miércoles, 8 de julio de 2026

Muere el artista cubano Luis Miguel Valdés, destacado exponente de la plástica moderna

 

Ciudad de México. El pintor, escultor y grabador cubano Luis Miguel Valdés (Pinar del Río, 1949) falleció durante la noche de este lunes en su casa en Cuernavaca, Morelos. Así lo informó la embajada de Cuba en México a través de sus redes sociales.

Considerado como uno de los exponentes más importantes de la plástica moderna en la historia de la isla, Miguel Valdés se formó en la Escuela Nacional de Arte de La Habana. En sus trabajos se enfocó en utilizar herramientas novedosas que empleaban la tecnología, como la experimentación con lo digital, las cuales aplicó desde 1985.

Como artista destacó por realizar exposiciones en el extranjero como lo fue en Bulgaria, Checoslovaquia, Polonia, India, Yugoslavia y México, su último lugar de residencia, a donde llegó en 1991.

Luis Miguel Valdés también fue un formador y educador de creadores. Fue integrante del claustro fundador del Instituto Superior de Arte, hoy Universidad de las Artes de Cuba, donde se desempeñó como jefe del departamento de Grabado.

En México, fundó el taller de gráfica La Siempre Habana. Creado junto con el poeta Cuitláhuac Rangel en el año 2000, el proyecto que se consolidó como un espacio de creación, formación e intercambio y punto de encuentro para creadores de Cuba, México y otros países.

“La Embajada de Cuba en México expresa sus más sentidas condolencias a sus familiares, amistades, discípulos y a toda la comunidad artística. Sirvan las imágenes que hoy compartimos para rendir homenaje a su vida, a su obra y a su extraordinario magisterio”, se puede leer en el mensaje publicado en la red social X.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/07/08/cultura/muere-el-artista-cubano-luis-miguel-valdes-destacado-exponente-de-la-plastica-moderna

La UE cegada, y no por el sol

 Cristina Monge

Si pasea estos días por París podrá ver el Sena convertido en un aliviadero improvisado de los calores que asolan la ciudad y las ventanas cubiertas con mantas térmicas para intentar detener el calor. Si lo hace por Leipzig, observará que el tranvía ha sido paralizado porque las altas temperaturas han derretido las juntas de las vías por las que circula. Si opta por visitar Londres comprobará que en Inglaterra y Gales se han cerrado escuelas, tiendas y centros comunitarios y se han suspendido trenes por la alerta meteorológica, la más grave de las lanzadas hasta la fecha. 

La ciencia lleva tiempo advirtiendo no sólo de estos episodios de olas de calor más intensas y frecuentes debido al cambio climático, sino de la vulnerabilidad de Europa, que es, después del Ártico, el continente que más rápido se está calentando del mundo según el informe European State of the Climate 2025. La temperatura media europea aumenta aproximadamente 0,56ºC por década desde mediados de los años noventa, un ritmo cercano al doble de la media global. 


Las evidencias se acumulan y ya se habla ―a la hora de escribir estas líneas― de más de 900 muertes en España en junio debido a las altas temperaturas y 2.000 en Francia sólo durante la ola de calor. No obstante, estas cifras son provisionales. En la ola de calor de 2003 en Francia se cifró inicialmente los muertos por altas temperaturas en 5.000 y finalmente se reportaron 14.700. En España en junio y agosto se calcularon 2.000, y meses después se supo que entre los dos meses fueron más de 13.000, 6.600 en quince días de aquel agosto. A quien estas cifras no le supongan pavor, quizá esta otra sí: los riesgos climáticos —inundaciones, sequías, incendios, olas de calor o enfermedades relacionadas con el calentamiento global— suponen, según las estimaciones más conservadoras que hace la Comisión Europea, una caída del 7% del PIB de la UE de aquí a finales de siglo. 


Los últimos tiempos la UE ha sido vanguardia mundial en el avance de las políticas ambientales, pero esto está cambiando. La entrada de la ultraderecha en el Parlamento Europeo y los gobiernos de los Estados miembros, y la asunción por parte de la derecha no ultra de buena parte de su ideario están generando una situación paradójica: mientras las temperaturas baten récords y los efectos del cambio climático se dejan sentir por todo el continente, lentamente, de forma casi silenciosa, el Pacto Verde Europeo está siendo desmontado con palabras como “simplificación”, “reducción de cargas” o “desburocratización”, que en realidad significan retroceso y liquidación. La mayoría conservadora, cada vez más cerca de la ultraderecha en este y otros temas, está liquidando por la vía de los hechos el que fue, en palabras de Von der Leyen en aquel momento, “el modelo de desarrollo de la Unión Europea”, la hoja de ruta para liderar el cambio hacia una economía sostenible. 


Valgan unos ejemplos: dos de los principales elementos de la estrategia verde, la Directiva sobre información corporativa en sostenibilidad (CSRD) y la Directiva sobre diligencia debida empresarial en sostenibilidad (CSDDD), que recogían obligaciones empresariales de implementar y reportar estrategias ambientales, están siendo recortadas, drásticamente estrechadas, hasta dejar fuera de estas obligaciones prácticamente el 80% de las empresas en el caso de la primera directiva y el 70% de la segunda. Podrá pensarse que es en aras de la simplificación y podría ser una buena medida si, a la par, se reforzara la inspección, pero el sentido parece ser otro cuando se observa que, además, desaparece la obligación de adoptar planes climáticos de transición, se debilita el régimen de responsabilidad civil y se reducen obligaciones sobre cadenas de valor y proveedores. Por si fuera poco, la aplicación de la directiva se retrasa hasta julio de 2029. 


Otro ejemplo lo encontramos en el Reglamento europeo contra la deforestación aprobado en 2023, una de las normas más emblemáticas del Pacto Verde Europeo en materia de biodiversidad y cadenas de suministro sostenibles. Su objetivo es garantizar que productos comercializados en la UE como soja, ganado bovino, cacao, café, aceite de palma, caucho o madera, se produzcan de forma que no contribuyan a la deforestación ni a la degradación forestal. Sin embargo, desde su aprobación, el Reglamento ha sufrido sucesivos aplazamientos y simplificaciones. Es este un caso paradigmático de cómo se está llevando a cabo este proceso de desmontaje del Pacto Verde Europeo. Se empieza por retrasar la aplicación, después se introducen revisiones bajo el mantra de la “simplificación” y finalmente se reduce progresivamente el alcance práctico mediante actos delegados, excepciones y flexibilizaciones técnicas. 


Como estos, existen muchos más ejemplos, pero quizá el más simbólico sea el del sector de la automoción. Mientras la industria europea del automóvil, y en especial la alemana, atraviesa una profunda crisis fruto de no haber entendido hace décadas que el futuro de la movilidad pasaba por la electrificación, la Unión Europea ralentiza la transición dejando todavía más espacio para que automóviles chinos, tanto híbridos como eléctricos, se hagan no sólo con las carreteras europeas, sino con el liderazgo del sector. En lugar de acelerar la transición en ese sentido, la UE opta por ralentizarla con medidas como la prohibición de fabricación de motores de combustión después de 2035. 


Dique de contención

En todos estos casos, y otros similares, lo que se mantiene de las políticas ambientales es el fruto de la negociación de los grupos progresistas, verdes o de la sociedad civil, que hoy son el dique de contención para que las estrategias de transición ecológica no desaparezcan del conjunto de la UE. Con este objetivo se empiezan a articular algunas redes. Con todo, el sentido de la ofensiva es evidente. Hoy son más letales para el clima los llamados “retardistas”, es decir, los que sin caer en discursos negacionistas están retardando los cambios necesarios, que los que niegan las evidencias de una crisis ambiental que hace mucho que dejó de ser una cuestión de futuro para pasar a protagonizar el presente. 


Criticar estos desmontajes del Pacto Verde Europeo no supone obviar que en cada una de las transformaciones existen dificultades, contradicciones y muchos obstáculos a superar. En efecto, una transición de esta naturaleza y complejidad tiene muchas aristas. Ante esto, se pueden tomar dos caminos: afrontar los retos y darles respuesta apoyando a los distintos sectores productivos en la transición, o esconder la cabeza bajo la tierra y retrasar, o directamente renunciar a los cambios necesarios. El primero de los caminos puede llevar a poner en marcha una transición justa que ayude a paliar las desigualdades. El segundo, por contra, puede incrementar esas desigualdades y erosionar ―aún más― nuestra convivencia y la propia democracia. Sabemos que el cambio climático es un multiplicador, un acelerador de desigualdades previas. Si la democracia no le planta cara, está renunciando a su gran promesa, la equidad. 


El momento retardista pasará, como han pasado otros, y llegarán otras etapas fruto del devenir político de los Estados miembros, de la UE y del mundo en su conjunto. Sin embargo, con cada freno que activa la Unión pierde el liderazgo que en su día tuvo en esta transición. Trump está siguiendo el mismo camino renunciando a las ventajas que le dio la Inflation Reduction Act. Por contra, China ha sabido leer la situación y lo está aprovechando poniéndose en cabeza del mercado de la automoción eléctrica o las inversiones en energías renovables, entre otros factores. 

Mientras esto ocurre, las medidas de adaptación, esas que deberían permitir que nos defendamos de los cambios que ya están aquí, siguen siendo claramente insuficientes y aparecen más como reacción ante catástrofes y tragedias que como una adecuada política de adaptación y preparación. En definitiva, la Unión Europea parece estar cegada y, pese a los récords de temperatura, no es por el sol.


https://elpais.com/opinion/2026-07-08/la-ue-cegada-y-no-por-el-sol.html

lunes, 6 de julio de 2026

EEUU presiona a la ONU contra Cuba

 Peter Kornbluh*

El 30 de junio, el ministro cubano del exterior, Bruno Rodríguez, anunció que su gobierno ha enviado una solicitud formal a Naciones Unidas para que tome cartas sobre la creciente agresión estadounidense hacia Cuba, y sobre la catastrófica crisis humana que ha desatado. Este 7 de julio está programada una votación en la Asamblea General para abrir un debate sobre la campaña de “máxima presión” del gobierno de Donald Trump, informó Rodríguez a reporteros en una conferencia de prensa en La Habana… si es que las “medidas coercitivas” no logran bloquear la iniciativa. “El aparato del Departamento de Estado”, sostuvo el ministro, “intenta impedir que la Asamblea General aborde ese tema de interés global urgente, utilizando presión, mentiras y amenazas” dirigidas a los estados miembros.

Eso, de hecho, es exactamente lo que el Departamento de Estado intenta hacer. En un revelador cable diplomático de “acción requerida” –titulado “Comprometer a estados miembros de la ONU en un debate público de la Asamblea General sobre Cuba”–, el secretario Marco Rubio ha instruido a las embajadas estadunidenses a presionar a sus naciones huéspedes para “afirmar nuestra objeción” a la votación en la ONU y oponerse a un debate en la Asamblea General con respecto a los actuales esfuerzos de su país por sofocar a la economía cubana. Si el debate se lleva a cabo, pese a las objeciones de Washington, “Estados Unidos está alentando a los estados miembros fuertemente alineados a que hagan declaraciones reprobatorias hacia Cuba por su dedicación a una teoría económica totalmente desacreditada, crasa incompetencia y corrupción masiva”. A los estados no alineados, les exige “abstenerse de emitir cualquier declaración” en la ONU. Y para los países que tradicionalmente han apoyado a Cuba, existe una clara advertencia: “Estados Unidos estará escuchando con mucha atención sus declaraciones en el debate y desalentará el uso de temas que pudieran crear fricción en nuestras relaciones bilaterales”.

Clasificado “SBU” –siglas en inglés de “delicado, pero no clasificado”–, el documento fue obtenido por el reportero de investigación Ken Klippenstein y entregado a The Nation. Contiene “temas de conversación” del Departamento de Estado, separados en categorías de países. Se aconseja a todos los países oponerse a la votación del 7 de julio sobre la base de que la “resolución anual sobre el ‘embargo económico’ de Cuba… ya ofrece al régimen una avenida anual para vender su propaganda y evitar la rendición de cuentas”, y de que un debate ahora sería un “desperdicio” de tiempo y recursos. Los embajadores estadunidenses dirán a los gobiernos huéspedes de naciones favorables a Washington que deben condenar a Cuba por violaciones a los derechos humanos y por apoyar el terrorismo internacional. Si el debate se realiza, gobiernos como el de México, que tradicionalmente han votado contra el bloqueo estadunidense –al igual que la vasta mayoría de las naciones del globo–, recibirán la advertencia de que deben ser “extremadamente cautelosos en la redacción de cualquier declaración que presenten, para evitar desviar la culpa de las fallas del propio régimen cubano”.

Culpar a Cuba por la creciente crisis humana a medida que el gobierno de Trump desata una guerra económica abierta contra ella –bloqueo petrolero, sanciones contra empresas extranjeras que operan en la isla, amenazas contra naciones que intentan ofrecerle apoyo humanitario– se ha convertido en un pasatiempo favorito en Washington. El cable de Rubio continúa ese esfuerzo orwelliano. “El régimen cubano no tiene una economía real”, afirma, y atribuye el estado ruinoso de la economía a mala administración, incompetencia y corrupción, en vez de a los esfuerzos punitivos y sistemáticos de Estados Unidos por ahogar toda actividad económica en la isla.

Aún más dudosa es la afirmación del cable de que “Estados Unidos se interesa profundamente en el pueblo cubano, que es la razón por la que hemos ofrecido ayuda humanitaria por 100 millones de dólares”. (El cable culpa del retraso en la entrega de esa ayuda al gobierno cubano, el cual aceptó la oferta desde que se presentó, hace más de un mes.) Hace una semana, Estados Unidos mostró cuánto le interesa el pueblo cubano al votar (junto con Israel) contra un programa del Fondo Mundial de Alimentos por 116 millones de dólares para hacer frente a lo que el fondo llama “las crecientes dificultades para la seguridad alimentaria y la nutrición de muchas familias cubanas”. Veintisiete naciones votaron en favor de esa ayuda de emergencia a la isla.

Sin duda, el gobierno cubano ha hecho un manejo erróneo de la economía en años pasados; apenas ahora, bajo la extrema presión estadunidense, ha anunciado amplias medidas económicas para habilitar al sector privado y a la inversión extranjera como motores de desarrollo económico para el futuro. Pero esas reformas no tienen ninguna oportunidad de ser implementadas con éxito en tanto las severas sanciones estadunidenses se mantengan. La comunidad internacional tiene plena conciencia de que el gobierno de Trump empuja metódicamente a la nación isleña hacia un completo colapso socioeconómico, como parte de la estrategia para obligar a los líderes cubanos a doblar la rodilla y capitular a sus demandas.

Naciones Unidas tiene una vigorosa y profunda historia de oponerse al bloqueo comercial cubano hacia Cuba; la Asamblea General ha votado en 31 ocasiones continuas, de manera abrumadora, por condenar las restricciones comerciales y exigir su levantamiento. Pero, ahora que gran parte del planeta enfrenta la caprichosa amenaza de una agresión estadunidense, la ONU apenas está encontrando su voz para oponerse al extenso sufrimiento que la política de privación y sumisión de Trump ha acarreado al pueblo cubano. “Paquetes de sanciones tan severos, que afectan a sectores enteros de una economía y producen efectos extensos, indiscriminados y rigurosos a las poblaciones, son incompatibles con principios básicos del derecho internacional de los derechos humanos”, sostuvo el mes pasado el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, Volker Türk. “Mueren niños porque los médicos carecen de acceso a provisiones médicas y medicamentos esenciales. Eso es inaceptable”.

“Cuba no es una amenaza”, expresó el ministro del exterior Rodríguez en una conferencia de prensa la semana pasada. “El bloqueo lo es. Es un crimen de lesa humanidad que ocurre justo ahora”. Debatir sobre esos crímenes, y actuar para detenerlos, es exactamente para lo que la Organización de Naciones Unidas fue establecida.

___________________

*Peter Kornbluh es co-autor de Diplomacia Encubierta con Cuba: Historia de Negociaciones Secretas entre Washington y La Habana

Traducción: Jorge Anaya

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/07/06/opinion/eu-presiona-a-la-onu-contra-cuba

Reformas en Cuba. Economía y politica

 Por Jorge Gómez Barata

El socialismo no es un modo de producción, sino una forma de   gobierno en la cual el estado utiliza las palancas del poder y mediante regulaciones sociales y laborales logra la paz social y, de modo consensuado, instala aceptables rangos de justicia social. No se trata de especulaciones ni de utopías.

El socialismo que, según Karl Marx es resultado del crecimiento de las fuerzas productivas, está más cerca allí donde el desarrollo tecnológico, la gerencia eficaz, la elevada productividad y el óptimo rendimiento de la tierra, se conjugan con la democracia y la justicia social.

La insistencia en el predominio de la empresa estatal socialista que son todas las empresas medianas y grandes del país y en la participación en su administración es, como mínimo, un hándicap del estado cubano que se rehúsa a encoger su radio de acción y concentrarse en lo que naturalmente le corresponde lo cual le permitiría ganar en eficiencia.

Fidel Castro solía razonar que la gestión politica en el capitalismo era más fácil porque los gobernantes no tenían que preocuparse por la producción ni por la administración de los negocios, cosa que eficientemente hacen los capitalistas, concentrándose en la cosa pública y en la distribución con justicia de la riqueza social.

Debido a los enfoques incorporados a la cultura politica cubana que asumió las interpretaciones e hizo suyos los valores, los contenidos y los conflictos de la Unión Soviética, en Cuba los términos “reformas políticas” se convirtieron en tabú. De la época es también el concepto revisionista, aplicado a los innovadores en los ámbitos de la teoría y de lo cual se abusó en la URSS y los países ex socialistas donde ser liberal o centrista era ser hereje.

De esas malformaciones se derivó una lectura apocalíptica, según la cual, de aplicarse, reformas políticas se erosionará el poder revolucionario y conducirán al restablecimiento del capitalismo y a la entrega del país a los Estados Unidos. Ese enfoque soslaya el hecho de que, entre los que defienden las reformas, están quienes alertan sobre situaciones a las cuales el dogmatismo y el inmovilismo pueden conducir.

En ocasiones, ese proceder coloca un signo de igualdad entre reforma y contrarrevolución, lo cual crea una situación delicada para aquellos que, siendo parte del proceso, creen que algunas estructuras, enfoques y prácticas políticas pudieran ser perfeccionadas. Muchos de los que abogan por reformas políticas, entre ellos yo, suelen aspirar a un perfeccionamiento del proceso liderado por la dirección revolucionaria.

Así lo hizo Raúl Castro quien, además de habilidades diplomáticas, exhibió coherencia y sabiduría política al aprovechar la única oportunidad que se presentó en 60 años para intentar normalizar las relaciones con los Estados Unidos y, sin detenerse por el qué dirán, ni exigir lo que, en la coyuntura no se podía conseguir, avanzó hasta restablecer las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos

Al presentar y defender las 176 medidas introducidas para propiciar la reforma de la economía cubana que atraviesa una crisis estructural total, para nada coyuntural, el presidente cubano, Miguel Diaz-Canel Bermúdez, insiste en la naturaleza exclusivamente económica y social de tales disposiciones, descartando cualquier relación con la política interna y con los objetivos estratégicos de la Revolución.

Al considerar la pertinencia de reformas políticas en Cuba se recuerda que durante el proceso revolucionario han ocurrido no pocas. Reintroducir el cargo de presidente de la República fue una corrección politica importante que se completará cuando el mandatario sea electo de modo directo por el pueblo lo cual, de ninguna manera, suena incompatible con el socialismo.

En los años setenta del pasado siglo mediante una mega reforma politica se procedió a la institucionalización del país que puso fin a 17 años de provisionalidad revolucionaria, se adoptó una Constitución que no existía desde 1959, se aprobó una ley electoral y se realizaron elecciones. Nada de aquello fue perfecto.

Entonces, el Partido Comunista, consagrado por la Constitución como: “Fuerza dirigente superior de la sociedad y del estado”, formulación que no es autóctona y, probablemente sea excesivamente categórica y cerrada, efectuó su Primer Congreso y copió sus estructuras, creando lo que se dio en llamar sus “aparatos”, lo cual puede ser resultado de alguna deficiente traducción.

Más tarde, en los años noventa se aprobaron contundentes reformas políticas como fue la supresión del ateísmo y el restablecimiento del estado laico. La adopción en 1975 y 2019 de constituciones del estado socialista han sido reformas políticas trascendentales.

Quizás, para que el esfuerzo en torno a las 176 medidas sea más fructífero y la reforma más cabal, son pertinentes reflexiones y acciones políticas que pudieran tributar a la cohesión social y al perfeccionamiento de estructuras actuales, haciendo más eficiente a algunas instituciones.

Un cometido político del momento pudiera ser profundizar la democratización de la sociedad mediante precisiones acerca de la separación de poderes, el partido del estado, el control social del poder y el estado de derecho y justicia social. Un asunto político no resuelto es la real autonomía de las organizaciones de la sociedad civil y de una parte de la prensa.

Al respecto parece pertinente recordar que, en los años sesenta al adoptar la experiencia de la Unión Soviética, la Revolución Cubana asimiló un conjunto formado por una teoría filosófica, una doctrina económica y un modelo político e institucional. Ocurrió así no porque alguien lo quisiera, sino porque quizás no pudo ser de otra manera. Tal vez no era posible adoptar sólo el modelo económico soviético y descartar los aspectos políticos e institucionales.

Aquellos hechos, compulsados por la temprana agresividad de los Estados Unidos, el bloqueo económico y comercial y las amenazas militares, no formaron parte de un estudiado y gradual proceso, sino de decisiones políticas que fueron parte del turbión revolucionario liderado por Fidel Castro que disfrutó de un extraordinario apoyo popular.

No obstante, por el camino hubo trascendentales debates; el primero de ellos involucró a Ernesto Guevara y Charles Bettelheim, el propio Che con Carlos Rafael Rodríguez, Alfredo Guevara y Blas Roca y las controversias en torno al uso y abuso de los manuales soviéticos de filosofía y economía política que involucraron a Fidel Castro. Ninguna de aquellas discusiones debilitó el proceso revolucionario.

En esta construcción periodística, no quiero dejar de recordar que, en 1965, el Che Guevara publicó un ensayo trascendental “El Socialismo y el hombre en Cuba”, en el cual, desde la experiencia concreta de la Revolución Cubana, se planteó, entre otros asuntos nodales, la cuestión de las relaciones entre los individuos y el estado bajo el socialismo, un asunto soslayado por la literatura soviética y del que nunca más, salvo excepciones, se ha reflexionado con el enfoque correcto.

El presidente Díaz-Canel tiene razón al insistir en que las medidas entronizadas deberían desatar una riada de creatividad para su aplicación y un correlato de reflexiones teóricas y debates a escala social. La interrogante es cómo hacerlo cuando los mecanismos de comunicación social y de difusión de las ideas, en especial la prensa escrita, presentan un estado lamentable, debido a la consabida falta de recursos, aunque también al inmovilismo y la falta de imaginación y de audacia.

Todavía recuerdo cuando en 1993 Mario Vázquez Raña, personalidad mexicana, desde una posición solidaria y no de negocios, propuso comprar acciones en Prensa Latina, entonces económicamente quebrada. La propuesta se trasladó al Partido donde se dijo: “Ni soñar con eso”. Años después, se presentó la idea de convertir a Bohemia, que llegó a ser la más importante revista en lengua española y hoy está prácticamente extinguida, en una empresa autofinanciada y otra vez no se avanzó, no porque no se pudiera sino porque no se quiso. El inventario de oportunidades perdidas sería enorme.

Acompañar al presidente y al Partido y preservar la unidad es un deber revolucionario pero la unidad se ha de forjar sobre ideas correctas. Allá nos vemos.

Julio de 2026. Publicado por el diario ¡Por esto! Al reproducirlo indicar la fuente

viernes, 3 de julio de 2026

Cuba, nuevas medidas de la Revolución

Frei Betto

En junio viajé a Cuba por tercera vez este año. Dos, al servicio de la FAO, para asesorar el Plan de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional del país. Debido al bloqueo impuesto por Trump, la isla del Caribe sufre una criminal asfixia energética, ya que depende del petróleo importado. Ningún país, ni siquiera China, se atreve a perforar el bloqueo por temor a sufrir represalias de los Estados Unidos. En marzo, Rusia hizo llegar un buque tanque con 740 mil barriles. Días después, el buque ruso fue obligado a desviarse a Brasil cuando cruzaba poraguas de Haití.

La población cubana vive en situación de guerra. Debido a los apagones frecuentes y prolongados, muchas familias cocinan con carbón o leña cortada en los patios. Son raros los vehículos que circulan por las calles y no hay transporte público. Los hospitales y otros centros vitales funcionan con paneles fotovoltaicos, insuficientes para satisfacer la enorme demanda.

Por falta de combustible para los camiones, la basurase acumula en las calles de las ciudades y, en La Habana, permanece en almacenes una gran cantidad de medicamentos destinados a las ciudades del interior.

En busca de salidas a la crisis, en la tercera semana de junio Cuba aprobó el paquete de reformas económicas más abarcador desde la victoria de la Revolución en 1959. Con 176 medidas agrupadas en 23 ejes, la iniciativa, apoyada por el expresidente Raúl Castro, tiene como objetivo enfrentar la crisis más severa del país desde el Período Especial (1990-1995). No obstante, al flexibilizar el modelo centralizado, el gobierno de Miguel Díaz Canel ha dado pie a un debate crucial: ¿Estas reformas perfeccionan el proyecto socialista o representan un retroceso?

La decisión de aplicar una “terapia de choque” caribeña fue impulsada por un escenario extremo: la profundización del bloqueo de los Estados Unidos, la interrupción del abastecimiento de combustible y la caída de las entradas provenientes del turismo. El fracaso de la reforma monetaria y la ineficiencia estatal generaron apagones de hasta 20 horas diarias y escasez generalizada. El gobierno admite que “la brecha entre las entradas y los precios es insostenible”, y la necesidad de cambios urgentes se hizo impostergable.

Las reformas promueven una descentralización radical: 1) Fin de los monopolios estatales: el comercio exterior y la producción ya no serán exclusividad del Estado, sino que abren a las importaciones y exportaciones directas. 2) Privatización y capital privado: las empresas estatales pueden convertirse en empresas privadas poracciones, y se autoriza el funcionamiento de bancos privados. El sector privado, que ya representa el 15% del PIB, verá ampliado su espacio, incluida la inversión inmobiliaria. 3) Inversión extranjera y de la diáspora: los inversionistas ya no tendrán que tener socios estatales, y los cubanos radicados en el exterior podrán invertir en el país. 4) Empresas mixtas: se legaliza la asociación entre el Estado y el sector privado en diversos sectores, de los cuales se excluyen la salud, la educación y la defensa. 5) Restructuración del Estado: el número de ministerios se reduce de 27 a 20 para aumentar la eficiencia.

Las medidas incluyen la municipalización de la economía: los municipios pasan a ser independentes delpoder central para implantar empresas, importar y exportar, y aprobar inversiones de cubanos residentes en el exterior.

La narrativa oficial, en voz del primer ministro Manuel Marrero, asegura que las transformaciones “no constituyen un desvío del proyecto socialista, sino que, por el contrario, responden a la lógica inherente a su desarrollo”. La lógica es pragmática: para salvar el socialismo es precios adoptar nuevos instrumentoseconómicos condicentes con la realidad actual.

En esa visión, la apertura es una herramienta para fortalecer el proyecto socialista y no para abandonarlo. El reconocimiento del mercado como un “instrumento para la asignación eficiente de recursos” se ve como una evolución, no una capitulación. Además, la promesa de protección social busca mitigar los efectos de las reformas sobre los más vulnerables y preservar el núcleo de justicia social del proyecto revolucionario. El presidente DíazCanel insiste en que “Cuba cambia para seguir siendo libre” y para “vivir mejor”, describiendo las reformas como un acto de soberanía.

Para algunos críticos, las medidas representan un alejamiento significativo de los principios socialistas. Ven la privatización de sectores clave, el permiso de establecimiento de bancos privados y el desarrollo inmobiliario privado como una introducción de relaciones capitalistas en el corazón del proyecto socialista. El economista cubano Daniel Torralbas las califica como “la reforma económica más profunda en 70 años”, lo que, para muchos, equivale a un cambio de sistema.

Existe el temor de que los cambios lleven a la concentración de la renta y al aumento de la desigualdad, algo que ya se observa con la dolarización parcial. Algunos analistas destacan que la vida solo mejora para quienes tienen acceso al dólar, lo que crea una división social que contradice el ideal igualitario socialista. Además, la historia de aperturas seguidas de retrocesos genera desconfianza.

El éxito o el fracaso de estas medidas en relación con el proyecto socialista dependerá de su implementación y de factores externos, como el fin de la asfixia energética de los Estados Unidos. El gobierno cubano apuesta por que la eficiencia económica generada por la apertura será capaz de financiar y preservar las conquistas sociales de la Revolución. Sin embargo, el peligro de que las fuerzas del mercado desvirtúen el carácter socialista igualitario del Estado es real.

En definitiva, Cuba adopta medidas osadas típicas del capitalismo para salvar el socialismo, siguiendo el ejemplo de China y Vietnam. Si se trata de un perfeccionamiento o de un retroceso dependerá del resultado práctico: si la mayor eficiencia económica se traduce en bienestar para la mayoría de la población sin sacrificar los pilares de la justicia social, o si abrirá una herida irreparable en el proyecto revolucionario iniciado en 1959. El tiempo y la capacidad del gobierno revolucionario para administrar esa transición dirán si estas reformas serán el inicio de un nuevo capítulo del socialismo cubano o el preanuncio de su ocaso.

Un factor es obvio; a pesar de las múltiples dificultades actuales, la resiliencia del pueblo es incontestable. Es como si los cubanos, que ya han enfrentado tantas amenazas del imperialismo y crisis a lo largo de 67 años de Revolución, ahora estuvieran seguros de que no serán derrotados. Como me dijo un amigo en La Habana: “No tenemos electricidad, pero nos sobra energia”

——————

Frei Batto es autor, entre otros libros, de la novela O vooda locomotiva (Rocco).

jueves, 2 de julio de 2026

Falleció en La Habana la intelectual Aitana Alberti León

 Rafael Mena Brito

La poeta y escritora Aitana Alberti León, hija del poeta español Rafael Alberti y la escritora María Teresa León, falleció antes de ayer, 30 de junio, en La Habana, según confirmaron medios de prensa y el Centro Cultural Dulce María Loynaz, institución en la que trabajó por más de 15 años. 

Nacida en Buenos Aires en 1941, Aitana llegó al mundo cuando sus padres, perseguidos por la represión franquista tras la Guerra Civil española, iniciaban un exilio que los llevaría por Francia, Italia y Argentina. En 1984 se estableció definitivamente en Cuba y convirtió su hogar habanero, al que bautizó como "Pleamar" en homenaje al primer poemario de su padre, en un refugio para el arte y la amistad.

Durante aproximadamente quince años, Aitana fue una figura fundamental del Centro Cultural Dulce María Loynaz. Allí fundó y dirigió el espacio «Fe de vida: Imagen y palabra», un foro esencial para el diálogo sobre la Generación del 27 en Cuba. Fue presidenta en Cuba del Proyecto Cultural Sur, miembro del Movimiento de Poetas del Mundo y presidenta del Festival Internacional de Poesía de La Habana.

Su obra literaria incluye los poemarios Poemas de Aitana Alberti (1955), Pupila al viento(1998), Y de nuevo nacer (1999), Amazona en la centella (2016) y los libros de narrativa Inquilinos de la soledad (2006) –un homenaje a los exiliados de la guerra civil española– y Cuentos persas (2018). Sus poemas han sido traducidos al alemán, polaco, ruso, rumano e italiano.

Aitana sintió una profunda admiración por Dulce María Loynaz –destacó el Centro Cultural habanero–, a quien dedicó hermosas páginas en su libro La arboleda compartida, en el que evocó los días junto a sus padres y la relación de su familia con grandes intelectuales.

Su partida deja un vacío inmenso en la cultura cubana. Será recordada como una incansable defensora de la poesía, la memoria, la paz y el diálogo entre pueblos.

https://www.granma.cu/cultura/2026-07-01/fallecio-en-la-habana-la-intelectual-aitana-alberti-leon-hija-de-rafael-alberti-y-maria-teresa-leon-01-07-2026-13-07-47

miércoles, 1 de julio de 2026

Cuba acusa a Estados Unidos de presionar a la ONU para frenar debate sobre el bloqueo

Reuters: La Habana. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, denunció este martes que el Departamento de Estado estadunidense está "utilizando presiones, chantajes y amenazas" sobre los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas para que aplacen un próximo debate en el pleno sobre el bloqueo de Washington a la isla. 

Rodríguez también señaló en una rueda de prensa celebrada en La Habana que ⁠las sanciones impuestas ​por Estados Unidos están "causando muertes" ⁠en Cuba.

El debate, previsto para el 7 de julio, suele preceder a una votación de los Estados miembros de la ‌ONU que ‌se celebra más adelante en el año para instar a Estados Unidos a poner fin a sus sanciones contra ​Cuba.

La ONU ha votado en 31 ocasiones, ​incluida la de noviembre de ​2025, para pedir a Estados ‌Unidos que ponga fin a un embargo comercial que dura ya décadas. Históricamente, esas votaciones han sido casi unánimes, y por lo general sólo se han opuesto Estados Unidos e Israel.

Sin embargo, la votación no vinculante de este año cobra especial relevancia para Cuba después de que, en enero, el gobierno del presidente, Donald Trump, impusiera un bloqueo de combustible a la ‌isla y nuevas sanciones que han provocado un éxodo de la ⁠inversión extranjera y el colapso casi total del turismo.

El Departamento de Estado no respondió de inmediato a ⁠una solicitud de comentarios sobre las acusaciones del ministro cubano.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/06/30/mundo/cuba-acusa-a-estados-unidos-de-presionar-a-la-onu-para-frenar-debate-sobre-el-bloqueo

martes, 30 de junio de 2026

Historia e inventario

 Por Julio César Guanche

Una cosa es la historia y otra un inventario. Si 1959 fue historia, 2026 parece inventario. El paquete de 176 medidas en 23 ejes, presentado el 18 de junio ante la Asamblea Nacional, es la transformación hacia el mercado más importante desde 1959: más de 148 disposiciones jurídicas afectadas, casi ninguna zona de la economía sin tocar.

Buena parte de esas medidas se exige hace mucho, desde un espectro amplio: descentralización, fin de la doble moneda, pequeña propiedad, mercado, autonomía municipal. Lo que sigue no argumenta contra ellas, sino se preocupa por sus impactos.

Primero, un sencillo análisis textual, puesto que se presenta como “ejercicio soberano para preservar las conquistas de la Revolución sin renunciar al socialismo”.

La palabra «Obrero» no aparece en los 23 ejes del documento. «Sindicato» aparece una vez, solo para topar el salario a «la capacidad económica-financiera» de la empresa. «Socialismo» se concentra en lo retórico; en las medidas técnicas sobrevive como etiqueta de la «Empresa Estatal Socialista», que el documento ordena «transformar… a sociedad mercantil por acciones». El significante queda, pero el referente cambia.

El referente que ocupa su lugar tiene nombre, aunque el documento no lo use: ajuste estructural, aunque se pretende de tipo heterodoxo. Sus medidas cardinales —liberalización de precios, banca privada, IVA, devaluaciones sucesivas con liquidación de empresas que «no soporten» el ajuste, eliminación de subsidios universales, apertura irrestricta a inversión extranjera— son las que, normalmente, recomiendan las instituciones monetarias globales en sus programas de estabilización.

La diferencia declarada está en el ritmo y en el mantenimiento nominal de la propiedad estatal sobre los medios «fundamentales», categoría que el documento no define. Sí define el mecanismo de su transferencia: separar propiedad —que sigue siendo «social»— de gestión —que pasa a ser «no estatal»—. En los hechos, es un dispositivo similar al que en China y Vietnam permitió la acumulación privada dentro de estructuras formalmente públicas.

«Mercado» aparece unas veinte veces en el cuerpo del texto. Los candados sociales que lo acompañan —un fondo con «una parte» del ahorro de eliminar subsidios, responsabilidad social delegada a privados, indemnización de tres a seis salarios por despido— tienen, de nuevo, más allá de la letra, un problema de secuencia: la eliminación de subsidios a energía y transporte generará inflación inmediata, que erosionará el Fondo antes de que funcione.

De ahí se abren tres caminos hipotéticos.

El primero es una “renovación” del socialismo, mejor si con control obrero, como reclaman sectores de izquierda marxista. Cuba alcanzó en los 1970-80 indicadores de salud y educación muy por encima de su ingreso. Envió tropas a Angola y en Cuito Cuanavale y contribuyó a la derrota militar del apartheid —«la decisiva derrota de las fuerzas agresoras del apartheid destruyó el mito de la invencibilidad del opresor blanco», dijo Mandela en 1991, cuando viajó a la Isla a agradecerlo en persona—. Esa potencia forma parte de la memoria del socialismo cubano, pero el control obrero en Cuba es una fantasía. Antes de 1959 hubo una izquierda con base obrera real: el anarcosindicalismo dominó el movimiento laboral hasta los años veinte; comunistas, trotskistas y el PSP sostuvieron luego sindicatos y huelgas. Tras los 1960 triunfó el socialismo de Estado —planificación desde arriba, soberanía del poder central, autoorganización limitada—. Cuando la jerarquía del partido no colapsa sino que se reorganiza, no nace el control obrero: nace la conversión del poder administrativo en propiedad.

El segundo camino posible es la transición pactada desde arriba: élites del régimen negociando con los sectores económicos crecidos a su sombra, sin ruptura, con aperturas graduales. El límite de ese modelo —documentado en otro tipo de transiciones poscomunistas— es que sin reforma política, la apertura se frena o revierte. Cuba tiene, además, una grieta específica, común a la vez a esos procesos: la corrupción. El exviceprimer ministro y ministro de Economía Alejandro Gil Fernández fue destituido en febrero de 2024 por «graves errores» e investigado por espionaje, malversación, cohecho, lavado de activos y tráfico de influencias. Con goteras de ese tamaño, la pregunta no es si el pacto resiste, sino también con cuáles lealtades.

El tercer escenario hipotético es la transición subordinada a Washington. Cuba no es Venezuela —no tiene petróleo a esa escala ni fuerzas armadas comparables—, pero el bloqueo, el corte de combustible desde enero, la imputación a Raúl Castro y las sanciones sobre Gaesa empujan desde EEUU hacia una salida dependiente. Venezuela mostró el guion: el cambio de régimen no mejoró de facto salarios ni cortó la crisis eléctrica; lo que cambió de inmediato fue la ley, con reformas de hidrocarburos y minería que abrieron el modelo al capital extranjero —formalización, según el sociólogo Emiliano Terán Mantovani, de la «economía de expolio y despojo»—. Gaesa, los puertos y el níquel son el nodo cubano de esa operación hemisférica.

Los tres caminos tienen una base común: el documento crea las condiciones para actores económicos privados con intereses propios cuya representación el sistema unipartidista no puede procesar sin transformarse. El pacto implícito es el del autoritarismo desarrollista —libertad económica a cambio de obediencia política—. Lo dice Díaz-Canel, acaso sin proponérselo: «Lo primero que hay que hacer es producir. Si no producimos, si no generamos riqueza […] ¿qué justicia social vamos a defender?» Subordinar la justicia social a la producción de riqueza como condición previa es la tesis del capitalismo liberal desde hace dos siglos. Que se enuncie como fundamento del socialismo cubano en 2026 no es una contradicción en el discurso, es una estructura que recorre el documento.

Detrás de los tres escenarios hay un problema más viejo: una economía política democrática exige dos cosas que Cuba no ha logrado combinar. La primera es ausencia de exclusión política. La segunda, capacidad estatal real de acumular para distribuir derechos sociales. Cuba ha probado, en sus tres últimas constituciones, tres maneras de fallar en ambas.

La de 1940 prometió una democracia social sin Estado capaz de cumplirla: de setenta leyes complementarias previstas, solo se dictaron diez en una década, Así, generó inclusión política pero no pudo sostener la redistribución efectiva prometida (el golpe de 1952 también contribuyó a reprimir esa posibilidad)—.

La de 1976 construyó capacidad distributiva —salud, educación, seguridad social— pero sobre la base del partido único como «fuerza dirigente superior»: generó redistribución y estructuró exclusión política. Aunque en 2018 se anunció que no sería imprescindible ser del PCC para ocupar cargos políticos, el partido y su juventud sumaban el 14 % del padrón electoral, pero el 95 % de los diputados eran sus militantes.

La Constitución de 2019 reconoció la propiedad privada y el mercado sin los derechos políticos que permitieran decidirlos, sin mecanismos fiscales efectivos que los ataran a la redistribución, y sin un patrón de acumulación —entre empresas estatales, privadas e inversión extranjera— capaz de convertirlos en fuente de derechos sociales. Más de cinco años después de su entrada en vigor, los tribunales cubanos siguen sin reconocerle fuerza normativa directa —“exactamente como ocurrió con su predecesora”—, y de más de ciento cuarenta recursos de amparo presentados, solo dos habían sido admitidos a trámite.

El mercado que hoy se amplía no redistribuye: concentra. En el primer trimestre de 2021, más de la mitad de la inversión estatal fue a turismo e inmuebles, y apenas el 1 % a innovación. El documento de las reformas no menciona la pobreza ni la desigualdad: las llama «vulnerabilidad multidimensional» y delega su corrección a los actores económicos —estatales y privados— “como parte de su responsabilidad social a nivel comunitario”.

A esa exclusión se suman otras. El cuidado no remunerado sigue cayendo sobre las mujeres: casi una de cada dos cubanas en edad laboral está fuera de la fuerza de trabajo formal, y aunque hay más mujeres universitarias que hombres, tienen menor autonomía económica y menos presencia en los sectores mejor pagados. Los 23 ejes no dicen nada de esto; lo trasladan, como los demás candados sociales, a la responsabilidad voluntaria de empresas y comunidades. La estratificación racial sobrevive en la riqueza, el reconocimiento simbólico y el poder institucional. La diáspora de las remesas y el capital para los nuevos negocios privados es, por la historia migratoria de Cuba, desproporcionadamente blanca. Un mercado abierto sin corregir esas exclusiones no reparte: añade capas a la desigualdad de siempre.

Nada de esto ocurre de modo aislado. El mundo donde Cuba negocia su apertura es el mismo donde los neofascismos se institucionalizan en gobiernos electos, el racismo vuelve a ser política de Estado y la desigualdad extrema se celebra como mérito. Cuba es una pieza de ese panorama, no su centro: ni su socialismo es la excepción redentora que a veces se pretende, ni su eventual recolonización sería un caso aparte de lo que le pasa hoy a buena parte de América Latina.

Es bastante claro que las reformas llegan tarde. El bono de tiempo que el socialismo cubano tuvo tras 1959 se consumió en postergación, inmovilismo y persecución de toda organización independiente. El 11 de julio de 2021 lo dijo: muchos cubanos certificaron como roto el contrato social de la Revolución. La sociedad llega a este momento desempoderada, sin organización política propia, y sin poder aguantar una penuria material más.

También, la asfixia tiene otras cifras: la mortalidad infantil subió de 4,0 a 9,9 por mil nacidos vivos entre 2018 y 2025; la supervivencia infantil al cáncer cayó del 85 % al 65 % por falta de citostáticos; más de doce mil niños esperan cirugía sin insumos; más de la mitad de los medicamentos esenciales está en falta. Ese sufrimiento —con historia propia, agravado por la «máxima presión» de Washington— es la materia con que se negocia más de un escenario: el dolor convertido en moneda de cambio geopolítica.

Los escenarios pueden ser hipotéticos. La tragedia de la crisis, su explotación interesada y la falta de capacidad del pueblo cubano para intervenir en sus desenlaces no lo son.

lunes, 29 de junio de 2026

Opiniones de dos economistas a partir de las 176 medidas

Reforma de la Economía. Hay que defenderla de la burocracia y de los neoestalinistas, que ya empiezan a sacar las uñas pintadas de ideologia falsa

 

Joaquin Benavides Rodríguez

 

Me leí dos veces las 176 Trasformaciones Económicas y Sociales agrupadas en los 23 ejes temáticos. Algun lector pudiera decir que en algunos aspectos, la redacción esta muy detallosa, pero si es para que todos lo entendamos bien y no para que algun burócrata limite su significado, se justifica el detalle. 

 

Puedo afirmar, sin que me quede nada por dentro, que lo que expresa este documento es lo que requiere la economía cubana en este momento historico. Introducción del mercado regulado por una planificación no burocrática, que todos los actores de la economia operen en condiciones de igualdad y que no quede un solo cubano o cubana desamparado. El Modelo Socialista cubano no puede dejar a nadie desamparado, sujeto a las reglas del mercado. El socialismo sin mercado fracasa, y sin solidaridad deja de ser socialismo.

 

Ya esta pintada la paloma. Ahora habrá que hacer que coma y que comience a volar.

 

Con todo respeto para la dirección del Partido, la tarea más inmediata le corresponde. Evaluacion a fondo de los cuadros de direccion del Primer Nivel del Gobierno que tendrán la responsabilidad de organizar y secuenciar los pasos para que comience a la mayor brevedad. Debe incluir la figura del Primer Ministro. Es la figura estatal en quien recaerá la responsabilidad de introducir ordenadamente y aplicar la Reforma con sus 178 Transformaciones económicas y sociales. No me corresponde evaluar sus posibilidades para conducir un cambio tan trascendente. Le corresponde al Partido y tengo confianza en que lo sabra hacer con inteligencia y justicia. Tambien se debería evaluar las condiciones de todo tipo, de los que se propongan a la Asamblea Nacional para ocupar las nuevas responsabilidades al frente de los Organismos Centrales del Estado. Adquirirá, en mi opinión, la maxima importancia evaluar a cada uno de los que deban ser propuestos para presidir los Gobiernos municipales en las nuevas condiciones. Cada uno de ellos será un elemento imprescindible para que la Reforma triunfe. Estarán sometidos a la vigilancia crítica de la población. Y no solo en los aspectos técnico/económicos de la Reforma. Si la basura continua acumulandose en las calles y nadie la recoge, aunque sea con carretillas o con carretones y mulos, la poblacion llegará a la conclusion correcta de que la Reforma no esta funcionando bien. Y la actuacion sobre el funcionario inepto, que no sea capaz de comprender las opiniones negativas de la población, debería ser indicativo de que la Reforma ha significado un cambio. 

 

Será muy importante que la población perciba enseguida que este no es un Plan de medidas más, como las decenas que se han aprobado en estos ultimos años y que no han pasado de su explicación por los ministros correspondientes en la Mesa Redonda, presidida por Randy Alonso, sin que nunca haya convocado a los mismos ministros para que explicaran por qué sus planes de medidas no funcionaron. Ahora no podría ocurrir igual. El Presidente ha asegurado, y yo creo en su palabra, de que va a haber control y exigencia de responsabilidades. Debería todo comenzar ya. No esperar que la Burocracia indique que ya se puede y que mientras tanto los inspectores en todo el País sigan poniendo multas, extorsionando y “cobrando el barato”.

 

Para los jovenes de hoy, y tambien para los no tan jovenes pero que nacieron después del triunfo de la Revolución, cuando ya se habia realizado la Reforma Agraria y se habian realizado las grandes nacionalizaciones, la Reforma Económica y la introduccion del Mercado regulado por la Planificacion, podrá significar, con toda seguridad, la Revolución de la cual podrán sentirse orgullosos en el futuro y contarles a sus hijos, como cambió al País, lo hizo invulnerable economicamente, y creó las condiciones para un verdadero Socialismo, con innovación, sin explotación del hombre por el hombre, pero también sin pobreza ni necesidades insuperables para el Desarrollo. Podran construir un Verdadero Socialismo, utilizando las posibilidades que brinda el mercado, que tambien puede ser socialista.

28/06/26


Mírese a tiempo la mayor tormenta que se avecina y asegúrese el rumbo

Julio Carranza

En la actual reforma económica que, aunque tardía y aún difusa es sin dudas necesaria, como lo hemos argumentado por años, hay una cantidad importante de riesgos y amenazas diversas que deberían ser analizadas y enfrentadas inmediatamente, sin ambigüedades ni explicaciones superfluas; de lo contrario se podría acelerar el rumbo del país a un destino no deseado y probablemente terrible. Estamos frente a una tormenta enorme y muy peligrosa.

No pretendo ahora ir al detalle de todos esos riesgos y amenazas, eso lo haremos en otro próximo texto en preparación, pero sí pretendo referir aquí de manera más general pero clara y rápida este recio desafío. Por supuesto, vale aclararlo, que estoy lejos de hablar como quien se cree poseer toda la verdad; muy lejos de eso, solo pretendo, como siempre, aportar desde la honestidad y el estudio.

En primer lugar, es importante tener en cuenta que la actual situación en Cuba tiene de un lado urgencias impostergables que deben enfrentarse con un plan de emergencia preciso, claramente identificable y discutido activamente con la población, con los dirigentes en las calles, pase lo que pase.

Las condiciones actuales de vida están al límite y eso se debe asumir con claridad y valentía política. Ya sabemos que la pretensión de la agresión externa es esa precisamente y en cierta medida lo van logrando; no se puede ser ciego ante esa realidad: agotar a una población fatigada que se mueve entre agresiones externas y errores e insuficiencias internas de todo tipo que se han dejado correr por mucho tiempo. 

Esto condiciona hasta la manera de pensar de mucha gente que no encuentra respuesta a sus principales angustias. No basta explicar aún con claridad sus causas, sino encontrar soluciones efectivas y creíbles, contra el viento y la marea; no hay otras opciones. Acaso no estamos viendo cómo avanza la ultra derecha en muchos casos fascista en todas partes; desde EEUU y América Latina hasta en muchos países de Europa, la gente votando a favor de sus victimarios, literalmente, por la influencia y la intervención imperial, sí, pero también por los tremendos errores de la izquierda, entre ellos la corrupción. En Cuba podría no ser diferente. Ante ese peligro estamos. Hasta corrientes anexionistas se han revivido. La miseria suele ser muy mala consejera cuando un pueblo reclama su bienestar. Allá lo saben bien, aquí deberíamos saberlo también.

Apagones extensos, de muchas horas que, además de hacer insoportable el verano y no dejar dormir como se debe, impiden conservar los pocos alimentos que se consiguen. Relacionado con lo anterior, los serios problemas en la distribución de agua, con sus inevitables impactos en la higiene doméstica y personal; una creciente acumulación de desechos sólidos, extrema en Ciudad de La Habana, y aguas albañales que, además de afectar seriamente las condiciones del entorno, son una amenaza latente para el estallido de epidemias y otras enfermedades. La falta de medicamentos esenciales y servicios hospitalarios, la desaparición de la vialidad pública, los ingresos que no alcanzan, los bancos que no funcionan, la indisciplina social y la aparición cada vez más preocupante de manifestaciones delictivas, algunas de ellas violentas, el cierre o afectación de actividades educacionales, la economía estancada y otras. El empobrecimiento de una parte amplia de la población, mucha de ella en la tercera edad y en un contexto de incremento de la desigualdades, ese tipo de evidencia se puede apreciar con sólo caminar la ciudad a cualquier hora del día.

Esta situación exige un tratamiento específico, concreto, urgente y efectivo. Para ello hacen falta, entre otros factores, recursos externos. De ahí que el problema de la deuda externa también debe asumirse como una prioridad en ese plan, para destrabar en alguna medida el flujo de créditos e inversiones desde donde se pueda. Pagar con activos es la alternativa más factible y se debe mover rápido con los cuidados del caso, obviamente.

Estás de arriba son las prioridades, las urgencias indispensables que requieren lucidez, conducción política certera e inmediata, más aún en un contexto de mayores desigualdades sociales que van haciendo su labor de zapa. Además de que no faltan los que han renunciado a toda alternativa de soberanía y manipulan a la opinión pública para conducirla a lo que han considerado ellos la salida más conveniente: esto es una política dócil y de fractura frente a las presiones actuales de EEUU.

Es preciso entender que el ciudadano común no está en las grandes parábolas o en la comprensión total de las causas profundas y ocultas de la situación que los afecta. Además de estar bajo el impacto de todo lo que circula en las redes, el ciudadano común está en la demanda concreta de ver una solución a sus problemas y es muy lógico que así sea. De manera coloquial alguien dijo: “Amor con hambre no dura”. Y así es; hay que comprenderlo como una realidad. Un pueblo hambreado y fatigado podría ser conducido a cualquier parte por los oportunistas que suelen aparecer en encrucijadas como esta. Así están jugando desde allá y hay los que le hacen el juego desde acá. No hay que perder de vista que la correlación de fuerzas los favorece y que el país no tiene las alianzas internacionales suficientes a las cuales apelar: se está solo frente a un destino incierto.

Ahora bien, además de esas urgencias, está la necesidad de transformar de manera profunda e integral un sistema económico que hace años está obsoleto, no funciona. Esa es otra dimensión del problema que, aunque claramente conectada con la anterior, precisa un abordaje diferenciado en diseño y tiempo. Confundir los dos planos sería un error de consecuencias muy negativas. En las 176 medidas propuestas esas distinciones y secuencias no quedan claras.

La posibilidad de volver a cometer un error de secuencia o de identificación difusa de prioridades está a la vista y podría ser definitivo. De otra parte está la diversidad de actores; por un lado los que ya mencioné arriba, que con un discurso a veces aparentemente coherente y fundamentado y otras veces burdo y agresivo alimentan en la práctica, quiéranlo o no, las pretensiones de dominación sobre este país. Y por otro lado otros, muchos dentro del país, que pretenden sacar ventaja de la actual reforma y enriquecer de manera espuria a personas o grupos, como ya vimos que sucedió en Europa del Este. No se trata de tener prejuicios con el sector privado y cooperativo, actores imprescindibles de la economía junto al sector público; se trata de definir reglas claras, estables, con todas las garantías legales  necesarias aseguradas, y construir mercados transparentes y regulados que impidan los privilegios y las influencias perversas. 

Acumulación e inversiones en base a la eficiencia y la competitividad, sí; justicia social y trabajadores empoderados para defender sus legítimos derechos, también. Es necesario reconstruir la credibilidad en todos los sectores sociales, muy afectada en los últimos años.

Hay que crecer, sin dudas, y crear todas las condiciones para ello, sin dogmas ni parálisis, con certezas y garantías. Pero a la vez que se crece se reparte, no con igualitarismo, obviamente, pero si con justicia social. No se puede confundir la economía con la repostería, donde para comerse el pastel primero hay que hacerlo. En economía se puede crecer y repartir a la vez. Pero de que hay que crecer, hay que crecer; y de que habrá desigualdades, las habrá. Pero que no nazcan del privilegio sino del mérito, del trabajo y la capacidad de cada cual. Lo que no debe faltar es la justicia social y las oportunidades para todos, además de la asistencia específica al que justificadamente la necesite. Ese no es un concepto abstracto, es muy concreto.

De ese tamaño es el desafío y no basta el anuncio de una más que necesaria reforma económica para solucionarlo a tiempo: es preciso ir más allá. Tomemos todos conciencia de esto y pongamos a toda Cuba primero.

28 de junio 2026

Un puente sobre el río revuelto

 Humberto Fuentes Rodríguez

Resulta imposible no sentir un nudo en el estómago cuando las palabras de la Asamblea Nacional chocan con el eco deformado que rebota en Matanzas en nuestras reuniones municipales y provinciales. 

Las nuevas medidas de apertura económica aterrizaron en Matanzas con la claridad de un parteaguas histórico, pero, a solo días de su publicación, el verdadero termómetro no está en el hemiciclo habanero, sino en las reuniones de trabajo donde algunos funcionarios desnudan, sin querer, una mentalidad que amenaza con sabotear semejante nicho de oportunidades.

Si uno se sienta en silencio en cualquier reunión de estos días, la escucha es un ejercicio revelador. Abundan las intervenciones encendidas que, en lugar de respirar el espíritu de complementariedad que exige el momento, sueltan frases como “las mipymes nos están cogiendo la delantera y eso no puede suceder”, cuyo tono no es de admiración por el dinamismo ajeno, sino de alerta roja, como si el éxito del privado fuera una afrenta al deber estatal. 

Es la confesión de que el reloj interno de muchos cuadros sigue marcando la hora de la competencia, no la de la alianza.Esa sensación se agrava cuando otro directivo, con el ceño fruncido, remata: “tenemos que ponernos las pilas antes de que el sector privado nos pase por arriba”. 

La metáfora del atropello revela un inconsciente colectivo anclado en la desconfianza, lo cual duele, y mucho, porque Matanzas posee talento y voluntad para entender el desarrollo como un ecosistema, no como un ring de boxeo.

Lo curioso es que en esos mismos salones existen, contadas pero firmes excepciones luminosas. Algunos funcionarios, con una lucidez que merece aplauso, han alzado su voz para recordar que las medidas exigen abrir la mente a la generación de alianzas concretas con el sector privado, eliminar trabas innecesarias y ver en el empresariado cubano a un socio natural para resolver dificultades territoriales.

El problema de fondo no es ideológico. Sucede que durante décadas se construyó un andamiaje administrativo donde el funcionario se percibía a sí mismo como guardián de lo público frente a lo privado. Hoy el país pide justo lo contrario: un Estado facilitador que articule, que convoque, que comparta proyectos. Pero pedirle a quien fue formado para controlar que ahora se siente a diseñar junto al “controlado” requiere un deshielo cultural que debe partir desde la base.

La consecuencia más palpable y dolorosa de esta miopía es la ausencia sistemática del empresariado en los espacios de decisión local. Pese a contadas y positivas excepciones, las reuniones donde se esboza el futuro económico de la provincia transcurren sin que una sola mipyme, un proyecto de desarrollo local o un cooperativista estén sentados a la mesa. 

Así, las propuestas que podrían oxigenar barrios, reactivar cadenas de valor o retener talento joven se pierden en el limbo, no por inviables, sino porque no llegan a ser escuchadas a ese nivel.

Hay que decirlo con toda claridad: los actores económicos no estatales no vienen a pasarle por arriba a nadie. Su crecimiento no es un marcador deportivo que reste puntos al sector estatal. En la lógica sensata del desarrollo, una pequeña empresa que florece arrastra consigo a proveedores, estimula la banca, demanda servicios, dignifica el espacio público y quita presión a un presupuesto estatal exangüe. Quien se empeña en verlo como una amenaza es porque sigue atrapado en un paradigma de suma cero que la realidad ya se encargará de desmontar.

26 de junio de 2026 / Periódico Girón, Matanzas

____________________

El llamado urgente de este periodista es a un sinceramiento colectivo. No alcanza con que un par de directivos provinciales y municipales intenten tender puentes, si el resto de la estructura sigue operando con desconfianza. 

Hace falta que en cada espacio se institucionalice la presencia de los empresarios privados, que sus voces no sean decorativas sino vinculantes, y que las reuniones dejen de parecer discusiones y recelos entre dos bandos que, en la vida real, reman en el mismo barco.

Termino con una imagen que ojalá cale hondo: imaginemos los puentes de Matanzas, cuya fortaleza no está en un solo lado de la ribera, sino en el abrazo de las dos orillas. Si seguimos empeñados en ver al sector privado como la otra orilla que amenaza con “pasarnos por arriba”, nunca cruzaremos el puente. 

Escuchemos a los empresarios privados matanceros y convirtamos la Atenas de Cuba en el laboratorio de alianzas que el país tanto necesita. El tiempo de las trincheras se acabó; o construimos puentes, o nos ahogaremos en el mismo río revuelto. (Edición web: Miguel Márquez Díaz)

https://giron.cu/2026/06/26/en-matanzas-1-puente-sobre-el-rio-revuelto/