martes, 13 de junio de 2017

Agradecimiento a la Universidad de las Artes de Cuba

La Habana, martes 13 de junio de 2017.

Queridos amigos:

Como vengo de la calle, de la vida, a menudo de lo que tengo deseos de hablar es de lo difícil, de lo complejo, de todas las preguntas que necesariamente nos estamos haciendo los cubanos. En ese sentido no soy muy diferente del muchacho que hace tiempo escribió:

         ¿Qué silencio aprendido nos preserva la vida?
         ¿Qué silencio oportuno nos convierte en prudentes?
         ¿Qué silencio asesino nos llena la barriga?
         ¿Cuántas veces al día merecemos la muerte?

Pero la vida es rica, diversa, y en nuestro país especialmente generosa, y también invita a felicitar al sistema cubano de enseñanza artística –a los gigantes que lo soñaron y lo hicieron posible, a sus trabajadores y a sus educandos–, a esta Universidad de las Artes que no discrimina a nadie, a todo lo profundamente hermoso que en estos días cumple 55 años.

Yo estoy cumpliendo un poco menos: hace apenas 50 revoluciones de la Tierra alrededor del sol, un martes 13 como hoy, a esta misma hora estaba en el estudio 19 del Focsa, ensayando los temas que iba a doblar por la noche en el programa Música y Estrellas.

Guillermo Rosales, un excompañero del semanario Mella, me había llevado a casa de Mario Romeu, y a este músico extraordinario se le había ocurrido orquestarme dos temas y sentarme ante las cámaras de televisión.

Por increíble que parezca, el día anterior me habían dado la baja, luego de más de tres años de servicio militar. Recuerdo que los únicos zapatos que tenía eran mis botas rusas, que por supuesto también salieron al aire.

En este medio siglo, creo que más por terquedad que por maña,  he logrado aprender algo de mi oficio. También aprendí que los rechazos y las críticas que más duelen son las que vienen del seno familiar, de quienes queremos, del propio país. Igual que los abrazos que más emocionan.

La verdad es que pudiera decir muchas cosas, temo que demasiadas. Le he dado tantas vueltas que pude haber empezado con un verso apócrifo: “Cómo gasto papeles dando gracias”.

Por suerte mi querida esposa me dio un consejo: “Tú lo que haces son canciones, canta una”… Sin embargo, por la hora y por respeto a esta audiencia, omitiré la música y sólo voy a recitar las sencillas palabras de una tonada que compuse hace años:


la escalera

Iba silbando mi trino
por una calle cualquiera,
cuando a un lado del camino
me encontré con la escalera.

Era una escala sencilla,
de rústico enmaderado,
desde la calle amarilla
hasta el rojo de un tejado.

"¿Qué se verá desde el techo?",
dijo la voz de lo extraño.
Y sin meditar el trecho
le puse afán al peldaño.

La brisa me acompañaba
en el ascenso y el alma,
y mi camisa volaba
junto al sinsonte y la palma.

Mientras más ganaba altura,
la calle me parecía
más pequeña, menos dura,
como de juguetería.

Y sucedió de repente
que, después de alimentarme
con la visión diferente,
sólo quedaba bajarme.

Dejé la altura en su calma,
dejé el cielo en su horizonte.
Siguió batiendo la palma,
siguió volando el sinsonte.

Me encontré con la escalera
cuando a un lado del camino,
por un calle cualquiera,
iba silbando mi trino.


Muchas gracias. 

sábado, 10 de junio de 2017

La primera vía o la revolución democrática en Cuba

Por Julio Antonio Fernández Estrada

No conozco al centro cubano en política. No sé quiénes son. He leído mucho sobre la "neocontrarrevolución socialdemócrata" pero imagino que esta no sea el centro sino algún extremo misterioso.

Sabemos, eso sí, que el centro existe, -si existe la izquierda y la derecha-, y sabemos que en la historia las posiciones de centro muchas veces se han aliado con las más conservadoras, como también sabemos que partidos de izquierda han terminado en el otro extremo del ámbito político.

Algunos nos educamos en las ideas de la izquierda radical. Aprendimos que el peor enemigo era el capitalismo porque este no defendía los intereses de la mayoría sino de los privilegiados, que siempre son los mismos.

Después aprendimos que en el socialismo también hay privilegiados y comprendimos que también son nuestros enemigos.

Las ideas radicales de izquierda que nos conformaron parten del pueblo y solo se detienen cuando se detiene la pobreza, la injusticia social, la inequidad y el desprecio a los humildes.

La izquierda cubana está viva. La primera vía no es, sin embargo, la de los burócratas. Nosotros sabemos que el socialismo se salva si el pueblo lo levanta en sus hombros y no fuimos nosotros, los nacidos en los 70, los que hemos quitado de los labios de los jóvenes la palabra socialismo.

Nosotros, la izquierda, queremos que los derechos humanos se respeten sin excepción. Los que se oponen a los derechos humanos no son el centro, ni la peor derecha puede defender esta propuesta, solo los fascistas pintados del color que sea, pueden defender un criterio de patria y de nación por encima de los derechos humanos.

Nosotros, la izquierda, queremos que el pueblo de Cuba sea el dueño de los recursos naturales, de las riquezas del país, del pan que se amasa en las madrugadas, de los hoteles, de las playas, de los campos de golf, de las zonas especiales, de las marinas, de los yates, de los carros de lujo y de las guaguas de uso.

Si alguien piensa que el pueblo cubano debe contentarse con un pan de a medio, con croquetas saltarinas de escamas de pescado, con vacaciones a la programación de verano de la televisión y con colas como ríos interminables para comprarlo todo, entonces no conoce al pueblo y no está en el centro, ni en la derecha, ni en la izquierda, sino debajo de la tierra, en la humedad del dogmatismo y el fundamentalismo.

Nosotros, la izquierda, queremos que el socialismo cubano no pierda ni un hospital, ni una escuela, ni un museo de la historia de la revolución. Moriremos por mantener la educación gratuita y la salud libre para todos y juramos que no le entregaremos en el futuro a ningún paciente un documento  que diga lo que cuesta nuestra salud gratis.

Los que defendemos el socialismo no queremos más poder que el de participar, no sentimos ninguna clase de odio por la generación histórica ni clase alguna de amor por los burócratas que hablan a los diputados de la Asamblea Nacional como si fueran pioneros en un matutino.

El socialismo solo se salvará si los jóvenes lo recogen de los contenes donde se conectan a internet para hablar a gritos con sus familiares de Miami, si hacen suyo el sueño y lo convierten en su obra.

Si Fidel hubiera usado "los canales establecidos" no hubiera habido revolución. Si José Antonio y Fructuoso hubieran sido disciplinados y hubieran confiado en los que dirigen porque "ellos saben lo que hacen" no hubiera habido base moral ni mártires sobre los que edificar el futuro.

Ahora no queremos muertos. El estado y el gobierno serán nuestros aliados, porque ellos han sido la vanguardia del pensamiento de izquierda en América Latina y deberán entender que si queremos la soberanía popular, la independencia y no el anexionismo, si respetamos más el honor de Carlos Manuel de Céspedes que de todos los autonomistas del siglo XIX juntos, no somos los enemigos, sino ciudadanos, interlocutores, sujetos políticos, actores sociales, compañeros, parte del pueblo cubano, que llevan a su patria, a no dudarlo, en el centro del pecho. Si no lo entienden, no será por nuestra actitud. Nosotros estamos donde hemos estado siempre.

Nosotros, la izquierda, queremos la paz y el crecimiento del bienestar del pueblo cubano. No queremos entregar el país a los norteamericanos ni regalarlo a los inversionistas extranjeros. Debe recordarse que los que siempre están en peligro de entregar a la patria son los que deciden qué hacer con nuestro dinero y con nuestros recursos, jamás el pueblo que va en guaguas y se queda sin agua de un día para otro.
La izquierda cubana cree en la paz porque sin ella no hay felicidad para las madres, para los hijos, para los ancianos y los que están por nacer. Sin paz en el mundo y en Cuba no hay prosperidad posible, y con venganza y rencor solo se llega al abismo del odio entre hermanos.

Nosotros queremos que las niñas y niños sigan viviendo en el país seguro donde se juega en la calle, donde los vecinos cuidan a nuestros hijos como propios y donde nada es más importante que la infancia y su tranquilidad.

La izquierda cubana ama a su patria, a su historia, a sus héroes, heroínas y mártires y sabe que sin democracia y derechos humanos defendidos y elevados a columnas de la nación, no habrá futuro digno para los cubanos y cubanas.

No sé quiénes son el centro en política en Cuba hoy. Amo y respeto a los seres humanos y gozo con sus ideas diferentes y lucho por las mías en el terreno de la ciudad, del surco y de la plaza cívica. Solo creo en la intolerancia para los que practican la intolerancia. Las leyes de la libertad no deben permitir ni el odio entre pueblos, ni la xenofobia, ni la discriminación por ser de un color, de una orientación sexual, de una ideología que promueva alguna forma de amor, de una religión cualquiera.

La izquierda que somos ama a  América Latina, sufre por la desigualdad en todo el mundo, cree en la solidaridad con los que tienen menos e incluso con los que tienen más. Para nosotros el socialismo no es una mala palabra pero debe ser una palabra nueva si la queremos conservar con vida.

La única vía que conozco para salvar la esperanza en Cuba, la esperanza en un mañana donde la dignidad no sea solo para los ricos y donde los burócratas no se conviertan en millonarios con más dinero que diplomas, es que el pueblo se haga dueño de su presente, que no apruebe los documentos que le traen como regalos sino que los redacte en el taller y en la calle, apoyados sobre la espalda del maquinista más fuerte, como se hacía en la Comuna.

Algunos sabemos dónde está el socialismo y no dejaremos que lo extingan, ni los de la derecha brutal que odia, que ha inventado la tortura, los golpes de estado y las doctrinas de seguridad que lo justifican todo, ni los del extremismo de estado, que quieren más a sus autos que a sus hijos, que miden la vida en litros de gasolina y que quieren resolver los problemas de la gente en una reunión donde nadie habla como un herrero ni como un campesino.

La primera vía es la única que nos interesa, con democracia, derechos humanos, estado de derecho, legalidad, paz, concordia nacional y justicia sin dobleces, para que los que no han sido beneficiados por la obra de la revolución, al fin puedan ser rescatados. El socialismo también tiene que ser para los miles de albergados sin vivienda, para los miles de presos, para los varados fuera de Cuba que se han quedado sin país, para los emigrantes que no han dejado de sentirse cubanos, para los pobres que no saben lo que es comer mantequilla desde 1989 o que les falta el agua desde hace décadas.

No sabemos quiénes son el centro. Nunca los hemos escuchado hablar desde la radio o desde una mesa de la televisión por lo tanto pensamos que tal vez no existan o que sean el resultado de la obsesión de los que cazan enemigos en las horas sagradas en que deberían trabajar para el pueblo.

No sabemos quiénes defienden el anexionismo como opción para Cuba pero estamos seguros que si existen, el pueblo de Cuba tiene derecho a saber quiénes son y qué argumentos tienen y así podremos cruzar los dedos, o mejor, hacer política al fin, para evitar que esas propuestas convenzan a la gente.

No sabemos quiénes son los socialdemócratas cubanos pero sabemos que hay escuelas en Cuba que llevan el nombre de respetables socialdemócratas del pasado reciente. Estoy seguro que el pueblo de Cuba tiene el derecho a escuchar las tesis de los que piensan de una forma o de otra, nadie como el pueblo para saber por quién votar y nadie como el pueblo de Cuba para decidir con justicia después de décadas de alta educación, de programas de estudios nacionales, de políticas culturales nacionales, de televisión nacional, de propaganda política nacional, todas a favor del socialismo.

Tal vez suceda que cuando sean convocados a presentar sus proyectos políticos, los liberales, los socialdemócratas, los anexionistas, los defensores del estatus quo inamovible, suceda que nadie acuda, que nadie quiera dar la cara, que nadie aproveche la oportunidad de hablar, de discutir, de tantos años sin practicar la deliberación y la polémica.

Si la defensa del socialismo es la primera vía entonces creo que somos muchos los que estamos en ella. Pero aviso de que venimos con manuales distintos a los de los 70. En nuestras mochilas están, todos con la misma importancia, los Cuadernos de la Cárcel, El manifiesto de Montecristi, La carta de Jamaica, los Estatutos de la Universidad Popular José Martí, La pupila insomne,  Canto a mí mismo y Las iniciales de la tierra, por citar algunos referentes al vuelo. No creemos en el sectarismo ni en el esquematismo facilón, que convierte en un lema cada intento de idea, por eso preferimos a Paulo Freire y confesamos que hemos leído toda la literatura prohibida en el socialismo real, desde Pasternak hasta Kundera, de Padilla a Norberto Fuentes.

No renegamos de nada que la historia del socialismo haya dejado de bello y justo y esa es la razón por la cual defendemos el Estado de Derecho, la legalidad y la democracia, porque pensamos que a nombre del socialismo no se puede pisotear el Derecho, ni la Ley, ni a la soberanía popular.

Por eso confiamos en la belleza de la creación cubana. Aceptamos la singularidad de la cubanía sin festejar la supuesta preponderancia de nuestra gracia, inteligencia, creatividad y sexapil, que no son más que mala propaganda de un pueblo igual de hermoso y frágil que otro cualquiera.

Creemos, en fin, que la primera vía puede ser, todavía, el socialismo, pero solo si este es el templo más grande y brillante de la democracia, el amor, la paz y el bienestar humanos.

miércoles, 7 de junio de 2017

Vivir más y mejor

Por Lisandra Fariñas Acosta

«Porque se trata de que las personas vivan la mayor cantidad de tiempo posible, pero que lo hagan además con calidad de vida», el XIV Seminario Internacional Longevidad 2017 –que inició este martes en el Palacio de Convenciones de La Habana– apuesta por una longevidad activa y satisfactoria, explicó a Granma el doctor Raúl González Hernández, presidente del comité organizador.

La cita, organizada por la Asociación Médica del Caribe (Ameca) y el Club de los 120 años, propone el debate científico en temáticas que van desde la genética, cultura, motivación, sexualidad, nutrición, alimentación, medio ambiente, actividad física, hasta los retos para los sistemas de salud, las ciudades amigables y el saber envejecer.

«El siglo XXI está lleno de oportunidades para expandir la vida, provenientes del desarrollo de las ciencias, la medicina, la cultura y la capacidad productiva. Cuba, ofrece un escenario único donde la ciencia y la sociedad se unen de manera articulada en función de la vida de los seres humanos, y este espacio de intercambio es un ejemplo de ello», precisó González Hernández.

La esperanza de vida al nacer hoy en Cuba es de 78,45 años para ambos sexos, 80 años para las mujeres y 76 años para los hombres; pero la esperanza de vida de toda persona que hoy arriba a las seis décadas es de 22 años más, y de casi nueve años para los que arriban a los 80, según las estadísticas sanitarias.

Ello supone un triunfo de la vida, pero también múltiples desafíos. A uno de ellos se refirió el doctor Agustín Lage Dávila, director del Centro de Inmunología Molecular, quien abordó el paradigma en el tratamiento del cáncer como una enfermedad crónica, ante tendencias que hablan hoy de que la supervivencia de los pacientes de cáncer en el mundo está aumentando, si bien estas curvas no se traducen aún en una reducción de las tasas de mortalidad.

Asimismo, Lage Dávila subrayó que el carácter complejo del control del cáncer es sin duda un desafío. El cambio de enfoque del cáncer, visto como una enfermedad crónica y no terminal, más que una aspiración es una realidad y ya se están teniendo evidencias de que el cáncer evoluciona hacia una cronicidad. Desde el punto de vista científico ello puede verse en el aumento de la supervivencia y la utilización de tratamientos más largos, donde tan importante como la supervivencia es la calidad de vida, explicó.

Todo esto en un contexto donde aumenta la incidencia de cáncer en el mundo –siendo los países del sur los que acumulan el 70 % de la mortalidad, hecho que desmitifica el hecho de que el cáncer es un problema solo de los países ricos–, escenario al que nuestro país no escapa, pues esta enfermedad ocupa los primeros puestos en las causas de muerte en Cuba.

El experto enfatizó además la importancia que reviste para el programa de control del cáncer en nuestro país establecer una atención diferenciada para el cáncer avanzado, fortalecer la prevención en la atención primaria de salud, actualizar constantemente las guías terapéuticas, evaluar paquetes complejos de intervención y no solo los fármacos por separado y movilizar a la industria biotecnológica.

Por otra parte, precisó que la inmunoterapia tiene un impacto potencial en muchas enfermedades crónicas asociadas a la edad, como la diabetes, la enfermedad renal, ateroesclerosis, el Alzheimer… entre otras.

Para el científico, hoy tenemos mejores armas para el control del cáncer; aunque todavía nos faltan estrategias dirigidas por ejemplo a una intervención más agresiva en el tabaquismo, que constituye uno de los principales factores de riesgo.

Longevidad 2017, acogerá además el X Encuentro Internacional de Enfermería, el Tercer Simposio Internacional de Salud Bucal en la Longevidad, y el XII Encuentro de Centenarios. Su sesión inaugural sirvió de espacio propicio para un sentido homenaje al profesor Eugenio Selman-Housein Abdo y la presentación del texto El Émulo de Avicena, que significa la gente modesta o sencilla; un texto ordenado por su hermano Ricardo, que recoge su historia y reconoce el importante papel que desempeñó como científico y revolucionario, así como los años que dedicó al Club de los 120 años.

Fuente: http://www.granma.cu/cuba/2017-06-06/vivir-mas-y-mejor-06-06-2017-23-06-49

martes, 30 de mayo de 2017

Adiós Hollywood

Por Harold Cárdenas Lema

Hollywood quiere filmar en Cuba y no puede. Desde el segundo semestre del pasado año vienen cada vez menos producciones estadounidenses a la isla. No hay una negativa escrita, pero se presentan proyectos sin recibir respuesta. El temor de que la 82 División Aerotransportada llegue a la Habana a través de la cultura, se suma a los errores cometidos en producciones anteriores. Entonces la solución es decir no o evitar responder a quienes solicitan acceso. Pues para un país tan instruido, no es muy cortés que digamos.

Cuba pasó de patico feo a cisne, de cenicienta a princesa, de fea en la escuela a la muchacha con la que todos quieren. Y a Hollywood le encantan estas historias. Lo único que le gusta más que la fantasía o la superación personal, es lo prohibido, y eso es Cuba también. Así fue que la película más taquillera del 2017 vino a filmar a la Habana. Después se interesaron en venir otras sagas: Transformers, Misión Imposible, incluso series completas fueron presentadas a las autoridades cubanas. Algunas lograron algo, otras menos, ahora es nada.

La cultura trae implícita ideología y cada producto cultural tiene valores políticos. Pero cuando veo alguien referirse a los cubanos como ingenuos, manipulables y susceptibles al norte, no entiendo cómo la generación más penetrada por el capitalismo pudo hacer una revolución en Cuba. Si hay un pueblo latinoamericano que ha sido preparado para lidiar con el colonialismo mental, es el cubano. Subestimar nuestra capacidad de asimilación cultural o alistarse medio siglo para temerle luego a esa pelea, es absurdo y suicida.

La prueba de fuego con Hollywood fue Rápidos y Furiosos 8. La película es mala malísima y ojalá viniera Martin Scorsese en su lugar, pero generó empleo y mostró una Habana que atraerá turismo. Nunca habíamos tenido una producción de cine con esa envergadura, no solo por las ganancias sino por brindar una experiencia técnica sin precedentes. Hoy Cuba podría darse el lujo de acoger producciones internacionales sin necesidad de incentivos fiscales, pero renunciar a los 15 minutos de fama movidos por el temor, es costoso.

Conviene que se filme en Cuba. Cuando lo hacen en otros países simulando que es aquí, aumentan los clichés. Y yo estoy cansado de ver escenas en una supuesta Habana llena de violencia, soldados y ametralladoras. Salgo al balcón y no la encuentro.

Tampoco es bajarse los pantalones ante la industria de los sueños y carteles lumínicos, pero sí aprender a vivir con ella, porque es lo que Engels llamaría una “realidad objetiva”. Es cierto que los permisos de rodaje para Rápidos y Furiosos 8 fueron más rápidos que para nuestras producciones, pero eso no refleja dominación, es una prueba de que el cine cubano necesita renovarse, una ley que lo regule y un fondo de fomento. Si fueran los 60 ya Fidel se hubiera sentado con los cineastas a resolver estas y otras cosas, pero vivir del pasado no vale.

El mayor problema fue logístico y de comunicación. Calles cerradas, tráfico desviado e incomodidad gratuita. Un país sin experiencia en superproducciones de Hollywood, es normal que le cueste coordinar así su primera vez. Lo innecesario es recibir críticas por no dar explicaciones a la opinión pública: cuántos millones generó la película y en qué serán empleados. Mientras los funcionarios públicos no entiendan que su gestión es pública, que esa no es una palabra cualquiera y rendir cuentas no es voluntario sino que viene con el cargo, seguiremos así. Recibiendo críticas que pudieran ser aplausos.

El cine a menudo se regodea en el desastre. Nuestras películas parecen estancadas en la marginalidad habanera, fachadas destruidas y familias disfuncionales. Rápidos y Furiosos 8 muestra clichés de la industria, pero su equipo de producción vino en busca de belleza y no la pornomiseria, punto a su favor. Quien quiera ser realista en nuestras producciones futuras debe mostrar a Cuba, los solares de centro-Habana, los edificios de microbrigada y las casonas de Siboney. El pan racionado y el champagne, porque existen ambos.

Durante años hemos hecho informes sobre el impacto del bloqueo en nuestra economía. Hoy existe interés en venir a filmar. Posiblemente algunas producciones que se presentan sean maliciosas o quieran falsear la realidad, todas no. El hecho es que hemos cerrado la puerta en la cara a Hollywood últimamente. Sería bueno escuchar el porqué de esta decisión y por cuánto tiempo será. Con gusto publicaríamos las razones para ello, no todo es prejuicio, a veces hay argumentos de peso que nunca llegamos a saber. Pero se siente como que hemos vuelto a botar el sofá, negando acceso por facilismo o viejos dogmas. ¿Quién presenta ese informe? ¿Quién contabiliza el impacto de nuestros errores? ¿Adiós Hollywood o hasta pronto?

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

Fuente: https://jovencuba.com/2017/05/30/adios-hollywood/

jueves, 25 de mayo de 2017

Mi madre*

   Por Raúl Roa Kourí

La Dra Ada Kourí y su hijo Raúl
 Ada Kourí Barreto no era simplemente “la esposa de Raúl Roa”, aunque vivía orgullosa de serlo. Desde los 16 años militó en las filas del Ala Izquierda Estudiantil, en el Instituto de segunda enseñanza de La Habana; luchaba por la matrícula gratuita para los estudiantes pobres y medios, por una sociedad más justa, sin explotadores ni explotados. Desde muy pequeña evidenció un gran sentido de la responsabilidad y actuaba siempre en función de ser la mayor de los siete hermanitos Kourí: una suerte de gallinita rodeada de sus polluelos. De sus años de primaria guardo una nota evaluativa de su maestra, María Corominas, educadora cubana de renombre:

Ada Kourí Barreto

 Ingresó en el aula de primer grado en septiembre de 1923, y cada curso aprobó con notas de Sobresaliente los grados sucesivos, hasta el séptimo y último de que consta el plan de estudios del colegio. Esta nota le valió medalla de oro todos los años.
 Ada posee una gran inteligencia, es muy aplicada y siente por el estudio el placer del que asimila rápidamente los conocimientos, y del que ve en ellos la liberación económica y el camino de ansiados triunfos.
 Tiene una fisonomía moral perfectamente definida y desde muy pequeña alcanzaba gran relieve su responsabilidad. Se caracteriza por la facultad de dominio propio: no acepta lo que considera injusto y lo demuestra o declara inmediatamente. Posee la rebeldía característica de la superioridad mental, de aquí que responde al poder de la convicción no al de la fuerza. Despliega un gran espíritu de dirección y de amor maternal, excelentes cualidades que practica de modo admirable con sus hermanitas, de quienes es una evidente protectora; pero con un marcado sello de confianza en sí misma.
La medicina, carrera a la cual encamina sus pasos, hará de Ada una notabilidad cubana, tanto más, cuanto que ya cuenta con las cualidades que deben ser peculiares en todo médico: amor y protección para sus semejantes y desinterés material. Ada es así: superior, modesta, desinteresada y amorosa.

(fdo) Dra. María Corominas de Hernández
En la Graduación de Ada del Colegio “María Corominas”

   La insigne maestra caló bien en la personalidad de mi madre que, en efecto, fue así toda la vida. Al regreso del exilio (1936), en avanzado estado de gestación, no había podido terminar el bachillerato ni comenzar la carrera de medicina pues, como he dicho antes, los centros de segunda enseñanza y de la superior permanecían cerrados. Cuando pudo matricularse, ya había nacido yo y el Viejo se había “colado” sin mayores problemas en la ínsula, poco después, a pesar de que no habían amnistiado aún ni a él ni a sus compañeros, presos o en el extranjero.

   Supe que mis padres habían deseado tener más hijos, pero las condiciones no fueron propicias. En primer lugar, vivíamos agregados en la casa de los abuelos Kourí, ya que el sueldo de profesor universitario de mi padre  (años después de nacido yo) no era suficiente para otra cosa y mamá estaba absorta en sus estudios. Según me confesó andando los años, había optado por interrumpir dos embarazos y cuando, finalmente, se hizo médica, yo tenía ya siete años y le fue muy cuesta arriba parir otra vez.

   De esa manera, resulté hijo único, pero no tanto, porque me crié con los hermanos de mamá, todos menores que ella, y la más pequeña, Sara Nehjie, un mes menor que yo. Fui un hermano más y, de hecho, nunca llamé tíos a los hermanos de Ada, sino a sus tíos, los hermanos y hermanas de los abuelos Juan y  Josefina. Por ello, soy el único de mis primos –que nacieron algo después de mí— que traté a los tíos como si fueran hermanos mayores.

   El Viejo acostumbraba a consultar con mamá no solo las decisiones importantes, sino sus artículos y conferencias, que ella leía antes de ser publicados o impartidas. Tenía buen tino y ejercía la crítica con mesura, pero no callaba sus opiniones. Mi padre siempre tuvo gran confianza en su juicio e, incluso, en más de una ocasión aceptó hacer lo que ella sugería, como en el caso de la dirección de cultura del ministerio de educación, que le ofreció su viejo amigo y compañero, Aureliano Sánchez Arango[1], (“para hacer lo que siempre has proclamado, ahora que tienes la oportunidad”, le señaló mamá), a pesar de no concordar con el presidente Prío, de quien no se fiaba y a quien consideraba un pillastre.[2]

   Ada estuvo a su lado “en las buenas y en las malas”: durante la batalla por el adecentamiento de la universidad, en la lucha contra el bonche, en su empeño por lograr la unidad de las fuerzas revolucionarias (desde ORCA[3] y después desde IR[4]), en su posición de francotirador, de crítico incorruptible e insobornable durante los gobiernos neocoloniales y la última dictadura de Batista, donde no solo participó con él en diversas acciones conspirativas, sino que intervino directamente en otras, sin decirle nada, a veces con su hermana Beba (Marta) y otras con Arnol Rodríguez, Carlos Lechuga y otros miembros del 26 de Julio.

   Desde el inicio, se integró a la Federación de Mujeres, las Milicias, los CDR. Nunca le interesó militar en el Partido y no quiso ser “procesada” en su centro de trabajo. Tampoco rellenó planillas describiendo sus “méritos”: alegaba que no había hecho revolución para recibir medallas ni escalar posiciones.

   En 1960, acompañando a mi padre a una visita oficial a Venezuela, invitado por su colega, el canciller Ignacio Luis Arcaya, durante una cena que les brindó el presidente Rómulo Betancourt en el palacio de Miraflores, cuando conversaban sobre la situación en el vecino país sureño, Ada le espetó al líder adeco[5]: “Rómulo, si sigues como  vas, te veremos persiguiendo, apaleando y asesinando a los estudiantes; y a ti, Carlos Andrés (Pérez), ¡ejecutando sus órdenes!

   Betancourt se quedó lelo: “Ada, como dices eso –tartamudeó--, tú me conoces bien, conoces a Carlos Andrés, nosotros no somos de esa calaña”. La historia evidenció que sí lo eran, y peor aún, pues entregaron el petróleo y el país a los monopolios yanquis.

   En el Hospital Nacional, donde comenzó a laborar desde su creación, en 1960,  tuvo una gran bronca con su director, a quien acusó de tolerar malas prácticas, y salió de allí. En una reunión con el presidente Osvaldo Dorticós, le recordó que, en el régimen capitalista, había sido defendida por el Colegio Médico Nacional ante el abuso de los batistianos, que quisieron expulsarla de “Maternidad Obrera” y no pudieron, pero ahora no existía el Colegio ni medio alguno para defenderse de la administración o de jefes poco escrupulosos.

    Exigió que se hiciera un careo con el director del hospital, pero se buscó otra solución, que Ada no tuvo más remedio que aceptar. Dorticós le dijo que como era cardióloga y se iba a crear el Instituto de Cardiología, era mejor que pasara a este, donde sería de los fundadores.

    Nunca aceptó que fuera justa esa “solución”, aunque se incorporó al Instituto, y criticó los métodos paternalistas imperantes; la falta de claridad en estos.
     
   Un día le informaron que le habían otorgado el título de Doctor en Ciencias Médicas de primer grado; cuando supo que el más importante era el de “segundo grado”, se rió y ni fue a recogerlo. Quisiera saber quién, en aquellos tiempos, tenía mejor expediente,formación y experiencia como cardióloga que Ada Kourí. Recuerdo que mi colega mexicano, Mario Moya Palencia, designado embajador en Cuba, viejo cardiópata, preguntó temeroso a su médico en el D. F. cómo haría en La Habana sin su asistencia, y éste repuso: “No te preocupes; allá está la doctora Ada Kourí, una de las mejores cardiólogas de América Latina”. (Aunque en una entrega de medallas por el aniversario de la creación del Instituto nadie la recordó; como pocos recuerdan hoy a Enrique Cabrera!)

   Ada nunca tuvo pelos en la lengua. Guardo algunos cuadernos donde se refiere críticamente a la medicina cubana de estos años, a algunos colegas  ciertamente oportunistas y aprovechados. El sistema de salud pública, por otra parte, también ha sufrido los errores y fallas de nuestro sistema de dirección y administración. Sería interesante publicar sus notas algún día, sin otro ánimo que el de aprender de los errores. Ella no tuvo tiempo ni oportunidad de discutirlos personalmente con Fidel, como   quería.
  
   Decidió jubilarse a los 75 años, porque carecía de gasolina para ir en auto al Instituto y no podía llegar en su bicicleta, en la que iba semanalmente a casa de Beba, en La Puntilla, más cerca de la nuestra que su centro de trabajo. Jamás dejó de estudiar: todas las noches leía libros de su especialidad y procuraba estar al tanto de las novedades, a través de las revistas médicas, que le enviaban su hermano Julio desde Estados Unidos y, de México, la doctora María Victoria de la Cruz.

   Tras la muerte de mi padre, pasó una temporada conmigo, María y Mariela en Nueva York, durante mis años en la ONU. Allí reanudó su vieja amistad con la doctora Rosa Lenz, quien divorciada de Boris Goldenberg y luego de Franz Stettmeier, su segundo marido, estudió psiquiatría en Columbia University y pertenecía a un grupo de profesionales marxistas (no comunistas) de la “babel de hierro”.

   Rosa vivía a dos cuadras de nuestra residencia; nos visitaba a menudo y mamá salía con ella al Museo de Arte Moderno o a un pequeño café vienés, que les recordaba el que existió en La Habana, cerca del Hospital Reina Mercedes, cuando ambas trabajaban en el “Calixto García”.

   Años después me visitó en París, ya casado con Lili (la nieta mayor de Carlos Lechuga), donde nos acompañaba mi hija Patricia, entonces estudiante en La Sorbona. Gozaba de buena salud, lo que nos permitió regresar a lugares que conocimos en el emblemático viaje de 1951: Chartres, Reims, Versalles, los jardines del Luxemburgo, el Louvre, los impresionistas en el d’Orsay, el inefable museo Rodin y el nuevo Centro “Pompidou”, que visitamos con Sócrates Cobas, improvisado cicerone que demostró ser buen conocedor y excelente guía, cerca del abatido mercado Les Halles de París.  
 
    Cuando Ada estuvo con nosotros en Roma, en 2004, siendo yo embajador ante la Santa Sede, ya la dottoressa, como la llamamos desde aquel primer viaje a Europa, cuando se enamoró de Italia, no tenía su buena salud proverbial. Estaba afectada por una insuficiencia renal senil, que mantenía altísimos los niveles de creatinina en sangre, aparte de sufrir de una gran hernia hiatal, que le producía fuertes dolores cuando se excedía en la manducatoria. (¡Le encantaban las pastas y el risotto!)

   No pudo, pues, disfrutar de los paseos por la città eterna, ni de los cortos viajes a Calcata, el maravilloso burgo medieval cercano a Roma; a Asís, Orvieto y otros lugares de Umbría, aunque sí fuimos a Deruta, a ver su afamada cerámica, a almorzar por allí cerca con amigos, a Genzano, a “La casina delle rose”, de un combatiente antifascista amigo de Cuba, a Frascati y otros castelli romani, pero no podía ya caminar a sus anchas.

   Requería hacerse diálisis, mas se negó rotundamente. La experiencia de su hermana Beba, igualmente afectada de insuficiencia renal, le bastó para decidir que no se la haría. Una tarde me dijo: “ve haciéndote psicoterapia, porque no voy a vivir mucho más; pensaba morir a la edad de mamá, cerca de 96 años, pero como van las cosas no lo creo. Ya yo me hecho mi psicoterapia. Cuando regresemos a Cuba de vacaciones, me quedo. De diálisis nada”.

   No pudimos convencerla. Ni los médicos italianos, un joven y excelente nefrólogo ítalo-brasileño, que le mostró a la viejitas de 90 años que se dializaban tres veces por semana en su hospital; ni su colega cardiólogo, el Dr. Crispo, ni la afable dottoressa Francesca Gurnari, neumóloga y amiga del pintor Hugo de Soto, que la atendió más de una vez por problemas respiratorios.

   Falleció a los 88 años, el 11 de julio de 2005, día en que debíamos partir hacia La Habana. Su corazón dejó de latir y no siguió respondiendo las preguntas de las dos cardiólogas intensivistas que la atendían. Era cerca de las 3 a. m. cuando me llamaron a su habitación, donde aguardaba, para comunicármelo.

   Según su voluntad, fue cremada, pero no esparcí sus cenizas al viento como pidió, sino en los canteros del jardín que cultivó en nuestra casa habanera. Así, está con nosotros, entre las plantas y flores que sembró y amó. Poco antes de dejarnos, accedió a ser entrevistada por la culta y fina María Grant, para Opus Habana. Es un botón de muestra de quien fuera amorosa y dedicada compañera, amiga, crítica y mujer de Raúl Roa. Mi madre.

   Mañana, 26 de mayo, cumple cien años de edad. Papá llegó a los 110 el pasado 18 de abril. Seguramente conversarán con Pepe Tallet y Judith Martínez Villena, por supuesto con Rubén y Pablo de la Torriente, en torno a una aromosa tacita de café. Tal vez, el espectro sonriente  de Porfirio Barba-Jacob (con su diente de algodón blanco que de noche se tornaba negro) les recite, regocijado, Acuarimántima.




* En parte, el texto proviene de mi libro (digital) "Roa que roe".
[1] Revolucionario marxista en los años 30 abandonó el país  tras la Revolución, tornándose “social demócrata”.
[2] “Un caco que nunca rebasó la categoría de caca”, le dijo a Ambrosio Fornet en conocida entrevista.
[3] Organización Revolucionaria Cubana Antiimperialista, fundada en Nueva York en 1935.
[4] Izquierda Revolucionaria, creada en La Habana por Ramiro Valdés Daussá, José A. Portuondo  y otros (1936).
[5] De Acción Democrática, partido de Betancourt.