miércoles, 16 de agosto de 2017

Fidel entre dos infancias

Escuché hablar de Fidel por primera vez en mi infancia, bastante antes del 1º de enero de 1959. Por entonces su nombre se decía en voz baja y a veces se percibía en los murmullos de los mayores. Una noche lo escuché mencionar en la radio, también a bajo volumen, en casa de unos parientes que tenían onda corta. Allí escuchábamos una emisora clandestina que trasmitía desde las montañas de la Sierra Maestra, donde aquel nombre prohibido y sus amigos se peleaban a tiros con el ejército.

Así que lo primero que aprendí de Fidel es que a veces había que ser discreto: no se podía decir su nombre, no se podía decir que escuchábamos aquella emisora, como tampoco se podía decir que en la panadería de enfrente se vendían bonos del 26 de julio. Por lo mismo también fue secreto que, de mis soldaditos de juguete, mis afines eran los rebeldes, y que sus enemigos eran los mismos enemigos de los rebeldes de la realidad.

Apenas dos años después del triunfo revolucionario, Fidel, para mi, fue aquel hombre joven, enérgico y barbudo que a unos metros por encima de mi cabeza, en la playa de Varadero, despedía a un ejército de la enseñanza que al amanecer partiría a los campos y montañas de Cuba, armados de faroles y cartillas de alfabetización.

Aquel fue el primer discurso en directo que le escuché, y se me quedó el gusto, porque desde entonces muchas veces volví a estar cerca de donde Fidel se paraba a hacer historia. Incluso cuando mi servicio militar, si alguno de mis escasos permisos coincidía con un acto público, ahí estaba yo, lo más cerca posible de la tribuna. Puedo contar que estuve en el estadio en que aquel joven colombiano, armado de su acordeón, nos dio a conocer “Cuba sí, yanquis no”. Y también aquella vez de la escalinata universitaria, cuando alguien omitió la palabra Dios de un escrito de José Antonio Echeverría, y Fidel se indignó e hizo el memorable discurso donde nombró a los estrechos de miras como “mancos mentales”.

Confieso que cuando Fidel habló de los “elvispreslianos” me sentí en conflicto, porque a mi, desde chiquito, me gustaban las canciones y la guitarra de Elvis Presley. Pensé que sus palabras, más que a la música, se referían a jóvenes que se la pasaban en la ingravidez, ajenos a las urgencias del país. Fue un punto incómodo, pero que nunca me puso en tres y dos, porque mis jerarquías sentimentales siempre fueron maduras.

La primera vez que estuve un poco más cerca de Fidel, fue a través de terceros. Me refiero a cuando alguien cercano tuvo un encuentro directo con él y pude escuchárselo contar. Esto pasó la noche más difícil de la Crisis de Octubre, cuando el Jefe de la Revolución se reunió con algunos dirigentes, entre ellos los responsables del semanario Mella, donde yo trabajaba. Aquella reunión fue para informar sobre la posibilidad de que, al amanecer, Cuba sufriera dos impactos nucleares. La idea de ese ataque –que según leí después fue de Robert Kennedy—, era dividir nuestra alargada isla en tres pedazos, para facilitar un desembarco posterior. Un consejo que se dio en aquella reunión fue que, cuando el ataque ocurriera, procuráramos mirar hacia el oeste, para no quedar ciegos por el resplandor y poder resistir la invasión en el tercio de país que quedaríamos. 

Yo tenía 15 años. Después de escuchar que el mundo se acabaría por la mañana, cuando mis compañeros subieron y me quedé solo, me refugié en la luna. Mirándola, algo me dijo que todo aquello era demasiado para que fuera cierto. Puede que me ayudara a pensar así una conga demencial que iba Belascoaín abajo, a dos cuadras de donde yo estaba con mi fusilito. Pero lo cierto es que mientras unos cavilaban sobre la suerte del mundo y otros rumbeaban que éramos socialistas, Fidel estaba despierto, organizando la resistencia después de la hecatombe nuclear. Era el mismo Fidel que en aquel lugar llamado Cinco Palmas, después del arduo desembarco del yate y de la derrota de Alegría de Pío, dijo a los pocos que quedaban que ahora sí iban a hacer la Revolución. El mismo hombre del que algunos de sus compañeros pensaron que se había vuelto loco. Por eso creo que una de las cosas que hizo a Fidel ser Fidel fue su extraordinaria capacidad de previsión, y su certeza de que siempre va haber un después para seguir luchando.

Y quizá porque yo disto de ser así –ya que carezco de esa grandeza–, porque a mi la realidad puede llegar a abrumarme e incluso a persuadirme, debo decir que ese supuesto loco, ese inconforme impenitente, ese rebelde con causa me reclutó desde la infancia.

Hay otros ángulos de Fidel, menos públicos, que no dejan de ser muy seductores: como cuando confiesa que lo que más le gustaría sería pararse en una esquina, o cuando acepta el reto de quién hace la mejor paella y se pone un delantal, o cuando dice que le hubiera gustado ser poeta.

Seguramente hay una multitud de Fideles habitando el mismo esqueleto y conformando al hombre que tuvo la energía y la suerte de llevar adelante una vida exigente, difícilmente comparable, tan auténtica que arrastró consigo a sus contemporáneos y que todavía hoy convoca y suma pensamientos. Por eso no dudo de que hay Fidel para muy largo rato.

A menos que venga otro período oscuro en el que otros injustos logren devolverlo a otra montaña, a otro silencio como el de cuando escuché su nombre allá, en mi infancia. Si ese velo cayera, no dudo que Fidel vuelva a romper el mutismo impuesto y que otro día, con otro nombre luminoso como el de aquel enero, volverá a obtener la victoria.

viernes, 11 de agosto de 2017

Fijémonos dónde está Fidel, ahí hay que estar

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

La historia de las diferencias entre las múltiples posiciones de izquierda en América Latina es mucho más larga y dolorosa que una simple carta firmada por un grupo de intelectuales más o menos famosos, más o menos activos, más o menos participativos: es la historia de confrontaciones terribles de las cuáles siempre sale avante el enemigo común, que se solaza con tales diatribas para terminar utilizándolas a su favor.

Recuerdo tiempos de la Unidad Popular en Chile, en el que llegaron momentos tales de confrontación que la principal preocupación entre los militantes de los partidos de la Unidad Popular era cuánta responsabilidad le cabía al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) en la difícil situación creada, que a la postre devino en el golpe de Estado contra Salvador Allende y todo lo que sabemos como consecuencia, lo cual, entre otras cosas, significó la destrucción de la izquierda como opción política en Chile, hasta hoy. Por cierto, tales debates se prolongaron como centro de discusión, después del 11 de septiembre de 1973 y durante años continuó estando en el eje de la formación política de muchos cuadros.

Años después, en Nicaragua, la división entre diferentes tendencias al interior del Frente Sandinista de Liberación Nacional no le permitían, -teniendo todas las condiciones políticas y militares-, consumar la victoria del pueblo contra la terrible dictadura somocista. Tuvo que hacerse valer la autoridad moral y política del Comandante Fidel Castro, quien llamó a los dirigentes de las tres tendencias a la sensatez y la cordura, para hacerlos entender que solo la unidad les posibilitaría derrotar a la dictadura. La ansiada fusión del FSLN se produjo en marzo de 1979 y en julio el sátrapa fue derrotado definitivamente, huyendo del país. Vale recordar que tan solo dos meses después del triunfo, una brigada “internacionalista”, mal llamada Simón Bolívar, formada por ciudadanos de varios países y que no llegó a participar en los combates por la liberación de Nicaragua, había comenzado a hacer trabajo político contra el gobierno sandinista, acusándolo de no avanzar aceleradamente en la realización “de la transformación revolucionaria de la sociedad”. La autoridad se vio obligada a detenerlos y expulsarlos del país por realizar actividades incompatibles con su condición.

En El Salvador, el poeta revolucionario Roque Dalton fue asesinado por sus propios “compañeros” bajo la terrible acusación de ser agente de la CIA. Se dice que Joaquín Villalobos, quien posteriormente si se ha puesto al servicio del Departamento de Estado de Estados Unidos, junto a su grupo, actuaron como jueces y verdugos de Roque.

Si de acusaciones de intelectuales de izquierda se trata, la propia Cuba fue objeto de la ira de dos connotados de su época. José Saramago y Eduardo Galeano, quienes manifestaron en el año 2003 sentirse arrepentidos por apoyar a la isla de Fidel. El escritor portugués afirmó contundente “Hasta aquí he llegado”.

Mi experiencia, después de participar, aunque brevemente en la gestión de gobierno en varios países (de diversas orientaciones políticas) y en los últimos años, intentando esbozar algunas ideas a través de mis escritos, es que una cosa es con el lápiz (o con la computadora en la modernidad) cuando lo que se dice o se escribe no tiene ninguna repercusión directa en la vida de los ciudadanos, e incluso cuando se posee el recurso de que, ante la equivocación, se escribe otro libro u otro artículo, refutando lo anteriormente dicho sin consecuencia alguna.. Otra, cuando se tienen que tomar decisiones que redundan de manera puntual en la existencia cotidiana y en el diseño del futuro de los pueblos; los errores suelen tener consecuencias catastróficas.

La duda surge de cómo colocarse éticamente en el lugar adecuado y asumir una posición acorde con lo que se piensa y lo que se transmite. No es fácil, cuando a la vista podrían enumerarse una larga lista de omisiones y equivocaciones que jamás he justificado y no lo voy a hacer ahora. No obstante, una de las primeras cosas que aprendí de la política es la categoría del “enemigo principal”. No olvidarlo ni confundirlo, ha sido muy útil en mi vida.  En momentos como éste, la brújula debe siempre orientarse hacia saber dónde está el imperio, dónde está Estados Unidos y ponerse en el lado contrario. Recuerdo en 1982, cuando estando en Nicaragua, se produjo la invasión imperialista británica a las Malvinas, ante lo cual Estados Unidos olvidando interesadamente el Tratado Interamericano de Asistencia Reciproca (TIAR) se puso de lado de la potencia europea invasora. En Managua, pasaron recogiendo firmas para aquellos que deseaban ir a luchar a Malvinas junto al pueblo argentino. Firmé sin titubear. No pasaron muchas horas antes que se desplegara la brutal crítica de aquellos que nos acusaban de querer ir a defender a una dictadura genocida.  Creo que ese día, apenas a mis 25 años, la vida me obligó a aprender a usar la brújula política para orientarme en un mundo que, contrario a lo que se supone, no está conformado solo de la oscuridad y la luz. Lo más difícil, pero lo mejor, es saber determinar la intensidad más correcta del gris necesario.

En el caso de América Latina, el Comandante Tomás Borge lo hizo práctico con su proverbial capacidad de decir cosas profundas con total simplicidad, decía Tomás: “… En nuestra región, cuando tenemos dudas sobre qué decisión tomar, fijémonos dónde está Fidel, ahí hay que estar”.

No dudo que en el caso de la reciente carta firmada por un grupo de intelectuales, -no sé si de izquierda, porque ya ni se sabe qué es eso, cuando se argumenta que Felipe González, Bachelet, Tony Blair y Françoise Hollande presidieron gobiernos de esa tendencia- algunos actuaron de buena fe, no sé si todos. No lo creo, pero para medir el impacto de sus declaraciones les pido que miren, en cuántos medios de comunicación de la derecha internacional fue reproducido su escrito y en cuántos lo fue la carta de respuesta de otro gran grupo (incluso superior en número) también de intelectuales en apoyo al gobierno de Venezuela.  Tal vez, eso entregue pistas respecto de la libertad de prensa de la que tanto se habla y de dónde se colocan los argumentos esgrimidos, más allá de si son válidos o no.

Así mismo, resulta interesante el debate que podría devenir de las diferentes visiones de democracia que en ambas cartas se esbozan.  Se podría, por ejemplo confrontar el modelo venezolano y lo que aquí pasa con el brasileño, que es exaltado de forma permanente por los medios y venerado desde el norte: “gobierno de Temer”, “régimen de Maduro”.  Desde mi punto de vista, la sacralización de la democracia representativa y de sus instituciones, no conducen más que al engaño. Las oligarquías las han usado cuando les han servido y se han limpiado la parte posterior del cuerpo con ella cuando sus intereses han estado en juego: Honduras, Paraguay y Brasil son hechos recientes. El verdadero problema, pésele a quien le pese, es el problema del poder, frente a lo cual, según el presidente Putin, lamentablemente “en el mundo rige la ley de los puños”. En esas condiciones en las que los pueblos del planeta han sido colocados, la democracia representativa no parece ser suficiente, por eso hay que hacer que los pueblos debatan, opinen, participen y sean protagónicos. Sólo así serán superados los escollos que le imprimen a la política, la violencia, la agresión, la posibilidad de la intervención extranjera, pero también la corrupción y la incapacidad administrativa y gerencial.

No hay que tenerle miedo al debate, siempre que no conduzca a regresar, a subordinarse, a arrodillarse frente al enemigo; la historia es muy sabia y nos ha enseñado con abundancia de ejemplos a dónde conduce el debate sano cuando es transformado en ensañamiento fraternal. Eso no ocurre en la derecha, que es pragmática, tiene claros sus intereses y son capaces de unirse para logar sus objetivos. Fukuyama escribió en 1992 su libro anunciando el fin de la historia; posteriormente publicó “América en la encrucijada”, en el que crítica y abandona su posición ultra conservadora. Ambos libros fueron grandes éxitos editoriales y le aportaron mucho dinero a su autor. Los cubanos tuvieron paciencia, se dieron el tiempo para explicarle a Saramago y Galeano su verdad, la verdad de la revolución. Ambos murieron en paz y reconciliados con Cuba y con Fidel… Tal vez, escucharon a Tomás. Solo los grandes son capaces de criticar y también de regresar, cuando la crítica, justa o no, favorece al enemigo.    

martes, 8 de agosto de 2017

La Conceptualización. ¿Cuáles y quienes sus frenos?

Por Humberto Pérez

Después de un laborioso proceso de elaboraciones, discusiones y reelaboraciones el Documento sobre la Conceptualización fue aprobado por el Partido y ratificado por la Asamblea Nacional del Poder Popular, a mediados de este año. Acaba de salir editado.

Es un magnifico documento que representa el nuevo Programa del Partido y la Revolución en las circunstancias actuales y que tiene sus antecedentes fundamentalmente en el Programa del Moncada, que fue el primer programa, y en la Plataforma Programática aprobada en el I Congreso del Partido, que fue el segundo programa de la revolución y su primero para la construcción del socialismo. La Conceptualización, manteniendo en esencia los mismos principios y objetivos, representa una actualización y adecuación dialéctica y realista a la situación que enfrenta nuestro proceso de construcción socialista, tiene en cuenta la situación interna del país en lo económico y social y el contexto internacional en el cual se desarrolla y se prevé deba desarrollarse en los próximos años.

Es inclusivo, flexible, anti dogmático y considero que puede y debe ser abrazado y apoyado por todo el que comparta la Visión de Nación para el futuro de nuestro país, expresada en el propio documento, y que se caracteriza por el mantenimiento de la independencia, la soberanía y el carácter socialista del proceso, por el perfeccionamiento de nuestra democracia y por el logro de una sociedad prospera y sostenible.

En comentarios recientes enviados a Granma y publicados en Segunda Cita, el compañero Fidel Vascos plantea acertadamente que Cuba se propuso la construcción del Socialismo desde 1961, con modelos que se consideraban los más acertados y validos en aquellos momentos cuando contábamos con el apoyo de la Unión Soviética y el llamado campo socialista. Hoy no tenemos ese apoyo y ha sido necesario repensar el modelo de socialismo que queremos y al que es posible aspirar. Ello está plasmado con éxito en la Conceptualización recién aprobada.

Es diferente en muchos aspectos importantes el modelo que ahora nos proponemos aplicar y los que se fueron desarrollando y tratando de aplicar hasta 1990. Y no se trata de una falta de coherencia de la dirección de la Revolución y del Partido. Es una respuesta realista y dialéctica a los virajes y cambios en la situación y los acontecimientos.

Como tampoco fue incoherente Lenin cuando en breve tiempo modificó en tres oportunidades sucesivas sus ideas acerca de las formas y métodos a utilizar para construir el Socialismo. Son diferentes las ideas que expresaba Lenin cuando escribió El Estado y la Revolución a mediados de 1917, las que planteó en el curso de la guerra civil y la intervención extranjera en el periodo que se denominó ¨comunismo de guerra¨ entre 1918 y 1920, y más diferentes aun las que planteó a partir de 1921 en el proceso de aplicación de la NEP. Pero en los tres momentos estaban presentes los mismos principios y los mismos objetivos: salvar y defender la revolución socialista a favor de los trabajadores explotados y oprimidos.

Frente a los virajes a veces bruscos, pero dialecticos y realistas, que tuvo que encabezar Lenin, se manifestó entre algunos de sus propios compañeros del Comité Central del Partido bolchevique una fuerte oposición de extrema izquierda, la cual consideraba que seguir las orientaciones de Lenin era traicionar los principios de la revolución y del internacionalismo. Más tarde, sobre Bujarin, uno de los dirigentes bolchevique que encabezaba a esa entonces llamada ¨Oposición de Izquierda¨, dejó escrito Lenin en una de sus últimas cartas al CC, sin negar su inteligencia y brillantez, que ¨nunca había entendido la dialéctica¨. En todos los casos la historia, interrumpida con su muerte, le dio la razón a Lenin.

Entre las importantes diferencias que presentan los contenidos de la actual Conceptualización en relación con los anteriores modelos, están las de un mayor papel de las relaciones mercantiles y el mercado en general, la incorporación y apertura, dentro de las formas de propiedad, posesión y gestión, a las formas cooperativas en actividades no agropecuarias, así como a la propiedad privada en forma de inversiones extranjeras directas, de mypymes(*) y de trabajadores por cuenta propia, las que --aunque subordinadas a la propiedad de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción como rectora del modelo-- están llamadas a jugar un  importante papel en el desarrollo de la eficiencia integral de la economía, la generación de empleos productivos, desplegar iniciativas e impulsar a las fuerzas productivas.

Es decir, están presentes, aunque de manera complementaria, subordinada y controlada, componentes capitalistas o con fuertes características capitalistas en el seno del modelo a aplicar fundamentado en la Conceptualización o actual Programa del Partido y la Revolución.

Por ello no me parecen totalmente atinadas ni favorables  en estos momentos a los postulados de la Conceptualización, manifestaciones como las de que ¨al capitalismo hay que descartarlo completamente como fuente de experiencias a considerar ya que en el no hay aspectos positivos que rescatar¨. Ello pudiera considerarse en contradicción con la Conceptualización y estimular a los factores retardatarios actuantes.

Es posible, y no lo niego, que haya quienes aprovechando esta coyuntura quieran empujar al proceso a ir mas allá de los limites admisibles y que lo hagan de manera solapada, disfrazados y con balar de ovejas, para colarnos el capitalismo por la puerta de la cocina. Esto es lógico esperarlo de los pensadores de derecha que siempre existen y que son o pueden resultar manipulados por el enemigo, siempre listo para destruir nuestra Revolución por unas u otras vías.

Pero de ello, a mezclar en un mismo saco a estas fuerzas de derecha con revolucionarios que simplemente expresan criterios de cómo aplicar más eficientemente y más rápido los postulados de la Conceptualización, incluyendo el mejor manejo posible de los componentes capitalistas incluidos en el modelo, hay o debe dejarse un gran trecho, para no tratar como enemigos o potenciales enemigos a las que solo son voces con criterio propio que manifiestan ideas y propuestas, equivocadas o no, que puedan diferir en uno u otro punto de los criterios oficiales. Voces con la que es lógico que se pueda discrepar, en un debate entre revolucionarios, tratando de llegar al consenso más adecuado y a una unidad de criterios en medio de una diversidad de puntos vista.

Hay que evitar romper la unidad entre los revolucionarios a partir de criterios extremistas y actitudes paranoicas que vean al enemigo por todas partes.

Si tenemos en cuenta los diversos enemigos retardatarios que actúan como frenos a la aplicación del modelo y a los que se ha referido Raúl en distintas oportunidades, veremos que entre ellos están:

-la corrupción,
-la falta de control,
-el no cambio suficiente de la mentalidad,
-el poco sentido de urgencia,
-las dilataciones excesivas en los procesos negociadores de las inversiones extranjeras, con un llamado ¨a despojarnos de falsos temores hacia el capital extranjero¨,
-el deseo de hacer las cosas rápidas, sin una preparación correcta de los que tienen que aplicar las medidas, con una reafirmación, a la vez, de que ¨No vamos a retroceder ni a detenernos ni tampoco permitir estigmas y prejuicios hacia el sector no estatal¨.

Ninguno de estos factores sobre los que ha hecho énfasis Raúl, está asociado ni tiene como fuente a esas voces de derecha a las que ahora algunos compañeros ponen como centro de sus ataques bajo una etiqueta general mal denominada como ¨centrismo¨, grupo en el que ponen juntos a ¨tirios y troyanos¨ y a ¨girondinos y jacobinos¨, apelando a un peligroso factor común, que es el de incluir a todos los que no estén de acuerdo con sus criterios o con lo que ellos consideran y defienden como criterio oficial.

Lo que más ayuda a la marcha del proceso en que está enfrascada la Revolución, y a sus organismos decisores, no son los discursos apologéticos para demostrar que lo que están haciendo está bien hecho.

Lo que más ayuda son los comentarios serios y fundamentados que señalen posibles errores e insuficiencias en lo que se ha hecho o se está haciendo para la implementación de los principios y objetivos plasmados en la Conceptualización y las propuestas que les podamos hacer llegar para que puedan tenerlas en cuenta en sus decisiones.

El 6 de octubre del pasado año 2016 salió en la revista Temas un artículo mío titulado ¨las principales debilidades actuales del modelo, perspectivas de nuestro socialismo¨. En él planteo que ¨no tenemos totalmente asegurado nuestro proyecto socialista y este corre el riesgo de malograrse¨. Más adelante insisto en que ¨la amenaza de que prospere la alternativa capitalista es realmente grande y no es una presunción pesimista y alarmista, sino simplemente una previsión realista ante la cual debemos actuar¨. En el transcurso del articulo abordo los tres principales problemas o nudos gordianos a desatar y hago propuestas concretas de cómo hacerlo.

No sé si tengo alguna razón o ninguna en lo que allí planteo. Ojalá despierte el interés en los lectores de este post y se decidan a debatir francamente dichas propuestas.

6 de agosto de 2017


mypymes(*): micro, pequeñas y medianas empresas