Miguel Urbán
Desde que Donald Trump tomó nuevamente posesión de la Casa Blanca, parece que el mundo se hubiera acelerado. En poco más de un año, Trump ha declarado toda una guerra comercial; ha desatado una fiebre persecutoria contra los migrantes en los EEUU; ha atacado las instalaciones nucleares iraníes, iniciando una guerra de difícil resolución; ha impuesto su plan de "paz en Gaza"; ha conseguido doblegar a los republicanos aprobando la ley fiscal que él mismo bautizó como One Big Beautiful Bill; está forzando una paz vergonzante en Ucrania; ha ocupado militarmente varias ciudades demócratas en su país; ha atacado Venezuela secuestrando a su presidente; ha bombardeado Siria, Nigeria y Yemen; ha amenazado con ocupar Groenlandia, un territorio de la OTAN, mientras ha obligado a los miembros de la Alianza Atlántica a asumir el 5% del gasto —en armas estadounidenses— en defensa, al tiempo que su presidente, Mark Rutte, justificaba: "Sometimes, daddy has to use strong language" (“A veces, papi tiene que usar un lenguaje fuerte”). Manifestación en apoyo al expresidente Raúl Castro
frente a la embajada de EEUU en La Habana
Una frenética política de injerencia internacional del hasta ahora indiscutido imperio estadounidense, ante su paulatina pérdida de hegemonía comercial —que no militar—, que intenta impulsar, bajo la batuta de Trump, una recomposición del mundo bajo la lógica de las áreas de influencia. Porque, en su obsesión por recuperar la grandeza perdida del imperio norteamericano, Donald Trump, con su lema Make America Great Again (MAGA), se ha marcado como objetivo primordial reactualizar la Doctrina Monroe —famosa por su "América para los americanos"—, que, bajo la supuesta defensa de la independencia de las naciones, se transformó en una política deliberada para convertir a Latinoamérica en el patio trasero de Washington.
En este sentido, hemos visto las amenazas a Panamá para asegurarse el control del Canal; los aranceles a Brasil para intentar interferir en su sistema de justicia; la injerencia en las elecciones argentinas, condicionando la ayuda financiera a un país al borde de la quiebra a la victoria de su aliado Javier Milei; el bombardeo en Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, y de su esposa, Cilia Flores. Aunque el objetivo más codiciado por la política imperial estadounidense es, como declaró el propio Trump el febrero pasado, tener "el honor de tomar Cuba" y "hacer lo que quiera" con la isla.
Aquí es donde Cuba se convierte en una pieza simbólica fundamental para coronar la política imperial del Corolario Trump a la Doctrina Monroe. La isla lleva más de seis décadas bajo un bloqueo económico, comercial y financiero impuesto de manera unilateral, sin respaldo de las Naciones Unidas, que vulnera los principios de igualdad soberana de los Estados, la no injerencia en los asuntos internos y la prohibición del uso de medidas coercitivas, recogidos en la Carta de las Naciones Unidas. Se trata de uno de los ejemplos más prolongados y graves de injerencia sistemática contra un Estado soberano.
Una política de agresión contra el pueblo cubano que ahora se ve agravada por la orden ejecutiva dictada el 29 de enero de 2026 por Donald Trump, que declara una "emergencia nacional" con respecto a Cuba, calificando de manera unilateral al Gobierno cubano como una "amenaza inusual y extraordinaria" para su seguridad nacional y su política exterior. Utiliza esta declaración como base jurídica para ampliar y profundizar las medidas de coerción económica mediante la creación de un sistema arancelario que permite chantajear a cualquier país que, directa o indirectamente, venda o suministre petróleo a Cuba.
El objetivo es claro: asfixiar definitivamente al pueblo cubano. Un asedio medieval que pretende estrangular la maltrecha economía de la isla, provocar el colapso de su sistema energético, alentar la desestabilización interna, desatar una crisis humanitaria y justificar una intervención destinada a forzar un cambio político. Da igual cuántas vidas cubanas se lleve por delante esta macabra estrategia trumpista. Porque acabar con el régimen cubano, sea mediante un cambio violento o a través de una negociación que desemboque en su sometimiento, como se ha hecho en Venezuela, podría ser un buen trofeo que rentabilizar ante unas elecciones de medio término que se prevén complicadas para los republicanos. Más aún después de la catastrófica agresión militar a Irán: en este contexto, Cuba se vuelve una pieza aún más codiciada.
De hecho, desde que los EEUU aprobaron en enero la orden ejecutiva que calificaba al Gobierno cubano como una “amenaza inusual y extraordinaria” para su seguridad nacional y su política exterior, se han sucedido diferentes sanciones extraordinarias que persiguen el colapso de la isla para forzar un levantamiento popular y/o una negociación-chantaje a las autoridades cubanas para que acepten un acuerdo de sumisión a los EEUU al estilo del logrado en Venezuela. De esta forma, cobra más sentido la imputación de Raúl Castropor parte del Departamento de Justicia estadounidense, acusado de unos supuestos crímenes cometidos en 1996. Un paso más en la escalada de amenazas de Washington contra La Habana.
La imputación de Castro sigue el guion que los Estados Unidos desarrollaron en Venezuela y que terminó con el secuestro de Nicolás Maduro. Así, en 2020, el Departamento de Justicia imputó al presidente Nicolás Maduro por cargos relacionados con el narcotráfico. Una acusación que fue el argumento de Washington para justificar la operación militar que lo secuestró y trasladó a Nueva York para someterlo a juicio. En este sentido, el fiscal general en funciones, Todd Blanche, en una rueda de prensa para anunciar la imputación, aseguró que Castro acabará compareciendo en el banquillo de los acusados en un tribunal estadounidense "por su propia voluntad o de otra manera".Siguiendo los mismos pasos que terminaron con el secuestro de Maduro.
Incluso la fecha de anuncio de la imputación de Castro no fue casual: a pesar de que un gran jurado ya había dado el visto bueno a los cargos a finales de abril, el Departamento de Justicia decidió hacerlo público un día simbólico, el 20 de mayo, cuando la comunidad en el exilio celebra la independencia de Cuba. Al igual que con Maduro, al calificar a Castro como terrorista/criminal se construye la coartada para justificar la incursión militar como una "operación policial", evitando pronunciar la impopular palabra "guerra".
Pero que nadie se llame a engaños: el intento de secuestro de Raúl Castro, última gran figura viva de la Revolución cubana, no será tan sencillo como lo fue en Venezuela, y podría desencadenar una respuesta armada de consecuencias imprevisibles para el pueblo cubano y para toda la región. La "vía Maduro" aplicada a Cuba no sería solo una nueva vuelta de tuerca en la política imperial de Washington, sino un salto cualitativo hacia una guerra abierta en el Caribe. Por eso, frente al bloqueo, las sanciones y las amenazas de intervención, es fundamental defender la soberanía del pueblo cubano. Una tarea urgente que va más allá de la solidaridad con Cuba y que debe de incumbir a quienes rechazan que el futuro de los pueblos se decida en los despachos de la Casa Blanca.
https://www.publico.es/opinion/raul-castro-via-maduro-cuba.html#google_vignette
4 comentarios:
Peter Kornbluh, investigador: “La CIA está operando en Cuba y Trump espera que se arrodillen como en Juego de Tronos”
Javier Biosca Ascoiti
Peter Kornbluh es uno de los mayores referentes en el estudio de las relaciones entre EEUU y Cuba y su libro Back Channel to Cuba [Canal secreto con Cuba], en el que desvela la historia de las negociaciones entre ambos países, se ha convertido en obra esencial en la materia. El investigador estadounidense denuncia la repetición del modus operandi aplicado en Venezuela para preparar el terreno para una intervención militar y forzar un cambio de régimen en Cuba.
Kornbluh, investigador del National Security Archive de EEUU, es director de los proyectos de documentación sobre Chile y Cuba en la misma organización y fue quien consiguió desclasificar los documentossobre el derribo de los aviones en 1996 por el que ahora Trump ha forzado una imputación contra Raúl Castro. Kornbluh destapó que Cuba intentó diplomáticamente durante un año acabar con estos vuelos de provocación y que EEUU sabía que era muy probable que esto acabase con Cuba disparando contra las aeronaves.
“Ningún país respetable puede permitir que su espacio aéreo y zonas de seguridad sean penetradas constantemente por aeronaves hostiles”, dice.
--¿Estamos viendo el mismo patrón que se utilizó en Venezuela contra Maduro con acusaciones judiciales falsas?
El proceso judicial contra Raúl Castro solo puede entenderse en el contexto de la campaña de la Administración Trump para un cambio de régimen en Cuba.
El modus operandi es exactamente el mismo que en Venezuela y EEUU se ha asegurado de que los dirigentes cubanos capten el mensaje. Cuba, además, perdió a 32 miembros de su personal de seguridad en la operación contra Maduro, así que son aún más sensibles a este tipo de advertencia que supone la imputación de Raúl Castro.
--¿Está Washington preparando el terreno para algún tipo de intervención militar?
La imputación a Castro representa tres objetivos para Trump. Uno: un gesto político hacia la comunidad cubano-estadounidense de Miami, que es muy conservadora. Dos: una advertencia grave, severa y ominosa dirigida a los dirigentes cubanos de que Estados Unidos podría repetir en Cuba lo que hizo en Venezuela. Y tres: le permite a Trump decir al Congreso, tal y como hizo en Venezuela, que está llevando a cabo una operación para cumplir la ley en lugar de operaciones bélicas.
La imputación de Raúl Castro es un paso significativo y ominoso hacia algún tipo de operación militar en Cuba que, a su vez, se va a presentar como un esfuerzo por llevar a un fugitivo ante la justicia,
--Usted consiguió la desclasificación de los documentos sobre el derribo de las avionetas por las que ahora, 30 años después, EEUU imputa a Raúl Castro.
La noche anterior al derribo, tras todo un año de protestas del Gobierno cubano, miembros de la Casa Blanca sabían que era probable que finalmente los cubanos iban a atacar los aviones de la organización Hermanos Al Rescate, de un opositor cubanoamericano entrenado por la CIA. Incluso un alto cargo de la Casa Blanca llamó a la Agencia Federal de Aviación esa noche y le pidió que no dejase despegar esos aviones. La organización presentaba solicitudes de vuelo falsas sobre supuestos rescates de migrantes en el mar, pero después sobrevolaba territorio cubano a modo de provocación y lanzaba propaganda, por ejemplo.
Los cubanos protestaron diplomáticamente y el propio Fidel Castro intentó llegar a un acuerdo, pero los vuelos siguieron ocurriendo hasta que Cuba los atacó. Derribarlos fue injustificado y equivocado, pero fue algo provocado. Ningún país respetable puede permitir que su espacio aéreo y zonas de seguridad sean penetradas constantemente por aeronaves hostiles.
Peter Kornbluh ... (2)
--El director de la CIA visitó Cuba la semana pasada. ¿Cuál es su análisis del viaje? ¿Ha cambiado la CIA su estrategia respecto a la isla?
No, no ha cambiado de estrategia. La misión del director de la CIA era dar el primer puñetazo en la estrategia de EEUU de doble golpe iniciada contra Cuba la semana pasada. Es decir, dar un ultimátum a los líderes cubanos para que se plieguen a las exigencias de Trump o, de lo contrario, que asuman las consecuencias. Básicamente les dijo que recordaran Venezuela y que tienen que tomar a Trump en serio.
Más tarde, mientras el director literalmente estaba saliendo de Cuba, la Administración Trump filtró la noticia de que acusaría a Raúl Castro el 20 de mayo, que es un día simbólico en Miami porque se considera el Día de la Independencia de Cuba. Ese fue el doble golpe. Se puede interpretar el anuncio de la acusación a Raúl Castro como una especie de refuerzo del ultimátum.
La CIA está operando en Cuba de forma encubierta. Su papel en este momento probablemente es similar al que desempeñó en Venezuela, proporcionando inteligencia para ataques militares estadounidenses selectivos contra Cuba e intentando rastrear los movimientos de Raúl Castro, quien, supongo, a estas alturas estará escondido.
--¿Y qué ocurre con el proceso de negociaciones que se abrió —o al menos se anunció— hace unos meses?
Desde enero se han celebrado reuniones esporádicas a puerta cerrada entre cubanos y funcionarios estadounidenses. Obviamente no han ido bien y el viaje del director de la CIA la semana pasada fue, básicamente, una última reunión pública. No fue una reunión encubierta ni secreta.
Es de suponer que los cubanos han estado enviando mensajes a Estados Unidos desde entonces, siendo más específicos sobre lo que están dispuestos a hacer, pero no han recibido ninguna respuesta. Por eso esta semana el embajador de Cuba ante la ONU concedió una entrevista al New York Times, lo cual es muy raro, y dijo que estaban intentando negociar, pero que no consiguen que la otra parte escuche ni responda.
Cuba ha sido una obsesión para los presidentes estadounidenses desde el siglo XVIII. Desde Thomas Jefferson, los presidentes han sugerido que Cuba, casi por la ley de la gravedad, podría caer en manos de Estados Unidos
--¿Cree entonces que Washington no tiene ningún interés real en negociar?
El presidente Trump está más interesado en la rendición de Cuba que en la negociación y espera que los cubanos se arrodillen ante él como en Juego de Tronos. Se considera a sí mismo el emperador del hemisferio occidental y le gustaría que Cuba, Venezuela y bastantes otros países latinoamericanos simplemente se sometieran al dominio de Estados Unidos.
Peter Kornbluh (3)
--Ha estudiado en profundidad el intervencionismo de EEUU en América Latina durante la Guerra Fría, ¿lo compararía con la política exterior de Trump en la región?
Trump quiere ser emperador, pero un emperador necesita un imperio. Ha puesto el foco en Canadá, Groenlandia, se autoproclamó presidente interino de Venezuela... No hay duda de que quiere volver a la era de la construcción de imperios, a principios del siglo XX, cuando los presidentes estadounidenses como Theodore Roosevelt y William McKinley —que son los héroes de Trump— utilizaron la diplomacia de las cañoneras, la coacción y las amenazas económicas y militares para controlar el futuro de los países latinoamericanos más pequeños.
--Volviendo a las negociaciones, ¿cuál es el papel de Guillermo Rodríguez Castro (Raulito Castro) en Cuba y en este proceso de diálogo, si se puede calificar como tal?
Tiene mucho trabajo ahora mismo porque es el jefe del equipo de seguridad de su abuelo, Raúl Castro. Y, después de la imputación, la seguridad de Raúl Castro se ve gravemente amenazada por Estados Unidos. En cualquier momento, un equipo de las Fuerzas Especiales de EEUU puede irrumpir y capturar a Castro como hicieron en Caracas con Nicolás Maduro. Y si no lo encuentran, el ejército estadounidense podría simplemente lanzar un dron dondequiera que crean que pueda estar. Así que supongo que Guillermo está haciendo horas extras para proteger la seguridad física y la vida de su abuelo.
A su vez, él ha sido el intermediario por la vía extraoficial representando a su abuelo ante la oficina de Marco Rubio. No está claro si ese canal sigue utilizándose porque obviamente el director de la CIA se reunió con todos los altos cargos de la comunidad de inteligencia cubana y también se reunió con él, pero no está claro cómo se transmiten los mensajes de Cuba a Estados Unidos y viceversa en este momento.
La acusación de ayer es un paso significativo y ominoso hacia algún tipo de operación militar contra Cuba que, a su vez, se va a presentar como un esfuerzo por llevar a un fugitivo ante la justicia, aunque en realidad es un esfuerzo por obligar al Gobierno cubano a capitular y someterse a las exigencias de Trump para que Cuba abandone su sistema de gobierno y su ideología económica.
Cuba ya no tiene el prestigio revolucionario que tenía antes y como la izquierda en toda América Latina está mucho más débil, sus líderes no se sienten obligados a mantener relaciones fraternales sólidas con Cuba. No pueden librar la batalla de Cuba y arriesgarse a que sus propios países sean atacados.
--¿Está Cuba en su momento más débil desde hace décadas?
Sí. Cuba no cuenta con ningún apoyo internacional de peso. No tiene actividad económica. El país está, literalmente, a punto de quedarse a oscuras por completo en todo el territorio. Las funciones económicas básicas no pueden seguir funcionando sin electricidad ni combustible. El Gobierno está en su peor momento de popularidad porque la mayoría de los cubanos no tiene electricidad, comida, transporte ni acceso a la atención médica. Están hartos.
Cuba ya no tiene el prestigio revolucionario que tenía antes. Como la izquierda en toda América Latina, por no decir en todo el mundo, está mucho más débil y mermada, los demás líderes latinoamericanos no se sienten obligados a mantener relaciones fraternales sólidas con Cuba. Y simplemente no pueden librar la batalla de Cuba y arriesgarse a que sus propios países sean atacados por la Administración Trump.
--Trump ha dicho que está liberando al pueblo de Cuba porque no tiene nada, como usted mencionaba antes. Pero al mismo tiempo está bloqueando el combustible que necesita la isla.
La hipocresía de Trump y Rubio no tiene límites. Están apretando las tuercas a la economía de Cuba y luego sugieren que si el país se ha sumido en la miseria, la culpa es de su propio gobierno y no de Estados Unidos; y que ellos pueden salvarlos. Sin embargo, es el bloqueo petrolero de EEUU lo que está causando esta extrema miseria en este momento.
Peter Kornbluh ... (4 y fin)
--¿Cómo describiría el significado de Cuba para EEUU? ¿Es solo un asunto ideológico o histórico o hay realmente un interés nacional?
Cuba ha sido una obsesión para los presidentes estadounidenses desde el siglo XVIII. Eso se debe a dos cosas: su ubicación geográfica, situada en la desembocadura del Golfo de México, y su enorme potencial económico, con sus playas, su café, su tabaco y su ron.
Cuba fue durante décadas el patio de recreo de los ricos y famosos de Estados Unidos y siempre ha sido conocida en Estados Unidos como la Perla de las Antillas. Desde Thomas Jefferson, los presidentes de EEUU han sugerido que Cuba, casi por la ley de la gravedad, podría caer en manos de Estados Unidos. En dos ocasiones durante el siglo XIX el Congreso votó a favor de convertir Cuba en otro estado de EEUU como parte de la complicada historia de la esclavitud en Estados Unidos, ya que los estados del sur querían que Cuba fuera un estado esclavista más para tener más votos en el Senado y el Congreso nacional. Y si hubiera una guerra civil, los estados del sur podrían utilizar Cuba como base contra los estados del norte.
Cuba es un elemento constante en la historia de EEUU y fue, esencialmente, su Estado vasallo a principios del siglo XX, al salir del dominio colonial de España. En aquel momento, EEUU estaba construyendo abiertamente un imperio por todo el mundo, con la construcción del Canal de Panamá, la toma de Puerto Rico a España... Cuba era un protectorado en todo menos en el nombre. La Enmienda Platt, por ejemplo, otorgaba a Estados Unidos el control total sobre Cuba y su economía, el derecho a intervenir y la base de Guantánamo para siempre.
En cierto modo, Trump está tratando de revivir esa situación neocolonial que Estados Unidos impuso a Cuba cuando ésta salió del control colonial de España.
https://www.eldiario.es/internacional/peter-kornbluh-investigador-cia-operando-cuba-trump-espera-arrodillen-juego-tronos_128_13242701.html
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