Por Ricardo J. Machado.
“La casa es el 40 %
de la felicidad de la familia.”
Del refranero
eslavo.
CICLONES Y DESAMPARO
SICOLÓGICO
Probablemente muchos
cubanos consideren que la proporción
entre casa y la felicidad humana es
superior a la sugerida por el mencionado refrán. La cifras sobre el efecto de
los ciclones sobre las viviendas de los
ciudadanos cubanos son impresionantes cuando se ven juntas, de un vistazo. Por
solo mencionar las de los 200 meses transcurridos en el siglo XXI; nos han
golpeado 13 ciclones –incluido Irma– de
diferente intensidad, de los cuales 8
han sido de las categorías superiores de
4 y 5 según la conocida clasificación . (Granma , 9 de septiembre, 2017).
En su edición de 29
de septiembre de este año Granma publicó los datos relativos a este último
huracán; se reportaron 158,554 viviendas afectadas, de ellas 14,657 con
derrumbes totales. Si hacemos un cálculo conservador –seguramente existe una
investigación con los datos reales– y suponemos de que cada uno de los 13
ciclones haya destruido 4,000 viviendas como promedio, la suma de lo que va de
siglo alcanzaría la cifra de 52,000 casas destruidas y un número equivalente de familias
viviendo en albergues temporales.
Hay que mencionar
aquí que existe un acumulado histórico del
fondo habitacional del país integrado por viviendas que tienen alto
grado de vulnerabilidad –cerca del 40 % muestran condiciones de regulares a
malas– , lo que debe incluirse en el cálculo de la demanda total, cuya cifra es
altísima.
En lo que va de siglo, como promedio, cada 11 meses y medio
la geografía del país recibe latigazos de vientos que afectan entre una y
cuatro provincias. El efecto más sensible
–fallecidos aparte– es la perdida de la condición de habitabilidad –temporal o
definitiva– de las viviendas de miles de cubanos. Una y otra vez la TV muestra
escenas desgarradoras. Los efectos sicológicos de la perdida de la vivienda en
los seres humanos han sido estudiados principalmente por los estrategas
militares, fundamentalmente los de los países del norte, muchos de los cuales
sostienen economías que no pueden vivir sin las guerras. Como dijo el papa Francisco
“es una economía que mata“.
Una referencia
histórica contemporánea muy conocida fue el bombardeo de los aliados durante la
II Guerra Mundial, sobre la ciudad de Dresde, paradigma de la cultura alemana
(por eso lo hicieron).
Después le tocó el turno a Hiroshima y Nagasaki. A partir de
la década de los 60 el gobierno de
USA se ensañó con bombardeos de saturación
sobre las aldeas vietnamitas. Ahora junto con sus amigos israelitas disfrutan
bombardeos sistemáticos sobre pueblos árabes, matando en solo minutos decenas de
mujeres y niños, de un solo zarpazo. Después, con una descarada frialdad, dicen
que fueron daños colaterales y hasta piden disculpas. El cinismo se ha
instalado como parte del ADN de la cultura de la elite que pretende gobernar el
mundo.
Según los sicólogos
de la guerra, no hay nada que desmoralice y deprima más a un ser humano que contemplar
su vivienda destruida. Lo que se busca con ello es debilitar los cimientos
morales y quebrantar la resistencia de la población. El dolor la mata por
dentro. Es como destruir la memoria de la familia y romper de un golpe parte de
las relaciones con los seres queridos. Eso es lo mismo que hacen los ciclones;
desde el punto de vista sicológico, no hay muchas diferencias con los
bombardeos. Por eso este asunto ya merece una atención especial. Fidel hizo esta comparación en cierta ocasión.
Es esencial identificar el punto crucial a
partir del cual la nación disponga de una capacidad de construcción de
viviendas superior a la que tienen los
ciclones para destruirlas. El problema tiene aristas éticas e ideológicas que
no pueden ser soslayadas. No es conveniente para la sostenibilidad y equilibrio
de nuestro sistema mantener un volumen tan grande de ciudadanos en un estado de relativa indefensión desde el
punto de vista moral.
El nivel de la
respuesta cubana ante desastres naturales ha estado por encima de la totalidad
de los países del continente, incluyendo
EU. Hemos creado en casi todo el país una cultura codificada sobre el tema. Los
más rezagados eran los santiagueros, pero aprendieron la lección con el Sandy (25
de octubre de 2012), y ayudados
posteriormente por la presencia
física del presidente y varios ministros, que esperaron el Matthew junto
con ellos –algunos durmiendo en el suelo– ( 4 de octubre de 2016)
.
Pero creo que en
este asunto está lloviendo sobre mojado
y sobre ello el país debe construir una respuesta de mayor calibre. En
la reconstrucción actual de viviendas se continúa con las tejas de zinc y
fibrocemento. Los expertos aseguran que estas solo resisten hasta vientos de
100 kilómetros. Una humilde depresión
tropical. Hasta que vuelva el próximo ciclón que las hará volar nuevamente. Esto debe ser considerado como
una facilidad temporal, a la espera de una solución definitiva.
Hay que superar esta
suerte de suplicio de Tántalo, según el cual la sociedad cubana construye
viviendas por un lado y los ciclones se dedican a destruirlas por otro, como si
ambos estuvieran emulando sobre la base de un plan anual, pero con diferente
signo. No basta ya con una buena guía familiar para protección contra ciclones
y el conjunto de medidas del gobierno para salvar vidas. Hay que aceptar el
reto de la naturaleza a otro nivel. Los ciclones consideran esta zona del Caribe como su espacio natural de tránsito, y no es posible quitarnos de su camino . Ellos
llegaron primero.
A partir de los
datos del último año –informe del ministro Cabrisas en la última Asamblea
Nacional– el país tiene hoy una capacidad de construcción de unas 24,000 viviendas anuales (de ellas
13,000 por esfuerzo propio y 9,700 por el Estado) Esta respuesta de mayor envergadura que la nación tiene como expectativa,
pasa primero por una ampliación significativa del potencial constructivo del país y en segundo lugar por la activación del
comportamiento de las 70 cooperativas del sector de la construcción. El punto
crucial mencionado arriba pudiera estar, por ejemplo, entre 40 y 50,000
viviendas. Habría que distribuirlas entre diferentes actores, entre ellos
principalmente las cooperativas de la construcción.
¿QUE ESTÁ PASANDO
CON LAS COOPERATIVAS Y COMO SE LLEVAN CON EL SOCIALISMO CUBANO?
Las relaciones
entre socialismo y cooperativas han sido
difíciles y contradictorias, según muestra la historia en esta esfera. El Che
alertó muy temprano sobre los peligros de las cooperativas en el caso de la URRS. En su texto –redactado en
los años 60– “Apuntes críticos a la Economía Política” (Editorial Ciencias
Sociales 2012) señaló: “No hay una negación convincente de que las cooperativas
no engendren capitalismo. Aunque tiene tendencias colectivas, es un
colectivismo en contradicción frente al gran colectivismo“. El Che no disponía
entonces de INTERNET, lo que le habría permitido comprobar los resultados
positivos de las cooperativas en muchos países.
Recientemente se
publicó en Cuba un texto de los expertos
estadounidenses R. Keeran y T. Kenny (Socialismo
traicionado, tras el colapso de la Unión Soviética, Ed. Ciencias Sociales,
La Habana 2012 ) En su investigación dedican bastante espacio a los problemas
del cooperativismo en la URRS, en una parte del mismo señalan: “las
cooperativas en la URRS fueron un disfraz para empresas privadas en manos de
delincuentes. Estas falsas cooperativas
estaban infestadas por el mundo del hampa”.
Pero aquí las cosas tampoco andan muy bien, si juzgamos a partir de los
criterios expresados por el presidente
en su discurso de clausura en la última sesión de la Asamblea Nacional: “Decidimos
hacer las cooperativas, probamos con algunas e inmediatamente nos lanzamos a
hacer decenas de cooperativas de la construcción. ¿Nadie ha analizado las
consecuencias que esto trajo y los problemas que esto ha creado?“.
En marzo de 2017 la
Contraloria General de la República de
ciudad de La Habana realizó una inspección de 24 Cooperativas no agropecuarias,
algunas de la construcción. Los datos son preocupantes. Menciono algunas de las tendencias que
encontraron los auditores: falta de
precisión y vigilancia de las entidades estatales, que en muchos casos
actúan como su cliente. A principios de este año una cooperativa presentó una
factura a un grupo hotelero por 300,000 CUC. Cuando el presidente de la entidad
los llamó para discutir el asunto, en pocos minutos ¡¡la redujeron a la tercera
parte!!
Los auditores fueron severos con los órganos
estatales, según ellos; los ministerios les aceptan presupuestos que no detallan
transparentemente los conceptos que forman los precios. No existe una cultura
cooperativista de socios y no se sienten dueños del patrimonio. (¿Como va a existir esta cultura, si no
recibieron ninguna preparación ni entrenamiento previo?. En República
Dominicana –no Alemania– nadie puede crear una cooperativa si no recibe un
certificado después de tres meses de capacitación. Estamos haciendo
cooperativas sin formar cooperativistas).
Los auditores
también detectaron deterioro de valores éticos y conductas individualistas que se
oponen a los principios de responsabilidad, altruismo e interés que sustenta
nuestro modelo. También encontraron violaciones de normas contables y de
control interno.
Pero lo más grave,
en nuestra opinión, es que comprobaron que existían “cooperativas” en las que
el presidente actuaba como dueño y se repartían las utilidades entre un pequeño
número de socios. Esto puede ser considerado ya como una lesión tumoral de alto
riesgo. Desde el punto de vista general, el Presidente adelantó una explicación
en el citado discurso, definiendo como causa ”el deseo de hacer cosas rápidas, sin
una preparación correcta, en primer lugar de los que tienen que aplicar medidas, y después criticamos a
los que no debemos.”
Pero esto tiene
además otras explicaciones. La editorial Caminos realizó, desde 2012, dos
ediciones del excelente texto Cooperativas
y socialismo. Una mirada desde Cuba, compilado por la economista Camila
Piñeiro Harnecker, y que tiene con amplitud todo lo necesario para comprender
la complejidad de esta forma de organización. Desde mediados de los 90
existe una maestría en gestión
cooperativa en la universidad de La Habana (patrocinada por FLACSO). Se han
redactado decenas de tesis de maestría y doctorados sobre la temática. Los
ejecutores de estos desajustes no consultaron ni estudiaron lo suficiente. Aquí
la causa principal está en el
comportamiento apresurado de los funcionarios que han realizado estas incongruencias
que han indignado al Presidente. En su falta de humildad y de conciencia acerca
de la naturaleza del problema.
Esas decisiones
competen a la burocracia de alto nivel. No
uso aquí el término con tono despectivo. Es un fenómeno necesario e inevitable
en la sociedad moderna. Solo resta esperar que aprendan de esta experiencia, que
controlen su ego, que pregunten a los que saben y que aspiren a adquirir la
sabiduría que proviene de la percepción que tengan acerca de su papel determinante en el futuro de la nación.
Ahora vamos a ver
como se arregla este desaguisado. Muchos de estos “cooperativistas” están
recibiendo ingresos entre 10 y 15 veces por encima del salario promedio. Por
ejemplo, en el caso de las CNA de gastronomía, algunas de las “malitas“ reciben
ingresos por 50 CUC diarios; las
mejorcitas reciben 170. Seguirán el camino que abrieron hace algún tiempo los
sembradores de ajos y cebollas: primero dos o tres veces al año en Varadero,
con familia incluida; después Cancún, hasta llegar –pasando por MIAMI– a Roma y
Paris, como hacía la burguesía cubana del siglo XX. Pronto no podrán vivir sin
ello, mientras decenas de miles de cubanos no tienen un lugar decente donde
consolidar una familia.
HAY QUE DETENER A ESTE MONSTRUO
Es necesario crear un centro de desarrollo e investigación
cooperativa donde se realicen los estudios necesarios, se imparta la
capacitación correspondiente, y hacerla obligatoria por ley. Organizar
cooperativas especializadas en construcción de viviendas sólidas, cosa que
sabemos hacer, porque aprendimos con el movimiento de microbrigadas, integrando
a los mismos damnificados.
Buscar fórmulas de financiamiento, régimen
especial de tributos y mecanismos creativos
para enfrentar este grave problema y ganarle la guerra a los ciclones.
Pero ante todo someter a la mayor brevedad este estamento –no es una clase
social– que se enriquece de manera desmedida, pensando solo en ellos mismos. No
es que defienda el igualitarismo paralizante; que cada cual gane lo que se
merezca. Pero en esto se han traspasado los límites.
Por otra parte, no
se trata de buscar culpables, sino gente honesta y con valores altruistas que
sin duda existen dentro de esa masa de cooperativistas de la construcción. La
dirección de ese ministerio tiene conciencia del problema y creo que lo vieron
venir, pero da la impresión de que no están
actuando con la celeridad necesaria ni comprenden la importancia decisiva de la
capacitación y de la asesoría especializada.
Hemos estado creando
un Frankenstein que, más temprano que tarde, terminará agarrándonos por el cuello. Hay que derribarlo lo más pronto posible y enderezar el movimiento
cooperativista sobre firmes bases éticas, ideológicas y administrativas. Esto
debe comenzar por la implementación de rigurosos programas de formación, y para ello es necesario tener el teléfono de los que saben. Hay que
meterle cabeza a este asunto y releer de nuevo lo que dijo el Presidente en la
reunión ampliada del Consejo de ministros del 28 de septiembre de 2011:
“Las cosas siempre
salen bien cuando se piensan antes de hacerlas”.