboles, el bosque y el periodismo nuevo

Por Raúl Garcés
Vladimir Ilich Lenin encarnó como pocos el espíritu dialéctico de la Revolución de Octubre. Tal vez por eso, al organizar un mo­delo de prensa obrera que expandiera las ideas de la nueva época, admitió la publicidad como fuente de ingreso en los periódicos. Nadie menos interesado que él en favorecer los negocios de los propietarios privados, pero al mismo tiempo, nadie más urgido de contar con medios de comunicación vigorosos y económicamente sostenibles.
Cuando algunos sugirieron una resolución para prohibir la publicidad en Pravda, se cuenta que el líder socialista reaccionó de modo categórico: “¿de dónde sacará Pravda el dinero si le privan de sus anuncios?”
Para la misma fecha en que Lenin ejercía su réplica, la prensa norteamericana había hecho de la publicidad su principal fuente de financiamiento. La segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX vivieron la euforia de los anuncios como sustento de los periódicos modernos.
Pero, a la altura de los años 40, una comisión presidida por el Rector de la Universidad de Chicago, Robert Hutchins, diagnosticaba que parte de las difamaciones y violaciones éticas imputadas a los periódicos estadounidenses se asociaban a condicionamientos impuestos por los anunciantes. Lo que parecía hasta entonces un modelo ideal, presuntamente capaz de autorregularse por las leyes del mercado, empezó a hacer aguas.
Lenin y Hutchins estuvieron muy lejos de vivir la actual sociedad de la información o los cambios que Internet ha supuesto para el periodismo contemporáneo, pero supieron claramente que, en materia de producción de ideas, no valen las camisas de fuerza. Ni creer que determinadas regularidades operan igual para todas las épocas y contextos. Andando el tiempo fue evidente que, aun las experiencias más paradigmáticas de prensa liberal o socialista, no pudieron librarse de críticas cuando pretendieron universalizar, como verdades infalibles, lo que en realidad había emergido dentro de circunstancias socioeconómicas y políticas muy específicas.
Desde la década de los 90 del siglo pasado, la sociedad de la información barrió con los patrones tradicionales de generación de contenidos para la prensa. Los consumidores de noticias pu­dieron convertirse, por primera vez, en emisores. Los flujos de co­municación, antaño unidireccionales y demasiado predecibles, emergen ahora desde todas partes e irrumpen prácticamente sin jerarquías dentro del discurso público. Nunca se ha­bía producido una ruptura tan radical con nociones y valores propios de la cultura periodística precedente.
Es una transformación impensable al margen del impacto de las nuevas tecnologías, que demanda ajustar estratégicamente el ejercicio de la economía, la cultura y la política a las lógicas de una sociedad red. Si bien el acceso a Internet es todavía limitado entre nosotros —y, en consecuencia, no pasa de cubrir en muchos casos necesidades comunicativas básicas— resulta recientemente notable la familiaridad de la gente con prácticas y formas de organización propias de las estructuras en redes. Más temprano que tarde, los navegantes ocasionales de hoy dispondrán de mayor conectividad y, al menos potencialmente, de las competencias para realizarse con plenitud como ciudadanos digitales.
Que los jóvenes encabecen ese proceso es una fortaleza. Y, específicamente, que los jóvenes periodistas dispongan de las claves interpretativas para entenderlo y dominarlo nos sitúa en una posición de ventaja. Una investigación reciente de la Fa­cultad de Comunicación evidenció que, entre las cualidades mejor apreciadas en los recién graduados por sus empleadores, figura el manejo de las TICs. No solo se desplazan cómodamente dentro de plataformas multimediales, sino que gestionan y posicionan información relevante con prontitud y efectividad. Aprendieron, más rápidamente que nosotros, una lección básica del mundo de hoy: no basta con socializar información de calidad, hacen falta estrategias para amplificar su alcance y fomentar entrecruzamientos entre los diferentes actores del tejido digital.
Ocupar las redes sociales y la blogosfera con un espíritu de debate y confrontación de ideas es una oportunidad que no tuvieron generaciones anteriores. El problema no son las dicotomías entre los medios tradicionales y los sociales (a fin de cuentas, nadie sabe a ciencia cierta qué tendencias prevalecerán en el ecosistema mediático del futuro). El problema es desa­rrollar masivamente las habilidades adaptativas para lidiar con las claves de comunicación de la nueva época. Y fomentar el ambiente cultural y ético para convertir cada discusión, lo mis­mo en el mundo físico que en el virtual, en un punto de partida fecundo al presente y el porvenir de la nación cubana.
Es, en otro contexto, la misma voluntad de pensamiento crítico y profundidad de ideas que defendió Fidel Castro frente a decenas de intelectuales en la Biblioteca Nacional en 1961, aun en me­dio de las agresiones de Girón y los planes subversivos contra Cu­ba. Solo que, 55 años después, el espíritu deliberativo de una vanguardia se ha extendido a amplísimos grupos sociales y, como parte de ellos, a cientos de miles de jóvenes ávidos de participar en la solución de los problemas de su país. No es a pesar de la Revolución, sino precisamente gracias a ella, que esos jóvenes ganaron el capital intelectual y la madurez para sostener criterios, que, en su mayoría, arrojan luz para la ideación colectiva de nuestro futuro.
Claro que el camino no está libre de entuertos, ni exento de desafíos ideológicos, ni transitaremos, en la circunstancia actual de las relaciones Cuba-Estados Unidos, por un lecho de rosas tendido como puente entre La Habana y Washington.
Pero es esencial que los árboles no nos impidan ver el bosque. Y nada parece más prioritario para la Cuba revolucionaria que fortalecer el consenso en torno a su proyecto anticapitalista, día tras día, activamente, involucrando con entusiasmo a las nuevas generaciones y modernizando los códigos para compartir con ellas la práctica política.
Este 5 de septiembre miles de muchachos y muchachas repletarán las Universidades cubanas y, como parte de ellas, la Fa­cultad de Comunicación recibirá a los nuevos estudian­tes de Pe­riodismo, Ciencias de la Información y Comu­ni­cación Social. Probablemente vendrán mezclados de certezas e incertidumbres, serenidad y desenfreno, sensatez y espíritu iconoclasta. Tendrán que abrir sus propias trochas, sufrirán decepciones, acopiarán esperanzas y, dando tumbos, encontrarán el espacio para encauzar sus proyectos, proponer so­luciones y sentirse protagonistas, que es la única manera de sentirse militantes. Ninguna militancia honesta se constru­yó nunca desde la mojigatería, la contemplación y el aburri­miento.
Fuente: http://www.granma.cu/opinion/2016-09-01/los-arboles-el-bosque-y-el-periodismo-nuevo-01-09-2016-22-09-50