martes, 7 de abril de 2026

Cuba: los otros datos

 Gerardo Arreola

Gerald Ford y George Bush padre son los únicos presidentes de Estados Unidos que no llegaron a un acuerdo relevante con Cuba, desde la revolución de 1959. Barack Obama, que restableció las relaciones diplomáticas en 2014, fue el primero en reconocer abiertamente que la agresión económica y política de décadas no favorecía los intereses de Washington en la isla.

Pero el breve deshielo no bastó para una plena normalización. Hoy la hostilidad estadounidense es superlativa, por la batería de medidas adicionales que Donald Trump impuso desde su primer mandato y que, sobre todo, causan un daño incalculable a la población cubana. 

En la imagen cotidiana parece que el conflicto sólo se debe a que la mayor potencia del mundo ataca por todas las bandas a una pequeña nación, pero esa no es la única fuente de la crisis múltiple que estremece a Cuba. Hay una historia interna de omisiones, rezagos, resistencias al cambio y errores acumulados en décadas…

El correr del tiempo…

En enero de 1989 Fidel Castro recibió a Vitali I. Vorotnikov, miembro del Buró Político del Partido Comunista de la Unión Soviética. En sus memorias, el entonces emisario de Moscú relató que la perestroika dominó las conversaciones y que el líder cubano lo bombardeaba a preguntas.

Cuando Mijail Gorbachov visitó Cuba en abril de ese mismo año, las discrepancias quedaron patentes. Con información de primera mano, Fidel proclamó en julio siguiente en Camagüey:

“Si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que se ha creado una gran contienda civil en la URSS, o, incluso, que nos despertáramos con la noticia de que la URSS se desintegró, cosa que esperamos que no ocurra jamás, ¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo!”

Cuatro meses después cayó el Muro de Berlín. El 29 de agosto de 1990 Cuba declaró el “Periodo Especial en Tiempos de Paz”, un plan de recortes y sacrificios. En octubre de 1991, el IV Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en la práctica expidió un cheque en blanco para Castro, al “otorgar al Comité Central facultades excepcionales”, para que “adopte las decisiones políticas y económicas que correspondan (…) a fin de hacer cumplir el objetivo supremo de salvar la Patria, la Revolución y el socialismo”.

Dos meses más tarde, el 25 de diciembre de 1991, desapareció la Unión Soviética. Desde su advertencia visionaria, Castro esperó cuatro años para reaccionar. En el verano de 1993 empezó a introducir reformas que abrieron la economía cubana a mecanismos de mercado, amplió el sector privado y creó canales para la inversión extranjera y el comercio con occidente.

La economía se recuperó en los siguientes años, pero hacia finales de los noventa las reformas se estancaban o retrocedían. Castro las miraba como un mal necesario y temporal, no como soluciones estructurales.

Hugo Chávez apareció en el horizonte y Castro unió la nueva alianza con la Batalla de Ideas, una campaña que buscaba remontar el golpe del “Periodo Especial” a la política social. Fusionado el discurso ideológico, los frutos de la relación con Venezuela y obras en escuelas y hospitales, la apertura económica languideció.

En la madrugada del 13 de febrero de 2005, ante un auditorio de economistas, Castro proclamó la nueva línea: “El Estado vuelve convertido en Ave Fénix, con alas de largos vuelos”.

Pero ese mismo año también volvieron con fuerza los apagones de la década anterior. Castro reconoció que la planta de termoeléctricas era obsoleta y emprendió lo que llamó Revolución Energética: una reducción del combustible fósil, empleo de aparatos domésticos eficientes y el impulso de energías limpias, gas y plantas portátiles.

Fidel tuvo que hacer entonces un alto en el camino para revelar que había llegado a plantearse un conflicto más profundo. Tras la crisis post-soviética, el líder cubano sostenía que el sistema político de la isla iba a sobrevivir para conservar al menos “las conquistas de la revolución”.

En un discurso en la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, corrigió esa tesis. Reconoció los “muchos errores” de la dirigencia que él había encabezado por décadas, por primera vez expuso en público la idea de que el sistema podía colapsar por sus propios defectos y llamó a discutir ampliamente cómo “esta revolución puede destruirse”.

Pero ya no hubo debate: una enfermedad intestinal lo obligó a ceder sus cargos públicos y el foco de atención cambió radicalmente. Raúl Castro, quien remplazó a su hermano, adoptó decisiones que mejoraron la vida cotidiana de la gente y la acercaron al común del resto del mundo (libertad para viajar, para vender la vivienda o el auto o para comprar aparatos electrónicos); abrió una discusión sobre las demandas de la población y lanzó un plan de apertura de la economía que llegó a convertirse en resoluciones del PCC y de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP, parlamento) y que se reflejó en la una nueva Constitución de 2019.

Siempre con base en el régimen de partido único, Raúl enfiló una dura crítica al aparato dirigente. Censuró el triunfalismo de la propaganda oficial, el recurso compulsivo de culpar de todo y en cualquier caso a Estados Unidos y reclamó atender problemas propios como la corrupción, el burocratismo y la improductividad.

A diferencia de Fidel, Raúl valoró que la reforma de la economía cubana era de vida o muerte, ni mal menor ni temporal. “O rectificamos o ya se acaba el tiempo de seguir bordeando el precipicio: nos hundimos y hundiremos (…) el esfuerzo de generaciones enteras”, dijo a la ANPP el 18 de diciembre de 2010.

“Lo único que puede hacer fracasar a la revolución y al socialismo en Cuba, poniendo en riesgo el futuro de la nación, es nuestra incapacidad para superar los errores que hemos cometido durante más de 50 años y los nuevos en los que pudiéramos incurrir”, leyó en su informe al VI Congreso del PCC, el 16 de abril de 2011. En la clausura, tres días después, criticó la mentalidad “atada durante largos años a los mismos dogmas y criterios obsoletos”.

Pero ya en el VIII Congreso de PCC, en abril de 2021, tuvo que frenar el impulso. Dijo que la resistencia al cambio impedía que la reforma caminara. Reconoció que decisiones del más alto nivel quedaban atascadas en las estructuras medias del gobierno. Una barrera invisible saboteaba desde dentro la apertura.

Paso adelante, dos atrás

Desde el colapso del socialismo real, en casi cuatro décadas, Cuba ha tenido dos ensayos de apertura económica y dos contrarreformas. Dejó pasar la oportunidad que le abrió Obama, arrastra un conglomerado de empresas estatales ineficientes y le cierra caminos a sus propios emprendedores nacionales, que han mostrado capacidad, innovación y competitividad.

Sólo en los últimos diez años la dirigencia ha reconocido errores propios, sin señales claras de rectificación. Raúl Castro criticó (27 de diciembre de 2016) la “mentalidad obsoleta llena de prejuicios” contra la inversión extranjera. Miguel Díaz-Canel lamentó “la pasividad, la demora y hasta la indiferencia de instituciones y organismos para responder” a ofertas del capital foráneo (24 de mayo de 2023).

La reforma fue tan improvisada que tuvo resultados negativos, reconoció el entonces zar de la apertura, Marino Murillo (21 de diciembre de 2017). En el peor momento de la economía hasta entonces, el gobierno emprendió en 2021 la reforma monetaria, que fracasó. En lugar de reducir el circulante a una sola moneda, se multiplicaron las divisas en el mercado y volvió el uso minorista del dólar. Se disparó una hiperinflación y una macrodevaluación del peso cubano. Murillo terminó destituido.

En 2023 el Banco Central de Cuba inició una campaña de migración masiva a la bancarización electrónica. El 24 de enero de 2024 reconoció que la demanda era muy superior a la capacidad financiera, material y humana, con un alto deterioro de la red de cajeros automáticos.

Pero quizás la política más inexplicable en este lapso haya sido la decisión de poner la mayor proporción de la inversión pública en la infraestructura turística, cuando el campo y la generación eléctrica reclamaban recursos. Las torres de hospedaje crecieron en la isla incluso en plena pandemia y aún después, ya en franca caída económica, sin que los indicadores del turismo pudieran recuperarse.

El economista Ricardo Torres, investigador de American University, en un reciente reporte para Cuba Study Group, un centro de análisis independiente, calculó, con base en datos oficiales, que el turismo pasó de absorber 15–17 por ciento de las inversiones en los años noventa y principios de los 2000, a más de un 30 por ciento en 2015–2018 y casi un 40 por ciento entre 2019 y 2024.

En 2020 casi la mitad de la inversión total (47,6 %) se destinó al turismo, mientras que la electricidad, el gas y el agua apenas recibieron el 9.4 por ciento, añadió el investigador.

“Incluso en los años de profundización de la crisis económica (2019–2024), el gobierno eligió mantener un esfuerzo inversor elevado, pero concentró una fracción desproporcionada de esos recursos en la cadena turística (hoteles y su inmobiliaria asociada), en lugar de reforzar la infraestructura energética”.

Veinte años después de la Revolución Energética de Fidel Castro, las mismas termoeléctricas devastadas, corroídas por el petróleo local ultrapesado, en su mayoría con más de treinta años de explotación, entraron en colapsos en cadena.

Por si algo faltara, el ministro de Economía y Planificación y viceprimer ministro Alejandro Gil Fernández, un muy cercano colaborador de Díaz-Canel, fue destituido, procesado y sentenciado en diciembre de 2025 a cadena perpetua por espionaje, cohecho, tráfico de influencias y sustracción de documentos, sin que a la fecha se conozcan los hechos que le imputaron.

¿Hay salida?

En la academia cubana abundan las elaboraciones más diversas sobre alternativas para la reconversión del modelo económico, incluso actualizadas al paso de cada nueva adversidad. Pero el gobierno se ha mantenido inflexible, sin siquiera valorarlas.

Para peor, Trump decidió volver a poner a Cuba en su agenda y la crisis en la isla se superpone en el tiempo a cualquier otra consideración. La gran paradoja es que una reforma de la economía cubana, aprobada por las instituciones de la isla, reformulada al paso del tiempo, pero frenada en la práctica, termina ahora como una supuesta demanda del gobierno de Estados Unidos.

¿El actual presidente se sumará a sus antecesores que llegaron a un entendimiento con La Habana? ¿O pasará a la lista corta de quienes no lo hicieron?

El historiador e investigador de la Universidad de Miami Michael J. Bustamente, quien sigue de cerca el conflicto, se muestra escéptico. “Siento que los dos lados un poco en estas últimas semanas han regresado a sus trincheras”, dice para este artículo. A Estados Unidos cierta liberalización para la inversión privada en la isla le parece insuficiente. El gobierno cubano rechaza cualquier negociación sobre su modelo o liderazgo político. “Espero que estén negociando de verdad para beneficio del pueblo cubano, que está sufriendo las consecuencias, pero lo veo difícil”.

Bustamante tampoco distingue claramente cuál es el objetivo de la Casa Blanca en Cuba. “Su meta puede que esté cambiando todos los días, en dependencia de lo que está pasando en otros frentes de la política exterior norteamericana”.

El investigador advierte que una presión superior de Estados Unidos, que llegue a desestabilizar Cuba, terminaría con resultados contraproducentes. El más obvio, un nuevo repunte migratorio. Pero el verdadero objetivo de Trump, insiste Bustamante, “es muy difícil descifrar”. Y si Cuba trata de ganar tiempo, “es una estrategia muy riesgosa. En cualquier momento se pueden producir protestas masivas, que casi invitan a Estados Unidos a hacer algo más”.

https://oncubanews.com/opinion/columnas/del-gran-caribe/cuba-los-otros-datos/

lunes, 6 de abril de 2026

“Cuba enfrenta una brutal guerra de información en medios digitales”

 Entrevista a la escritora y periodista Rosa Miriam Elizalde

Por Luis Hernández Navarro

La Habana., El bloqueo en Cuba –explica la periodista e investigadora Rosa Miriam Elizalde– no es sólo económico y comercial, sino tecnológico y comunicativo. La isla enfrenta una brutal y desigual guerra informativa que forma parte de las intentonas de cambio de régimen impulsadas desde Washington, Miami y Madrid.

Rosa Miriam es coordinadora del Coloquio Internacional Patria de Comunicación Digital, que se realizará este mes en La Habana. Nacida en Sancti Spíritus, Cuba, es una figura central del periodismo latinoamericano. Fundadora y responsable de diversas publicaciones, ha recibido el Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez. Es autora o coautora de libros como Antes de que se me olvideJineteros en La HabanaClic Internet y Chávez nuestro.

En entrevista exclusiva en La Habana para La Jornada –medio con el que colabora–, analiza y disecciona la guerra de redes en la Antilla mayor y la respuesta juvenil en las batallas de las aplicaciones de Internet. A continuación, parte de la conversación con este diario.

–Desde hace muchos años hay una campaña de desinformación alrededor de Cuba. ¿Cuál sería la diferencia con la actual?

–La diferencia tiene que ver con la nueva realidad sociotecnológica e Internet. Estamos a merced de una muy sofisticada gestión de la comunicación, incluso con tecnologías militares.

“Cuba llegó tardíamente a la conexión a Internet debido a distintos factores, entre ellos el impedimento de Estados Unidos para una conexión con los cables de fibra óptica.

“Después, Washington entendió que Internet iba a ser una oportunidad para intentar el cambio de régimen. La Ley Torricelli permitió la conexión de Cuba a Internet en el año 92. Se aplicó en el 94. La concepción que hay detrás de ella es que iba a permitir una especie de glásnost tropical. Así que diseñaron la posibilidad de la conexión de Cuba, pero con un carril de una sola vía. Es decir, que Cuba permitiera la entrada de información y la conexión a Internet, pero que se le impidiera cualquier servicio o aplicación que promoviera su desarrollo.

“Cuba nace a Internet sin posibilidad de comercio electrónico ni otros servicios naturales. Era un ancho de banda muy pequeño. Cada megabit tenía que aprobarlo el Departamento del Tesoro.

“Hoy asistimos a una guerra de información brutal en la que hay un clúster de medios digitales, sobre todo fabricados desde Florida, cuyo único contenido es Cuba y que utilizan elementos de falsa bandera. En el dominio de Internet hay más de 100 sitios que llevan el nombre de Cuba. Sin embargo, están producidos desde Miami o España. No tienen nada que ver con la información de Cuba.

“Dirigen información contaminada, tergiversada, que amplifica los peores problemas que pueda tener el país. Dominan la conversación sobre Cuba en esos escenarios. Las plataformas son estadunidenses. Imponen filtros algorítmicos a los contenidos que se generan desde Cuba, mientras que los generados desde fuera con un contenido antigubernamental son admitidos, incluso violando las regulaciones de las plataformas.

“Hay permisividad con los contenidos que estimulan la violencia contra Cuba. No ocurre lo mismo cuando Cuba genera contenidos defensivos. Éstos son enterrados por los algoritmos”.

–¿Cómo se cruza la guerra de redes con las identidades juveniles?

–Es muy interesante la pregunta, porque no se puede mirar el caso de Cuba con el mismo prisma que se mira cualquier otro país en el mundo.

“En Cuba, desde finales de los años 90 había una política para generar habilidades digitales. Aquí se construyó una de las principales universidades de ciencias informáticas de América Latina.

“Los jóvenes tienen grandes habilidades para el uso de estas tecnologías. En años más recientes, en Naciones Unidas, se hablaba de cómo en Cuba había una débil infraestructura de Internet, pero había amplísimas habilidades para utilizar estas tecnologías.

“Hay conocimiento, hay apropiación, hay uso de estas tecnologías, aunque las condiciones de Cuba a veces son muy limitadas por los apagones y el déficit del servicio. Sin embargo, estos jóvenes se parecen mucho a sus pares en cualquier otro lugar.

“A veces, a juzgar por los consumos que uno ve, parecería que sus contenidos son frívolos. Pero pasan cosas muy interesantes. Por ejemplo, ante los combatientes cubanos que cayeron en Venezuela, uno ve cómo, entre esas poblaciones jóvenes, se generaron expresiones de solidaridad y dolor. Cuando murió Fidel, los jóvenes fueron los primeros que incorporaron en las redes estos contenidos.

“Es decir, los jóvenes cubanos se parecen a los de cualquier otro lugar, pero, a la vez, hay una especie de ADN nacional que tiene que ver con los sentimientos antimperialistas, de rechazo a la injusticia, de sentimiento de solidaridad. Cuando hay un huracán, los primeros que se movilizan son los jóvenes”.

Cultura de la VPN

–Multinacionales digitales han vetado el uso de sus plataformas. ¿Qué implica esto?

–Aquí no se puede acceder a un 57 o 58 por ciento de las plataformas que están libres, salvo por VPN.

“Es decir, en Cuba es muy difícil acceder a servicios que están abiertos en Internet en otras partes del mundo. TikTok está totalmente bloqueada para nosotros. Pero hay cultura de la VPN. La gente se conecta a Internet a través de filtros.

“Los espacios más populares de los jóvenes cubanos son Instagram, Facebook, YouTube y X, que sí están abiertas para Cuba, aunque con muchos servicios limitados.

“El bloqueo no es sólo económico y comercial, sino, sobre todo, tecnológico. Hay muchas limitaciones para múltiples servicios, sobre todo de comercio electrónico, a los que no pueden acceder los cubanos”.

–¿La difusión desde las plataformas de estilos de vida lujosos provocan aspiraciones de consumo?

–Claro, totalmente. Es un carril de una sola vía. Aquí no sólo estamos lidiando con las limitaciones de acceso a Internet, sino también a muchos servicios. Por ejemplo, no se puede acceder a la monetización de los contenidos digitales.

“Si tú abres desde Cuba cualquier sitio en Facebook o Instagram, vas a estar bombardeado permanentemente por contenidos tóxicos provenientes de Florida, ejecutados por operadores comunicacionales, muchos de los cuales reciben financiamiento del gobierno de Estados Unidos para empujar sus proyectos de cambio de régimen. Sin embargo, para que un contenido producido desde Cuba se pueda ver fuera, hay que luchar con el algoritmo, que lo bloquea e invisibiliza.”

– ¿Qué tan extendido está el uso de los celulares y el manejo de las redes en la isla?

–Su extensión es enorme. El servicio de datos móviles se abrió en diciembre de 2018 y, en enero de 2019, casi 20 por ciento de la población ya estaba conectada. Por encima de 90 por ciento de la población tiene móviles o servicios de datos.

“El problema está en que, con los apagones, las radiobases que no tienen batería se caen y se limitan las conexiones a Internet. Se está produciendo un fenómeno que los expertos llaman de olas retardadas. Es decir, en los momentos de corriente eléctrica, hay olas de conexiones muy altas”.

–Durante muchos años hubo una prensa con un mensaje muy claro desde el gobierno y el partido. El Internet rompe esta dinámica. ¿Hay una política gubernamental de comunicación desde las redes?

–Sí. Sí, la hay. Pero es muy asimétrica. La avalancha de contenidos que se generan desde la derecha trasnacional se articulan en las redes sociales contra cualquier información o proyecto que se genera desde Cuba. Hay una disparidad muy alta entre la producción de contenidos de los laboratorios de intoxicación mediática en Miami y España, y los que se generan en Cuba.

“Los servicios y las plataformas más populares en el país son las estadunidenses. Los diseños de cambio de régimen han visto en esto una oportunidad para infiltrar o generar información tóxica, que es la dominante en las redes cuando buscas algo sobre Cuba.

“Hay proyectos cubanos como Picta, que es parecido a YouTube, o Todos, que es parecido a WhatsApp, pero no se han consolidado porque necesitan respaldo en servidores y servicio eléctrico. Estamos en medio de la crisis.

“Es muy difícil que los proyectos de acá se visibilicen. Por eso el impacto del convoy Nuestra América. En la medida que ha venido gente que ha conocido nuestra realidad y la ha traducido por medio de sus propias redes y plataformas, ha aparecido otra Cuba que estaba enterrada y escondida por la asimetría comunicacional”.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/06/politica/cuba-enfrenta-una-brutal-guerra-de-informacion-en-medios-digitales-rosa-miriam-elizalde-escritora

Bendita inocencia

Por Pepe Sulaimán



Lo que más me sorprende de la gente que puebla este planeta

es creer que el ser humano es la especie más importante.

Bendita inocencia.

Premeditamos el mal y hacer el bien se confunde con quedar bien,

tales distorsiones, son el contagio virulento de una historia diseñada

por almas desmesuradas para enarbolar sus caprichos.


Pp, 4 de Abril del 2026

sábado, 4 de abril de 2026

Trump da a Irán 48 horas para abrir el estrecho de Ormuz o enfrentará un “infierno”

 Afp

Washington. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo el sábado que Irán tiene 48 horas para llegar a un acuerdo sobre la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz o se enfrentará a un "infierno". 

"Recuerden cuando le di a Irán diez días para CERRAR UN ACUERDO o ABRIR EL ESTRECHO DE ORMUZ", escribió Trump en Truth Social, en referencia a su ultimátum emitido el 26 de marzo.

"El tiempo se acaba: 48 horas antes de que todo el infierno se desate sobre ellos", dijo el presidente este sábado, y añadió: "¡Gloria a DIOS!".

En un primer momento, el 21 de marzo, Trump había amenazado con "aniquilar" las centrales eléctricas de Irán -comenzando por la más grande del país- si Teherán "no abre TOTALMENTE, SIN AMENAZAS, el estrecho de Ormuz en un plazo de 48 HORAS", según escribió.

Sin embargo, dos días después, declaró que Washington estaba manteniendo "conversaciones muy buenas y productivas" con las autoridades iraníes y que había pospuesto por cinco días cualquier ataque contra las centrales eléctricas.

Posteriormente, volvió a prorrogar el plazo, fijando su vencimiento para la medianoche del martes.

Expertos han señalado que los ataques contra la infraestructura energética civil podrían constituir un crimen de guerra.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/04/mundo/trump-da-ultimatum-a-iran-tiene-48-horas-para-abrir-el-estrecho-de-ormuz-o-enfrentara-un-infierno

Mundos de un jigüe pintor

 Rafael Mena Brito

A un hacedor de universos pictóricos, repletos de leyendas, colores y laberintos que revelaban la verdadera esencia cubana y caribeña, la plástica cubana despidió el pasado 29 de marzo. Se trataba de Ever Fonseca Cerviño (1938-2026), artista medular y referente de varias generaciones de creadores.

Caricatura de Enrique Lacoste
«Soy una persona que trabajo mucho, me levanto bien temprano y trabajo. A mí solo me pararía la muerte», aseguró en sus palabras de agradecimiento al Premio Nacional de Artes Plásticas, en 2012. Puede que así, a sus 88 años, lo sorprendió la muerte: en pleno quehacer creativo, mientras ideaba universos plagados de fantasía, símbolos y mitos.

El patrimonio artístico que legó estuvo vinculado a su identidad cultural; era natal de un poblado rural en la provincia de Granma, origen que expone su preferencia por explorar la imaginería campesina desde niño: «fui un obsesionado alumno de la naturaleza, del color, del olor y de los sonidos de la naturaleza; todo esto se me fue impregnando y me dio un concepto de las cosas», confesó en cierta ocasión.

Allí conoció al Jigüe –esa criatura mitológica cubana representada como un negrito diminuto– que se convertiría en inseparable compañero de sus andares pictóricos. A través de él, salpicó sus lienzos de auténtica cubanía. En ellos no faltaron tampoco los ríos, los soles y las lunas, los seres humanos y los animales, todo sumergido en «lo real maravilloso» que Alejo Carpentier propuso para la poética insular.

Pintor, dibujante, escultor y ceramista, Ever integró el Ejército Rebelde en su lucha contra la tiranía. Más tarde estudió pintura en la Academia de Bellas Artes San Alejandro, donde fue el primer expediente de su curso y donde, al decir de sus colegas, se distinguió por «una exuberante y virginal fantasía». En esa misma institución ejerció la enseñanza artística durante más de 20 años.

Tuvo el mérito de ser el primer pintor cubano formado enteramente dentro del proceso revolucionario invitado a realizar una exposición personal en el Museo Nacional de Bellas Artes, que hoy conserva su obra en sus fondos permanentes.

En sus propuestas, algunos –como la crítica de arte y ensayista Adelaida de Juan– han vislumbrado «un mundo extraño», aunque reconoció que los símbolos que emplea «están siempre al alcance de la mano».

Condecoraciones como la Distinción por la Cultura Nacional, la Medalla Alejo Carpentier y la Medalla Raúl Gómez García subrayan la relevancia de sus aportes a la cultura cubana, en decenas de muestras personales y más de 400 colectivas en una veintena de países.

Tras haber recibido el Premio Nacional de Artes Plásticas, concretó su pasión artística en nuevas coordenadas: decidió explorar sus aptitudes como poeta y cantautor. Con tal fin, fundó el grupo Ever x Ever, y con él efectuó una gira nacional en 2014.

¿Era la música una fuga, un escape? Ante esa cuestión, aseveró que constituía «una de las formas de manifestarse» y ambas, música y artes plásticas, eran la misma cosa: «una con el color y la otra con el sonido».

Hablar de él, apunta el crítico Manuel Pérez Oliva, es como «hablar del viento, de los árboles. Él es parte ya de la naturaleza cubana. Su obra tiene una gran relación con la flora, con la fauna y con el espíritu del campo nuestro, por los mitos, por las leyendas que fueron cantadas por el Cucalambé, estudiadas por Samuel Feijoó y abordadas por otras figuras importantes de nuestra antropología y nuestros estudios culturales».

Ese universo —que, como la naturaleza misma, sigue respirando— cargado de ramificaciones, secretos, criaturas y mundos extraños, brinda la oportunidad de repensar la riqueza antropológica de la nación: hibridación de identidades y mestizaje de pueblos, razas y culturas.

https://www.granma.cu/pinceladas/2026-04-03/mundos-extranos-de-un-jigue-pintor-03-04-2026-14-04-28

viernes, 3 de abril de 2026

Rusia anuncia que enviará segundo barco con petróleo a Cuba

Juan Pablo Duch 

Moscú. Rusia se prepara para enviar un segundo petrolero a Cuba, informó este jueves el ministro de Energía ruso, Serguei Tsiviliov, sin precisar todavía cuándo zarpará el buque cisterna ni cuánto crudo llevará. 

“Ayer (miércoles) tuvo lugar una reunión importante aquí en San Petersburgo, vinieron representantes cubanos. Cuba está bloqueada por completo, están cerradas todas las vías de acceso. ¿Quién suministró petróleo? Un barco de Rusia rompió el bloqueo”, declaró Tsiviliov a Interfax, agencia noticiosa rusa, en los pasillos del foro EnergoProm-26 (Industria Energética-2026).

Y agregó: “Ahora se está cargando el segundo (buque). No vamos a dejar solos a los cubanos en este difícil momento”.

El ministro no aclaró si Rusia ya negoció con la Casa Blanca la autorización para este nuevo cargamento de ayuda humanitaria, toda vez que la vocera de la presidencia estadunidense, Karoline Leavitt, aclaró –un día después de la llegada a Cuba del Anatoly Kolodkin–, que el bloqueo se mantiene intacto, se concedió permiso sólo para la entrada de ese buque ruso y que se decidirá en cada caso por separado si se deja o no pasar a las embarcaciones.

El anuncio de Tsiviliov se produjo cuando el primer petrolero ruso aún no termina de descargar las 100 mil toneladas métricas de crudo, equivalentes a 730 mil barriles, que llevó al puerto cubano de Matanzas, las cuales podrán abastecer el sistema eléctrico de la isla, colapsado por el criminal bloqueo estadunidense, durante cerca de diez días.

De acuerdo con Irelaldo Pérez Cardoso, director adjunto de la Unión Cuba-Petróleo, la empresa del gobierno cubano que se encargará de refinar el crudo, en un lapso de 96 horas, tiempo pactado para las cantidades que llevó el barco ruso, debe terminar la descarga y comenzará el “cabotaje interno”, previo a la refinación y distribución de derivados.

Pérez Cardoso explicó al Canal Caribe, televisora cubana de noticias, (http://bit.ly/4tphcjA) que de ese crudo deberán obtenerse gas licuado de petróleo para instalaciones críticas como hospitales y centros educativos; gasolina para aliviar la escasez; diésel para la generación distribuida y otras actividades de la economía; y combustible para plantas de generación eléctrica.

El proceso completo de refinación y distribución interna tardará entre 25 y 35 días, según estimación de la cancillería cubana.

La vocera de la cancillería rusa, Maria Zajarova, en su briefing semanal, preguntó ayer (miércoles) a los reporteros si sabían quién era Anatoli Kolodkin, cuyo nombre lleva el buque que atracó en Matanzas.

Ella misma respondió: “No sé si se trató de una simple casualidad, pero es muy significativo: Kolodkin fue un gran experto en derecho internacional y, sobre todo, en derecho del mar. Cuando se están desmoronando, y no por sí solos, sino porque los están destruyendo, los cimientos del derecho internacional del mar, Rusia decidió mandar a Cuba un buque que lleva el nombre de quien no sólo defendió ese mismo derecho, sino en realidad fue uno de sus fundadores. Gran coincidencia”.

Preguntada sobre qué va a hacer Rusia respecto del bloqueo de Cuba, Zajarova remitió a los periodistas a las palabras del vicecanciller Serguei Ryabkov, que sintetizó así: “Cuba es nuestro amigo y socio más cercano en el Caribe, no tenemos derecho a abandonarlo a su suerte, la ayuda continuará”.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/02/mundo/rusia-anuncia-que-enviara-segundo-barco-con-petroleo-a-cuba

jueves, 2 de abril de 2026

Donde más cabría esperar responsabilidad

 Belén Gopegui

Recordarán, quizás, la historia que contaba Canetti en su libro La conciencia de las palabras . Por casualidad había encontrado una nota suelta de un autor anónimo, fechada el 23 de agosto de 1939, una semana antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Decía: "Ya no hay nada que hacer. Pero si de verdad fuera escritor, debería poder impedir la guerra". Al principio la nota le parecía absurda y pretenciosa. Tenía la misma retórica hueca de quienes con sus frases, decía Canetti, provocaron conscientemente la guerra. Sin embargo, días después seguí pensando en la frase. El extraño comienzo: “Ya no hay nada que hacer”, expresión de una derrota total y desesperada en un momento en que debían iniciarse las victorias. Y luego ese “pero si de verdad fuera escritor, debería poder impedir la guerra” que, examinado más de cerca, contenía lo contrario de una fanfarronada, era la confesión de un fracaso absoluto. La confesión de una responsabilidad, precisamente allí –y esto era lo sorprendente del caso– donde menos cabría hablar de responsabilidad en el sentido habitual del término. En su desesperación, el autor se acusaba a sí mismo, no a los verdaderos causantes. Canetti concluyó reivindicando la necesidad de que existieran personas que se impusieran a sí mismas esa responsabilidad por las palabras. 

Pese a todo, las palabras son poca cosa. Aunque todas las personas se impusieran tal responsabilidad en sus textos, no lograrían mover un solo barco cargado de diésel. No obstante, pensemos un poco en las palabras.

Si hablamos de Cuba, lo primero que hay que suprimir de la frase que encontró Canetti es el “ya no hay nada que hacer”. Si hablamos de Cuba, me gustaría recordar que junto a los testimonios de las dificultades reales que se están viviendo, hay personas modestas, muchas, que escriben cosas como la siguiente antes de enviar un abrazo: “Desde esta tierra caribeña, cuando más hostigada más asida al optimismo y al disfrute de la vida, no solo nuestra, sino de todos los humanos”.

Si hablamos de Cuba y conscientes de que el hecho de escribir no confiere la única capacidad que en este momento quisiéramos tener, la de enviar petróleo a ese país, podemos al menos reflexionar sobre las historias, hablar de qué es lo que se cuenta con lo que se cuenta según el momento escogido para contarlo.

Supongamos que mañana Trump decida penalizar a España por no haberle permitido utilizar sus bases y la asedia y le prohíbe cualquier compra de petróleo. Supongamos que la prohibición se prolonga y que ningún país se atreve a quebrantarla. Supongamos que empieza el hambre, la angustia en los hospitales, que las dificultades asfixian vidas. Supongamos que Trump comunica su propósito de quedarse con el país e incluso bombardearlo si no se entrega voluntariamente. Y supongamos que entonces empiezan a aparecer en Francia o en Portugal o en el Reino Unido reportajes donde se busca a personas que llevan tiempo criticando el “sanchismo” (los reportajes asumen la expresión) y se difunden sus críticas, desde la izquierda o desde la derecha, a menudo fuera de contexto. “Sí”, vienen a insinuar los reportajes, “las cosas están difíciles en España, un país que apenas produce el 0,1 por ciento del petróleo que usa, y que por muchas renovables que tenga ve cómo su PIB cae en picado mientras crece la carestía de lo elemental, el malestar profundo, la probabilidad del caos. Pero recordemos –prosiguen– que Sánchez derogó la Ley Mordaza aunque su partido y sus aliados tuvieron años y años para hacerlo, o que son muchos los inmigrantes que en España viven en condiciones infrahumanas, aunque se impulsaron las renovables y el país dispuso de un superávit de fondos, ayudas y beneficios fruto de decenas de años de colonialismo directo e indirecto, tampoco logró impulsarlas lo suficiente ni modificar las infraestructuras tanto como hubiera sido necesario para garantizar la distribución de agua y alimentos por todo el país sin usar petróleo”. Etcétera, etcétera.

Por favor, no finjamos ingenuidad: esos reportajes no estarían solo contando hechos más o menos exactos, críticas más o menos asumibles; Esos reportajes, en ese momento, estarían contando algo más con lo que contaban: estarían contribuyendo a que se acepte mejor la inacción del resto del mundo.

Se dice que la izquierda, o un pedazo de ella, quiere conservar a Cuba en el museo de los iconos. No tengo ni idea de lo que la izquierda quiere hacer; Muchas personas pensamos en cambio en lo que no querríamos hacer: fabricar pretextos, precisamente ahora, para un agresor que ni siquiera los está invocando y que estará feliz de que le digan que su víctima se lo merece. También pensamos en cosas que sería bueno hacer. Intentar, antes de emitir juicios sobre el agredido, que dejen de apretar su cuello con las manos. Porque intentar es empezar a hacer.

Si hablamos de Cuba, queremos enviar una solicitud a quienes son algo más que escritores. A quienes son nuestras y nuestros representantes. A quienes tienen un poder que no es suyo, puesto que les ha sido confiado, un poder que les permite no sólo decir palabras sino proponer iniciativas, leyes, tanto en el Parlamento español como en el Parlamento Europeo, como en las Naciones Unidas y demás foros internacionales, y les permite a veces entregar –oa veces, bien lo sabe Palestina, elegir no entregar– los millones de euros de mil en mil.

Si hablamos de Cuba solicitamos a esas personas, representantes con una responsabilidad real de la que sí cabe hablar, lo siguiente: considerando que no se debe asediar una isla y estrangular la vida de once millones de personas sin que, por lo demás, haya mediado agresión alguna, convoquen una reunión de urgencia con todos aquellos líderes que también así lo estiman. Es sencillo. Se trata de organizar una flota petrolera multipolar que lleve petróleo a la isla de Cuba. Cinco, quince, veinticinco barcos petroleros con bandera blanca y la protección necesaria para evitar el ataque, el desvío, el secuestro, porque no somos ángeles.

¿Idealismo? No. Absoluto pragmatismo. Ustedes aseguran no estar de acuerdo con que un país pretende quedarse con otro porque le interesa su capital turístico y su capital simbólico, ni de acuerdo con que para conseguirlo esté cometiendo un crimen de guerra, saltándose todos los acuerdos internacionales y diseminando la crueldad, seguro de que nadie rechistará. Esa flota de paz y de petróleo sería la manera de marcar un límite internacional. Con Gaza no hubo límite. Los fantasmas de los muertos aquí siguen y cada día llegan más. Esta vez el acto es sencillo. No hacen falta bombas. Ayudaría también a Palestina y al Líbano –ya poner freno a la guerra ilegal contra Irán– el hecho de hacer saber que no se puede masacrar o asfixiar a poblaciones inocentes, y que hay capacidad de oponerse.

¿Qué haría Estados Unidos? ¿Bombardear petroleros de distintas nacionalidades con bandera blanca? Tal vez ustedes pregunten cómo van a hacer eso ahora, cuando el petróleo se está poniendo por las nubes. Precisamente ahora, un conjunto “ya está bien” que pasa de las palabras a los hechos. Ustedes, líderes con cargos que les otorgan capacidad de maniobra, no están actuando, y las personas a quienes ustedes representan emprenden actos de solidaridad y no van a dejar de hacerlo porque Cuba no está sola. La cuestión es que esas personas no pueden, no podemos, hacer llegar petróleo porque eso están ustedes, que liberan reservas y saben bien que sus declaraciones y su ayuda menor en este momento no bastan, pues no llevan barriles de diésel dentro.

Esperamos que lo hagan, que convoquen esa reunión. ¿Cómo es para ustedes notar esta espera plural sobre sus hombros? Debería quizás hacerles más grandes, más generosos, más valientes, con una grandeza, generosidad y valentía que no es suya pero que a ustedes les ha correspondido administrar. Puede que se queden tumbados al sol, pensando que algún barco de un país o dos se jugarán el tipo en soledad. Y ojalá ocurra, y qué indecencia para el resto. Sería justo, nos parece, no reparar en quién hace las cosas sino en lo que hace. Y en lo que otros no hacen. Un barco solo no hace granero, da luz, pero lo intolerable sigue. Al mismo tiempo lo que sí hace un barco es probar que la regla es falsa, la supuesta regla según la cual no vale la pena intentar nada. Tenemos derecho a esperar más de ustedes.

Mientras esperamos, les escuchamos cuestionar a Trump, calificar sus mensajes de incoherentes, sus acciones de crímenes, criticar el conglomerado que le sostiene. Y seguimos esperando. Y siguen sin actuar. ¿Recuerdan aquella frase de Cortázar: “No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”? Ustedes, líderes de las naciones, no critican a Trump: son los críticos, los ofrecidos para la política que él está ejecutando con su venia. 

“Tenemos que vivir, no importa cuantos cielos se hayan derrumbado”, escribió DH Lawrence, y es cierto, tenemos que vivir. Y viviremos, y sabremos que hay algo que hacer, y seguiremos combatiendo como podemos un acto criminal que está siendo ejecutado sobre una vez millones de personas inocentes. Pero a nuestros representantes políticos les decimos: sí importa cuántos cielos se hayan derrumbado. Y cuando decimos “cielos” no estamos hablando de iconos, hablamos de aquello que, sobre nuestras cabezas, nos recuerda que nadie nace para someterse al chantaje ya la destrucción sin freno. Si de verdad fueran políticos, deberían intentar impedir un crimen de devastación masiva, porque intentar es empezar a hacer, y no intentar es convenir, ser cómplices.

https://ctxt.es/es/20260401/Firmas/52729/cuba-elias-canetti-belen-gopegui-flota-petroleo.htm