El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, reprochó a los países europeos y asiáticos no estar suficientemente agradecidos por la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, a la cual calificó de “un regalo para el mundo” del presidente Donald Trump, gracias al cual hoy la comunidad internacional tiene la tranquilidad de que Teherán no obtendrá armas nucleares. Para Hegseth, actos como la masacre de 168 niñas en una escuela primaria son “una misión audaz y peligrosa... cortesía de un presidente audaz e histórico”.
Poco antes de que Hegseth ofreciera su particular visión de los crímenes de guerra perpetrados bajo sus órdenes, el responsable de desarrollo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Alexander De Croo, alertó que más de 30 millones de personas volverán a caer en la pobreza debido a las repercusiones de la guerra en Irán, entre ellas las interrupciones en el suministro de combustible y fertilizantes justo cuando los agricultores siembran. Cabe señalar que las estimaciones del administrador del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se basan en un escenario en el que la guerra termina de inmediato y no tiene más consecuencias indeseables que las alcanzadas hasta ahora.
Pero las bombas no son la única, ni siquiera la principal “cortesía” de Washington a la humanidad. Entre 1970 y 2021, Estados Unidos y sus socios europeos han asesinado a 38 millones de personas con la imposición de sanciones ilegales, aplicadas mediante la weaponization (uso como arma de algo que normalmente no se considera tal) de su control sobre las monedas de reserva globales, los sistemas de pago internacionales y tecnologías esenciales, desde patentes médicas hasta las comunicaciones por satélite y la infraestructura de Internet.
De acuerdo con un estudio publicado el año pasado en la revista científica The Lancet, Occidente es cada vez más adepto a este recurso que le permite diezmar poblaciones sin desgastar sus arsenales ni poner botas sobre el terreno: mientras en la década de 1970 cada año había en promedio 15 países sometidos a sanciones unilaterales, en la actualidad la cifra se ha cuadruplicado hasta alcanzar 60 estados víctimas de sanciones. En algunos tramos de la década de 1990, estos castigos colectivos masacraron a más de un millón de personas cada año, más de la mitad de las cuales eran niños menores de cinco años. Sólo entre 2017 y 2018, 40 mil personas fueron asesinadas en Venezuela por las sanciones occidentales.
El estudio también encontró que las acciones punitivas de Estados Unidos y Europa no matan por accidente, sino que están diseñadas para tener un efecto homicida: en contraste con ellas, los castigos establecidos por conducto del sistema de Naciones Unidas no causan muertes civiles. No es necesario especular ni sentir animadversión hacia Washington para denunciar el carácter criminal de sus sanciones, pues los propios responsables de implementarlas han hecho explícitos sus propósitos. En 1960, cuando iniciaba el acoso contra Cuba –país que ha sufrido por más tiempo la rabia imperial de la superpotencia–, el Departamento de Estado emitió un memorando en el que reconocía el respaldo popular a la revolución y determinó que “debían emplearse con prontitud todos los medios posibles para debilitar la economía cubana”, “negando dinero y suministros a la isla, reduciendo los salarios monetarios y reales, provocando hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”. Sesenta y seis años después, Trump mantiene la misma transparencia en su propósito de dominar Cuba o aniquilar a su población en el intento.
Con estos antecedentes, está claro que el mejor regalo que cualquier presidente estadunidense puede hacer al mundo es dejarlo en paz: abstenerse de usar sus capacidades bélicas y su control sobre el sistema financiero global para tratar de imponer su voluntad salvaría cientos de miles de vidas cada año, permitiría a los países invertir en el bienestar de sus ciudadanos en vez de desviar recursos a la defensa frente al acoso de Washington, y eliminaría la fuente más perniciosa de desestabilización que ha padecido la humanidad desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
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/ Editorial de La Jornada, 25 de abril, 2026 https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/25/editorial/los-regalos-de-washington
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Argentina: ordenan embargar bienes de la ex presidenta Cristina Fernández y sus hijos
Por Stella Calloni
Buenos Aires. La justicia, en una medida confirmada por la Cámara Federal de Casación Penal ordenó el embargo y ejecución de los bienes de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, sus hijos Máximo y Florencia Kirchner, y otros condenados en la causa conocida como “Vialidad”, que estaba ya cerrada por absoluta falta de pruebas, incluyendo ilegalidad jurídica porque se trataba de obra pública en la provincia de Santa Cruz y que fue reabierta con la finalidad de llevar a prisión a la ex mandataria, que desde junio pasado está en arresto domiciliario.
Si se embargan todos sus bienes, incluso los anteriores a su llegada al gobierno que también fueron incluidos, para subastarlos públicamente, no se sabe si la ex mandataria podrá continuar su detención en el departamento de su hija, o se cumplirá con la “sugerencia” del embajador de Estados Unidos, que al llegar a Buenos Aires el año pasado, consideró que Fernández de Kirchner debía estar presa en una cárcel.
Al mismo tiempo, la justicia acaba de cerrar una causa abierta a la esposa del jefe de gabinete Manuel Adorni, quien está siendo investigado al descubrirse la adquisición de inmuebles de altísimos costos producto de una fortuna lograda en dos años y meses de gobierno, que no se condice con su declaración jurada, como funcionario de este gobierno.
El cinismo es mayor cuando en los embargos dispuestos contra la ex presidenta se intenta cubrir un monto “actualizado” de más de 684 mil millones de pesos argentinos (unos 500 millones de dólares) para reparar los daños económicos causado al Estado, que el presidente, Javier Milei, confesó públicamente, que demolería, como un “topo” dentro el mismo.
En un escenario de amenazas contra la prensa, persecución política y de corrupción abierta no se ha podido elevar a juicio ninguna de las causas abiertas contra el mandatario, como es el caso de su involucramiento en la mega-estafa de la criptomoneda Libra (2025) que afectan también a su hermana, Karina Milei, Secretaria General de la presidencia, denunciados por importantes estudios jurídicos y la justicia de Estados Unidos.
Otra causa abierta, que también involucra a Karina Milei, es por sobornos; se habría quedado con dinero de medicamentos destinados a la institución que ampara a discapacitados en todo el país, hoy abandonados a su suerte.
Hay decenas de causas que duermen en los juzgados del “partido judicial” como la compra de voluntades que convirtió al Congreso en epicentro de corrupción, para que votaran sus leyes.
Entre estos figura el caso del oro argentino en resguardo en el Banco Central, que, entre junio y agosto de 2024, fue llevado supuestamente a la banca de Londres, bajo responsabilidad del ministro de Economía, Luis Caputo; un estudio jurídico de Estados Unidos reveló que el oro no está en Londres y después de varias demandas, Caputo respondió que “por razones de seguridad” no podía informar sobre el destino del metal.
En las últimas horas el mandatario “agradeció” al juez Víctor Arturo Pesino por revocar la cautelar lograda por la Confederación General del Trabajo para frenar artículos de la Reforma Laboral impulsada por el gobierno -que anula todos los derechos de los trabajadores- y ordenó activar trámites para que Pesino continúe en la Cámara Nacional del Trabajo después de cumplir los 75 años, lo que no está permitido judicialmente.
En este entramado de situaciones surge otro intento del presidente de Estados Unidos Donald Trump por “ayudar” a la campaña electoral de Milei de “exigir” a Gran Bretaña la devolución de las Islas Malvinas a Argentina, ante lo que Londres reaccionó con dureza el gobierno británico.
https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/04/25/mundo/argentina-ordenan-embargar-bienes-de-la-ex-presidenta-cristina-fernandez-y-sus-hijos
Racistas son los otros
Elvira Lindo
La joven ha vuelto a casa y le ha contado a su madre que al ir a sentarse en el autobús ha visto cómo la señora de al lado se aferraba a su bolso. La joven llegó a España desde un país africano cuando era bebé, hoy es una brillante estudiante universitaria. No parece darle mayor importancia a la anécdota, pero su madre no puede evitar preguntarse si la actitud despreocupada de su hija no es consecuencia de estar acostumbrada a este tipo de situaciones. Sus amigas suelen decirle que no la ven negra, que la ven como una más entre ellas, ¿blanca? Con esto desean demostrarle que la quieren; pero ella es negra y así quiere ser amada. Negra y esbelta, tanto, que quienes la miran piensan, por qué no se hace modelo, y a veces se lo dicen, podrías ser modelo. Nadie está libre de expandir estereotipos, nadie está libre de albergar unas gotitas de racismo en la sangre. Seguramente, la buena señora que agarró su bolso en el autobús lo hizo como un acto reflejo. En España pensábamos que los racistas estaban en Estados Unidos, no se nos pasaba por la cabeza considerar que apenas teníamos inmigración extranjera. Nuestro racismo doméstico se mostraba con los compatriotas del sur, pero a eso se le llamaba clasismo. También creíamos que incluso los estadounidenses habían desterrado el racismo tras el supuesto fin de la segregación. Veíamos en el cine de Hollywood la épica del ocaso de la esclavitud, de la violencia del sur que parecía acabar con la marcha hacia Washington y asumíamos el final feliz. Tuvieron que llegar Baldwin, bell Hooks, Ta-Nehisi Coates y otros para explicarnos qué sigue significando ser negro en Estados Unidos. Ahora es el latino quien permite que el supremacismo blanco renueve su razón de existir.
Nosotros, que habíamos sido los morenos de Europa, no recibíamos apenas inmigración, una de las poderosas razones por las que nuestra cultura fue mucho más opaca en cualquiera de sus manifestaciones. Pero una vez que empezaron a llegar inmigrantes africanos y latinos comprobamos que estamos capacitados para el racismo como cualquiera y en cualquiera de sus grados, de agarrar la cartera para que no te la afanen hasta detener a un negro en la puerta de su casa sin motivo aparente. Que la extrema derecha alimente nuestra desconfianza no es extraño, a lo largo de la historia esa excrecencia ideológica ha engordado gracias a dividir a la sociedad entre un ellos y un nosotros; que la derecha adopte el mismo discurso es aterrador. No debiéramos asumir esa separación tan señalada en las tertulias del original y la copia. Son iguales. No creo que quien pronuncia un discurso racista lo haga por agradar a un futuro socio, eso es aligerar su responsabilidad: quien tacha a los inmigrantes de posibles agresores de mujeres españolas conoce bien la leyenda del violador negro en busca de blancas que alimentó los linchamientos en años de segregación; quien defiende el catolicismo como única religión ignora su propio credo y también a los españoles que no lo son; quien acusa a los menores de practicar la delincuencia prefiere alimentar su exclusión; quien afirma que los extranjeros copan las listas de espera de la sanidad miente, miente sabiendo que los trabajadores del campo viven a menudo en condiciones miserables; quienes temen que la pureza cultural se diluya parecen ignorar cuál es la mezcla que fluye por nuestras venas. Alimentan la desconfianza de unos trabajadores contra otros, como ha sido siempre, y prefieren tener en su mano la legalización de la trabajadora que cuida a la abuela, que la limpia y la pasea, para así poder controlar su explotación.
El racismo no se combate solo con palabras. Me pregunto por qué el sistema educativo no asume la tarea urgente de igualar desde la infancia, favoreciendo los lazos de amistad entre los niños para que cuando crezcan no se parezcan a esos adultos mezquinos a los que les molesta ser tildados de lo que son, racistas.
https://elpais.com/opinion/2026-04-26/racistas-son-los-otros.html
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