Por Giraldo Alayón García / Fundación Ariguanabo
La ciencia, entendida como el conjunto sistemático de conocimientos obtenidos mediante la observación, la experimentación y el razonamiento, constituye uno de los pilares fundamentales de la civilización moderna. Su impronta en la actualidad es tan profunda que resulta imposible concebir la vida contemporánea sin los avances, las aplicaciones y las reflexiones que de ella se derivan. Desde la medicina y la tecnología digital hasta la política, la economía y la cultura, la ciencia se ha convertido en un motor de transformación que redefine constantemente los límites de lo posible. Este escrito busca explorar, en un recorrido amplio y detallado, cómo la ciencia ha moldeado nuestro presente, cuáles son sus principales aportes, los desafíos que enfrenta y las perspectivas que abre hacia el futuro.
El tránsito desde la Edad Media hacia la modernidad estuvo marcado por la emergencia de un método científico que permitió cuestionar dogmas y abrir paso a una visión racional del universo. La revolución científica de los siglos XVI y XVII, con figuras como Copérnico, Galileo, Kepler y Newton, sentó las bases de un paradigma que aún hoy guía la investigación y el conocimiento. La idea de que el mundo podía ser comprendido mediante leyes universales y verificables transformó radicalmente la relación del ser humano con la naturaleza y con sí mismo.
La ciencia se convirtió en el lenguaje universal de la modernidad. A diferencia de las ideologías o religiones, que dependen de contextos culturales específicos, la ciencia se basa en principios replicables y verificables. Un experimento realizado en un laboratorio de Tokio puede ser reproducido en Berlín o en La Habana, y los resultados serán comparables. Esta universalidad ha permitido que la ciencia sea un puente entre culturas y naciones, un terreno común en el que la humanidad puede dialogar y cooperar.
El impacto de la ciencia en la vida cotidiana es incuestionable. La electricidad, los antibióticos, los satélites y los microprocesadores son ejemplos de cómo descubrimientos científicos se traducen en tecnologías que transforman radicalmente la vida diaria. La posibilidad de comunicarnos en tiempo real con cualquier parte del planeta, de viajar en pocas horas a miles de kilómetros de distancia o de acceder a información ilimitada desde un dispositivo portátil son logros que, aunque hoy parecen naturales, son fruto de siglos de investigación científica.
Uno de los ámbitos donde la ciencia ha dejado una huella más visible es la salud. Los avances médicos han reducido la mortalidad y mejorado la calidad de vida de millones de personas. Las vacunas, los antibióticos, las terapias génicas y las técnicas de diagnóstico por imagen son hitos que han cambiado la historia de la humanidad. Enfermedades que en el pasado eran sinónimo de muerte segura hoy pueden ser prevenidas, tratadas o incluso erradicadas.
La pandemia de COVID-19 mostró tanto la vulnerabilidad global como la capacidad de la ciencia para generar soluciones rápidas. En menos de un año, se desarrollaron vacunas basadas en tecnologías innovadoras como el ARN mensajero, lo que permitió contener la propagación del virus y salvar millones de vidas. Este episodio evidenció la importancia de la inversión en investigación científica y la necesidad de sistemas de salud robustos y coordinados a nivel internacional.
Sin embargo, los avances científicos en salud también plantean dilemas éticos. La edición genética mediante técnicas como CRISPR abre la posibilidad de corregir enfermedades hereditarias, pero también genera debates sobre la manipulación de la vida y los límites de la intervención humana. La clonación, la inteligencia artificial aplicada a la salud y la creación de órganos artificiales son campos que, aunque prometedores, requieren una reflexión profunda sobre sus implicaciones sociales y morales.
La ciencia de la computación y las telecomunicaciones ha creado un mundo interconectado. Internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han transformado la manera en que nos comunicamos, trabajamos y nos relacionamos. La información fluye a una velocidad sin precedentes, y el acceso a conocimientos antes reservados a élites académicas se ha democratizado.
La inteligencia artificial es una de las expresiones más visibles de la ciencia aplicada en la actualidad. Desde asistentes virtuales hasta algoritmos de predicción médica, la IA está presente en múltiples aspectos de la vida cotidiana. Su capacidad para procesar grandes volúmenes de datos y aprender de ellos redefine la investigación científica y la toma de decisiones políticas y económicas. La IA no solo es una herramienta, sino también un campo de estudio que plantea preguntas sobre la naturaleza de la inteligencia y la relación entre humanos y máquinas.
El Big Data, entendido como la capacidad de procesar grandes volúmenes de información, ha revolucionado la investigación científica. En áreas como la astronomía, la biología y la economía, el análisis de datos masivos permite descubrir patrones y tendencias que antes eran invisibles. Esta nueva forma de conocimiento, basada en la estadística y la computación, complementa y amplía los métodos tradicionales de la ciencia.
La ciencia ha demostrado con evidencia sólida el impacto humano en el calentamiento global. El cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, y la investigación científica ha sido clave para comprender sus causas y consecuencias. Los modelos climáticos, basados en datos de temperatura, emisiones y patrones atmosféricos, han permitido prever escenarios futuros y diseñar estrategias de mitigación.
La búsqueda de energías renovables es otro campo donde la ciencia desempeña un papel crucial. La investigación en energía solar, eólica y nuclear de fusión busca alternativas sostenibles que reduzcan la dependencia de los combustibles fósiles. Estos avances no solo tienen implicaciones ambientales, sino también económicas y geopolíticas, al redefinir las fuentes de poder y riqueza en el mundo.
La biología y la ecología permiten diseñar estrategias para preservar especies y ecosistemas. La conservación de la biodiversidad es esencial para mantener el equilibrio del planeta, y la ciencia ofrece herramientas para monitorear, proteger y restaurar hábitats naturales. La genética, por ejemplo, se utiliza para estudiar poblaciones en peligro y diseñar programas de reproducción que eviten la extinción.
La ciencia no es un fenómeno aislado, sino que está profundamente entrelazada con la sociedad. En el ámbito político, las políticas públicas basadas en evidencia fortalecen la gobernanza y la toma de decisiones. La economía del conocimiento, impulsada por la innovación científica, es motor de competitividad y desarrollo. Los países que invierten en ciencia y tecnología suelen tener mayores niveles de bienestar y crecimiento.
La ciencia también tiene un impacto cultural. La divulgación científica y la educación fomentan una ciudadanía crítica y consciente. Programas de televisión, libros de divulgación y plataformas digitales acercan la ciencia a públicos amplios, rompiendo barreras de acceso y comprensión. La cultura científica es esencial para enfrentar los desafíos contemporáneos, desde la desinformación hasta la toma de decisiones responsables.
A pesar de sus logros, la ciencia enfrenta desafíos significativos. El auge de noticias falsas y teorías conspirativas amenaza la confianza en la ciencia. La desinformación, amplificada por las redes sociales, puede socavar campañas de vacunación, políticas ambientales y avances tecnológicos. Combatir este fenómeno requiere no solo más investigación, sino también estrategias de comunicación efectivas y accesibles.
El acceso desigual a los beneficios científicos es otro problema. No todos los países ni comunidades tienen el mismo acceso a tecnologías médicas, educativas o digitales. Esta brecha científica y tecnológica perpetúa desigualdades sociales y económicas. La ciencia, para ser verdaderamente transformadora, debe ser inclusiva y equitativa.
La ética y la responsabilidad son aspectos centrales de la ciencia contemporánea. El progreso científico debe equilibrarse con la justicia social y el respeto al medio ambiente. La investigación en inteligencia artificial, biotecnología y exploración espacial plantea preguntas sobre los límites de la intervención humana y la necesidad de marcos regulatorios globales.
El futuro de la ciencia abre horizontes fascinantes. La exploración espacial, con proyectos para colonizar Marte y establecer bases en la Luna, representa un nuevo capítulo en la historia humana. La biotecnología y la nanotecnología prometen revolucionar la medicina y la industria, creando materiales y tratamientos que hoy parecen ciencia ficción.
La ciencia también invita a reflexionar sobre la filosofía y el sentido de la existencia. Más allá de los avances técnicos, la ciencia plantea preguntas sobre la naturaleza del universo, la vida y la conciencia. La relación entre ciencia y filosofía es esencial para construir valores y orientar el uso responsable del conocimiento.
La ciencia no es solo un conjunto de conocimientos, sino una forma de mirar el mundo y de transformarlo. Su impronta en la actualidad es profunda y multifacética: nos da herramientas para enfrentar problemas globales, nos conecta en un planeta interdependiente y nos invita a reflexionar sobre los límites de nuestra propia humanidad. El reto es garantizar que este poder se use con responsabilidad, equidad y visión de futuro. La ciencia, en definitiva, es el espejo en el que la humanidad se reconoce y el camino por el que avanza hacia lo desconocido.
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Varias personas sin hogar han muerto en los últimos días en las calles de diversas ciudades españolas,
pese al refuerzo de los dispositivos de atención ante las bajas temperaturas desplegados por ayuntamientos e instituciones. Pero, como señala a EFE, el director de Hogar Sí, José Manuel Caballol, el frío es una de las causas de estos fallecimientos, pero no la única.
Solo en Barcelona, desde finales de 2025 y principios de 2026, han muerto cinco personas sin hogar en cinco semanas. En Cádiz, en 48 horas fueron hallados sin vida dos hombres, uno de 78 años, y el otro de 55, una persona muy conocida en el entorno del hospital Puerta del Mar.
El fin de semana fue encontrado muerto en Vilagarcía de Arousa (Pontevedra) una persona que pasaba la noche de manera habitual en una galería comercial y la Policía Local de Torrevieja (Alacant) halló este lunes el cuerpo sin vida de un hombre que dormía en el patio de un antiguo parvulario de monjas.
Algunas entidades sociales han denunciado que los dispositivos especiales activados por muchos municipios en el cierre del año y el inicio de 2026 por las bajas temperaturas son insuficientes y resultan ineficaces para proteger a estas personas.
Más camas en los albergues y pisos municipales, patrullas nocturnas de reparto de alimentos calientes, sacos de dormir y ropa de abrigo, e iniciativas como la de la librería navarra Katakrak que acoge a 16 personas que viven en la calle, son algunas de esas medidas de emergencia.
En algunos recursos, como el Albergue de Acogida Princesa Letizia en Santander son acogidos junto a sus mascotas. Pero las entidades en contacto con las personas sin hogar reclaman, al margen de abordar estas situaciones de emergencia, soluciones estructurales.
30 años menos de esperanza de vida
Las personas sin hogar tienen 30 años menos de esperanza de vida que la población en general, alertan varios estudios. Las condiciones de vivir de manera prolongada en la calle provocan en muchos casos una salud muy deteriorada que puede llevar a una muerte prematura, explica el responsable de Hogar Sí, organización de acompañamiento a las personas sin hogar. "Mueren cuando hace frío, pero también durante el verano con el calor".
"En muchos casos, fallecen de una manera muy prematura con respecto a la población general; son muertes que con toda seguridad serían prevenibles y evitables si las personas tuvieran otras condiciones de vida", añade.
Cree que los recursos de atención son insuficientes, pero no durante la campaña del frío, sino durante todo el año. "Tenemos una red que apenas cuenta con 25.000 camas y un problema de más de 40.000 personas sin hogar".
A su juicio, hay que abordar esta problemática con políticas basadas en soluciones de vivienda, con el acompañamiento de profesionales, que ha funcionado en otros países como Finlandia.
Desde noviembre, Cruz Roja reforzó la atención a personas sin hogar, con más unidades móviles de Emergencia Social, que en sus rutas nocturnas ofrecen bebidas calientes y mantas, pero también información de recursos temporales donde alojarse y conversación que permite a los equipos evaluar problemas de salud que requieran de atención inmediata.
Según la portavoz de atención a personas sin hogar, Magdalena Palomo, en 2025 aumentaron las personas acompañadas en esta situación superando las 23.000. Ocho de cada diez son hombres.
"La foto fija es la de un hombre de entorno a los 43 años, pero en el día a día se percibe un incremento sobre todo de jóvenes migrantes y extutelados también nacionales, colectivos de mujeres por todas las violencias añadidas y, en menor porcentaje, empieza a haber una población mayor de 65 años", señala a EFE.
Considera que la suma de factores, como los problemas de vivienda o los fallos en los sistemas de protección, sanitario, laboral o educativo inciden en el aumento de situaciones "más extremas de exclusión, que son las que luego se traducen en la calle".
https://www.publico.es/sociedad/varias-personas-hogar-mueren-ultimos-dias-pese-operativos-frente-frio.html#google_vignette
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