lunes, 13 de agosto de 2018

El desesperado intento de “meter la cuchara”por algunos intelectuales

Por Charles Romeo

Quienes se dedican al estudio de las ciencias sociales utilizan sus conocimientos para interpretar esa realidad que denominamos sociedad y lograr entenderla, por lo cual consideran que están en condiciones de poder opinar críticamente sobre su estado real. Si en el campo de las ciencias sociales hubiera una sola explicación de esos fenómenos, las opiniones de los científicos sociales expresarían esa realidad con mayor o menor percepción y las eventuales diferencias se limitarían a una cuestión de mayor o menor amplitud explicativa, que podrían llevar a planteamientos discrepantes. En economía, el campo al que me dedico, hay toda una corriente de pensamiento que cree firmemente en que hay una sola concepción teórica económica y que los análisis económicos se caracterizan por la mayor o menor incidencia en ellos de ciertos aspectos particulares de la realidad que se trata de explicar, a los que el autor concede preeminencia.

Me formé inicialmente en esa concepción de la ciencia económica que, en última instancia, pretende explicar esos fenómenos mediante leyes objetivas de comportamiento, a la imagen de las que rigen en las ciencias que estudian la naturaleza. Así, por ejemplo, la famosa ley de la oferta y de la demanda determina que si el precio del pollo es muy bajo, habrá poca oferta de pollos en el mercado, pero, si su precio se eleva, automáticamente se elevará también la oferta de pollos y, más aún, la competencia por vender determinará que los productores de pollo trabajen de manera que puedan reducir sus costos y por consiguiente el precio de oferta. La ley de la oferta y de la demanda es como la ley de la gravedad: las piedras caen cuando las sueltas y ¡se acabó la discusión!

Aunque oí hablar de ellos durante mis estudios universitarios, fue después que tropecé con las ideas de esos dos alemanes denominados Marx y Engels y, gracias a que Engels fue un extraordinario divulgador de las ideas concebidas por ambos, un día, y por recomendación de mi jefe, nada menos que en el tradicional Banco Central de Chile, quien como me entere posteriormente era comunista, me enfrente al libro de Engels titulado “Ludwig Feuerbach o el fin de la filosofía clásica alemana”. Mi primera reacción fue ¿Qué tiene que ver la filosofía con la ciencia económica? Pero al leerlo, confieso que con dificultad, logré finalmente entender que lo establecido por el filósofo Hegel --que todo lo real es racional-- debe interpretarse, para que rija ese principio, 
como que lo real debe ser necesario. ¿Y quién determina, o mejor dicho, cómo se determina si la realidad social es necesaria? La pregunta ya había sido contestada por Marx y el propio Engels al explicar que la historia humana era la historia de la lucha de clases antagónicas, que siempre había existido a lo largo del tiempo y por lo que se dirime esa cuestión. Una comprobación histórica de esa explicación también la obtuve en un libro que igualmente me fue recomendado, el de Howard Fast sobre la rebelión de los esclavos liderada por Espartaco, conocimiento que agregué al que tenia de la Revolución Francesa y, por simple extensión de la idea, al de la Revolución Rusa de 1917.

Cuando ya en 1959 y en Cuba leí “La historia me absolverá”, de Fidel Castro, llegue a la conclusión que su programa a desarrollar, después del triunfo revolucionario emprendido el 26 de julio de 1953, era en el fondo cambiar la realidad social, económica y política de Cuba por otra, toda vez que la existente la considerada innecesaria y debía dar paso a otra solución racional considerada necesaria. No había duda: estaba metido de lleno en una revolución social, tal como lo había aprendido de Marx y de Engels. Que era verde olivo, no había duda alguna de ello, pero, como el melón, era roja por dentro. Todos sabemos cómo ese color interior salió al exterior y caracterizo al proceso revolucionario.

No logré comprender en aquellos días que la realidad necesaria que pretendían construir los cubanos --y, seamos sinceros: que pretendía construir Fidel y de lo cual convenció a la inmensa mayoría del pueblo cubano--, era nada menos que una manera de existencia colectiva que definiría concretamente el concepto de como debía ser el humanismo en Cuba. Por no ser capaces de interpretar en esos días los objetivos finales que perseguía, comprendo ahora que no tenían para él sentido las prudentes recomendaciones económicas que se le proponían, para que las hiciera suyas, esa “fuerza telúrica” que era Fidel a sus 33 años de edad, como lo denominó mi amigo Regino Boti y su Ministro de Economía, a menos que el propio Fidel las concibiera oportunas para los fines que perseguía.

No obstante, ya vinculado al Gobierno Revolucionario, la idea central que finalmente logramos entender era que en un proceso revolucionario solamente hay una sola dirección posible: hacia adelante, hacia su desarrollo; que en la práctica significaba una sola cosa: seguir a Fidel y, en mi caso, también al Che, que era mi jefe directo. Los pocos economistas venidos a reforzar a los también pocos colegas cubanos revolucionarios, vestíamos de miliciano con pistola al cinto y nos movilizábamos cada vez que nos citaban para ello, y cuando le "exigimos" al Che que también queríamos combatir, nos puso en nuestro lugar al decirnos “Ustedes dedíquense a trabajar, que para defender la Revolución sobran cubanos”.

Y llegamos al socialismo del cual nadie sabía nada, incluyendo a los compañeros del PSP, quienes creían que sí sabían, por sus lecturas y eventuales viajes a los entonces países socialistas. Pero, ingenuamente, creímos que nuestros asesores soviéticos y checoslovacos sí sabían cómo era ese sistema que nos aseguraban racional y que funcionaba satisfactoriamente, por lo cual y con el tiempo en Cuba
 también llegaríamos a eso que denominábamos el socialismo desarrollado, existente en Europa.

Pero ese espíritu iconoclasta que se desprendía de los discursos de Fidel y del Che, así como de los escritos sobre economía de este último, nos fueron impregnando de una actitud crítica ante el socialismo real que nos traspasaron los entonces camaradas europeos.

En mi caso, el primer “choque” fue con la establecida ley del desarrollo socialista, que dice que, ante todo, hay que desarrollar la industria productora de medios de producción, para después poder desarrollar la producción de bienes de consumo. ¿Por qué debía ser así en nuestro caso, si existía el comercio exterior y podíamos adquirir los medios de producción necesarios sin necesidad de fabricarlos mediante el expedito procedimiento de pagarlos con azúcar que si sabíamos producir y, entre paréntesis, de primera calidad? De hecho, a finales de 1960 el Che regresó de un largo viaje por los países socialistas durante el cual compró para Cuba varias centenas de millones de dólares en fábricas completas, equipamiento y maquinas, herramientas con créditos a pagar en un largo plazo.

Nos enfrascamos en el Ministerio de Industrias en la tarea de hacer funcionar las industrias estatizadas y, además, en poner a funcionar lo que Che había adquirido y que empezó a llegar a los puertos cubanos. Pero, mientras tanto, por falta de caña, la producción de azúcar cayó de 6 millones de toneladas en 1961 a solo 4,8 millones en 1962, y a solo 3,8 millones en 1963.

Aunque el Ministerio de Industrias controlaba únicamente a los ingenios azucareros, me pareció que era necesario alertar al Che de esta situación, a los efectos de que él, en tanto que dirigente político, planteara esta cuestión en el Gobierno para que se rectificara. Mi tesis era que el azúcar era básicamente nuestra única forma de pagar importaciones, por lo que la necesitábamos para industrializarnos, y que había que darle la necesaria prioridad a esa actividad. Conociendo de los estudios de matemática del Che bajo la guía del compañero Villaseca, acompañaba mi argumentación con un modelo matemático de la reproducción ampliada, en el cual introduje el comercio exterior para demostrar que, en nuestro caso, la fuente de los medios de producción necesarios era la producción azucarera. Che ordenó a sus Viceministros reunirse conmigo para discutir mi documento, que él calificó de “pesimista”, reunión durante la cual fui obviamente acusado de proponer el mantenimiento del monocultivo azucarero en Cuba.

A poco tiempo pasé a trabajar como asesor de Carlos Rafael Rodríguez, Presidente del INRA, a raíz de lo cual, siguiendo mi línea de pensamiento, examiné el plan productivo de la agricultura estatal, demostrando que, con la poca aerotecnia de que disponíamos, era más rentable producir caña de azúcar en las tierras dedicadas a la producción de cultivos para sustituir importaciones de cuyos cultivos no había experiencia en Cuba.

A los pocos meses, el asesor del Presidente Dorticós --mi antiguo jefe en el Banco Central de Chile, al que había convencido de venir a trabajar en Cuba--, me llamó para decirme que había recibido la orden de investigar cuánta azúcar era capaz de producir Cuba y que debería acompañarlo en esa tarea como representante del INRA, conjuntamente con los responsables de la producción cañera y azucarera estatales. El resultado de ese trabajo que llevamos a cabo entre 1963 y principios de 1964, fue una meta de 9 millones de toneladas de azúcar en la zafra de 1970-71, que el Gobierno elevó a 10 millones.

En 1963 me pidieron que fuera uno de los profesores de economía política en la recientemente creada Facultad de Economía de la Universidad de La Habana, a raíz de lo cual tuve la suerte de conocer y ser alumno del eminente profesor de la Universidad Lomonosof, el hispano soviético Anastasio Mansilla, quien al constatar nuestra ignorancia de la economía política marxista organizó, bajo su dirección, un seminario de estudio de El Capital. Sabedor de ello, el Che le pidió a Mansilla que también organizara uno en el Ministerio de Industrias, al que asistió regularmente y que duró cerca de dos años.

Al llegar al estudio del esquema de la reproducción ampliada del capital social, resulta evidente que, en el proceso de intercambio mercantil, hay una transferencia gratuita de valor del sector que usa menos intensamente capital bajo la forma de equipamiento, al que lo emplea con mayor intensidad. Ese planteamiento de Marx se correspondía con los estudios del economista argentino Raúl Prebish, quien había demostrado como en el intercambio internacional los países con menos intensidad de capital que conforman la periferia del sistema capitalista, deben transferir cada vez mas de sus productos para adquirir los que provienen del centro desarrollado del sistema, lo que se denomina el deterioro secular de los términos del intercambio. La conjunción de ambas fuentes nos llevó a establecer que, en esas condiciones, había un intercambio desigual de valores entre los países subdesarrollados y los desarrollados, relación injusta que no podía repetirse en el comercio exterior entre países socialistas desarrollados y subdesarrollados, toda vez que eso no podía ser propio del sistema internacional socialista. Por consiguiente, el azúcar que producía Cuba no podía ser vendida a los países socialistas desarrollados al precio internacional mayorista del mercado de Londres o de Nueva York, que en esa época era del orden de 2 centavos de dólar la libra.

Yo no sé cómo lo logró Fidel, pero regresó de un viaje a la URSS después de haber negociado un precio de 6 centavos la libra, para el azúcar cubano. Por su parte, el Che, en una reunión internacional en 1965, declaró a nombre de Cuba que el desarrollo de los países del Tercer Mundo que se independizaran “debería costarle” a los países socialistas desarrollados, planteamiento que fue considerado escandaloso por esos países. No obstante, en la práctica Cuba logró una relación de intercambio muy favorable en su comercio con el campo socialista que sus integrantes aceptaron, pero según ellos únicamente por razones políticas: los países socialistas estaban dispuestos “a pagar” por el establecimiento del socialismo en América a solo 90 millas de los Estados Unidos.

Si alguna significación tuvieron para los Dirigentes cubanos esas inquietudes en materia de concepción del socialismo fue, a nuestro entender, porque se correspondían con los objetivos estratégicos de la Revolución que ellos perseguían. Esa es la condición fundamental para que los intelectuales y en particular los científicos sociales colaboren positivamente con sus ideas al desarrollo de la Revolución, lo que queda comprendido en las palabras de Fidel a los intelectuales, “Dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada”.

Pero hay otro campo adicional en el cual pueden colaborar los intelectuales y es el que responde a ese lema de los estudiantes franceses en mayo de 1968, “la imaginación al poder”, proponiendo soluciones originales y hasta iconoclastas para algunos. Eso fue lo que sucedió cuando jóvenes oficiales del MININT con “desviaciones intelectuales”, le propusieron en 1978 a Fidel crear una empresa siguiendo el modelo capitalista y registrada en un “paraíso fiscal”, como se les denomina ahora, para poder hacer lo que las empresas estatales socialistas no podían hacer debido a las restricciones propias del orden burocrático al que están sometidas. Así fue como con la autorización de Fidel pero sin ningún aporte financiero, se crearon y registraron en Panamá las “sociedades anónimas” Corporación Cimex S.A. y Havanatur S.A. De inmediato se les encargó resolver el problema de establecer una solución para crear e instrumentar el turismo hacia Cuba de la comunidad cubana residente en los Estados Unidos. En 1979, primer año de operación, se logró traer 100.000 personas a Cuba, estableciendo ese año en los propios EE.UU. y sin darse cuenta de ello, la operación chárter individual más grande en ese país, pese a la total ignorancia inicial en materia de turismo internacional por quienes lo hicieron. Cuando se los dijo el abogado especialista en cuestiones aeronáuticas que se había contratado en Washington, descubrieron que “estaban hablando en prosa sin saberlo”. Terminó el año 1979 con una ganancia neta de unos 40 millones de dólares bajo la forma de dinero en depósitos a plazo fijo en distintos bancos internacionales. A finales de 1982 ya Cimex S.A. tenía un patrimonio líquido de unos 100 millones de dólares, lo que le permitió ese año financiar la compra de unas 300.000 toneladas de azúcar al Ministerio de Comercio Exterior de Cuba para poder cumplir compromisos internacionales de venta, ganando Cimex en esa operación unos 20 millones de dólares.

Este largo relato de experiencias acontecidas y poco divulgadas constituye una introducción necesaria para evaluar por nuestra parte la multiplicidad de proposiciones sobre qué debe hoy en día hacerse en Cuba por intelectuales cubanos y algunos no cubanos o residentes fuera de Cuba.

¿Con la Revolución y en el único sentido posible, hacia adelante en su desarrollo, o “modificando” la Revolución dirigiéndola por “realismo” hacia atrás o hacia un lado, por otros caminos, subrayando problemas efectivamente aun no resueltos? Detrás de la fraseología y de los análisis, no se manifiesta de manera explícita el meollo de la cuestión: qué se entiende por necesario, por qué, y cuáles serán sus consecuencias, tal como lo explicó Federico Engels hace ya mucho tiempo.

Todos tenemos el derecho de tener nuestras propias opiniones y hasta de decirlas. Pero hay que ser honestos y francos. Si no están de acuerdo con lo que la Revolución ha creado, díganlo. Si consideran que se ha seguido un rumbo equivocado y proponen otro, díganlo también, pero con franqueza. Claro está que, por otra parte, la inmensa mayoría de los cubanos ya opinaron al respecto cuando se discutieron y aprobaron los 311 Lineamientos, que dicen sintéticamente que los cubanos quieren mantener lo que ya han logrado y mejorarlo. A mi entender, la dirección a seguir que proponen es hacia adelante. Y finalmente, son ellos los que mandan en este país.

La Habana, 4 de agosto del 2018

miércoles, 8 de agosto de 2018

Encuentran yacimiento de Internet en el Golfo de México *

Por Isabel Cristina López Hamze

Noticias del Verano continúa informando sobre el acontecer nacional

Encuentran yacimiento de Internet en el Golfo de México

En la cuenca oceánica contenida entre los litorales de México, Estados Unidos y Cuba se encontró, recientemente, un yacimiento de Internet. Los estados mexicanos que tienen costa con el golfo: Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán; y los estadounidenses: Florida, Alabama, Misisipi, Luisiana y Texas reclamaron su parte en las excavaciones. Sin embargo, La Isla de Cuba, posicionada en la parte oriental del golfo, logró demostrar que tiene todos los derechos sobre el yacimiento.

Luego de una investigación, se determinó que el Internet crudo se encuentra retenido por una singular formación de rocas suprayacentes con baja permeabilidad que presenta la forma de un caimán dormido. Este elemento constituyó la prueba decisiva ante la Comisión Internacional de Yacimientos para entregar la propiedad del reservorio al Estado Cubano.

Nuestro país declara que cuenta con todos los recursos materiales y humanos para la pronta extracción. Las más avanzadas tecnologías agilizarán el proceso de perforación en sus etapas de exploración, desarrollo y producción. Los últimos informes indican que la presión de las redes físicas heterogéneas es suficiente para la salida natural del Internet a través del pozo, pero en los próximos días será necesario utilizar técnicas para la extracción tales como: bombas, la inyección de gas o fracturación hidráulica.

Los Ministerios involucrados informarán, en los próximos días, si el Internet será para la exportación o para el consumo nacional. Se cree que la exportación de Internet pudiera convertirse en un renglón fundamental para nuestra economía, sin embargo, cientos de cubanos han manifestado, en las redes sociales, su inconformidad con la posible exportación y su negativa  a recibir, por la cuota, un Internet mezclado.

A la par de la implementación de los procedimientos tradicionales, un grupo de científicos e ingenieros cubanos trabajan en la construcción de una plataforma submarina que permita extraer el Internet a mano limpia, con el empleo de mínimos recursos tales como un esnórquel y un traje de baño térmico. Esta iniciativa tributa al cuidado del medio ambiente y, sobre todo, posibilita la extracción de Internet por esfuerzo propio.

Bajo el lema: “Internet para todos”, este grupo piloto gestiona también el protocolo que incluye los trámites para aspirar a ser un extractor por cuenta propia: pruebas médicas, revisión de los antecedentes penales, avales del CDR y el centro de trabajo, título universitario y un entrenamiento de 10 días en la Bahía de La Habana. Con el cumplimiento de los requisitos se podrá obtener el carnet de extractor por cuenta propia y un bono para comprar esnórquel y traje de baño.

Noticias del Verano, como buena agencia periodística, apuesta por el Internet para todos pero, como “los cínicos no sirven para este oficio”, alerta sobre la proliferación de extractores ilegales en las aguas del Golfo de México.

* Fuente: Facebook de Isabel Cristina López Hamze

jueves, 2 de agosto de 2018

El proceso de cambiar todo lo que debe ser cambiado

Por Charles Romeo

Creo que es de interés tratar de precisar cómo es que se ha llegado a la conclusión de que era imprescindible introducir cambios en la organización de la sociedad cubana definida como socialista y, sobre todo, a la definición de los cambios más trascendentes considerados necesarios que se les propone a los cubanos para su aprobación.

Todo este proceso se inicia cuando, hace ya más de ocho años, se convocó a todo el pueblo a discutir qué había que hacer para mejorar el socialismo cubano, que si bien había logrado sobreponerse al derrumbe del campo socialista, al cual había integrado su economía, no podía seguir funcionando como antes en la nueva situación internacional en que, desde 1991, debía desenvolverse Cuba.

Esa consulta popular desembocó, en el 2011, en los 311 Lineamientos, según los cuales la conclusión de los cubanos era, en síntesis, conservar todo lo bueno que se había logrado en medio siglo de Revolución, y mejorarlo. Así se definía concretamente al socialismo cubano como el humanismo logrado, entendiendo por este concepto las condiciones de vida y las ideas compartidas bajo las cuales este pueblo había organizado su vida en el archipiélago en donde habita. Pero, para mejorarlo, era necesario cambiar todo lo que debía ser cambiado, tal como Fidel lo expresó en el 2006. Pero cambiar, vale decir volver a determinar, era negar hasta donde fuera necesario aspectos de lo ya existente, lo cual chocaba con una idea que había sido divulgada durante décadas, de que únicamente existía una sola organización socialista de la sociedad, basada en ciertos principios inmutables.

De hecho, logró primar una concepción de lo que es un proceso revolucionario que persigue un socialismo próspero y sostenible, expuesta por el General Raúl Castro en el 2011, según la cual el socialismo es “un trayecto hacia lo ignoto, hacia lo desconocido”, vale decir un proceso esencialmente transformador con resultados a veces sorpresivos con relación a los objetivos propuestos, reiterando la idea de Fidel Castro expuesta antes en el 2006, cuando dijo que “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Ambos enunciados expresan la idea de que un proceso revolucionario es esencialmente dialéctico y por lo tanto trasformador.

Fue un adiós al determinismo, según el cual una vez establecido el socialismo, básicamente mediante el dominio de la propiedad estatal sobre todos los medios de producción y sus consecuencias, era solo una cuestión de tiempo lograr el desarrollo económico precursor de un nuevo estadio existencial, denominado comunismo. Fue también el adiós a un socialismo esquemático, considerado como el único real y por consiguiente posible. Pero, por otra parte, esa visión renovó la sensación de que continuaba la aventura emprendida por los cubanos el 1 de enero de 1959, por lo cual, a pesar de llevar más de medio siglo de Revolución, se mantenía la búsqueda del destino que le corresponde al pueblo cubano. Toma tiempo convencer de ello a más de 11 millones de cubanos que, en su vida, reiteran lo dicho por Marx: que los hombres sólo saben reproducir las condiciones de vida que conocen. Pero esta especie de inercia social que preside la manera de pensar tiene su aspecto positivo que, en este caso, se expresó por la voluntad de todos ellos, o al menos de una gran mayoría, de conservar todo lo bueno que les ha traído esta Revolución, todos los servicios sociales gratuitos de los que disponen y el hecho de que todos ellos se sienten no solamente iguales ante la ley sino también iguales en su derecho de existir y de realizarse plenamente durante su vida, lo que es, en esencia, el humanismo cubano que han creado y al que no están dispuestos a renunciar.

Primero fue el intento de diseñar un nuevo modelo económico y social a implementar en Cuba, que trató de conceptualizar lo que debe ser la economía socialista en el siglo XXI, según los cubanos, en un documento con más de doscientos acápites, de difícil síntesis conceptual, que fue aprobado por la Asamblea Nacional del Poder Popular, pero que despertó inquietudes en el pueblo con respecto a si no entraba en contradicción con valores y realidades existentes. Hacía falta enmarcar el socialismo cubano en un diseño legal y coherente que definiera claramente los rasgos del régimen económico, social, político e ideológico a establecer, para que se logre ese socialismo próspero y sustentable que se ambiciona. Ese ha sido el proyecto de Constitución de la República de Cuba, recientemente también aprobado por la Asamblea Nacional del Poder Popular para ser presentado al pueblo para su discusión y su aprobación.

En este proyecto de Constitución tres cambios fundamentales --y subrayo lo de fundamentales-- que caracterizaran una nueva etapa del socialismo en Cuba, han sido propuestos por la Asamblea Nacional del Poder Popular a la consideración de los cubanos:

--Reconocimiento y desarrollo de un sector privado en la economía que, por estar basado en la compra de fuerza de trabajo, es establecer nuevamente en Cuba lo que Marx denominó la relación social de producción capitalista que, aunque no sea dominante, llevará inexorablemente a la acumulación de riqueza por los neo capitalistas cubanos.



--Corolario de lo anterior, la consideración de la inversión extranjera en Cuba no solamente como deseable sino también como necesaria para construir en Cuba un socialismo “próspero y sustentable”.


--Reconocimiento de que en la nueva economía cubana que se quiere establecer, regirá la producción y circulación de mercancías, que conlleva la vigencia de la operatoria del mercado conjuntamente con la planificación nacional.



El carácter fundamental de estos cambios proviene del reconocimiento de que se están modificando tanto la estructura económica y por tanto también la estructura de clases sociales existentes en el país, así como la manera en que los diferentes elementos de la nueva estructura social van a interrelacionarse entre sí y la manera en que los propios cubanos van a interpretar esta nueva realidad. No está de más decir que esos cambios conformarán nuevas contradicciones en el seno de la sociedad cubana, algunas de las cuales ya se están manifestando, como el nacimiento y desarrollo de la clase minoritaria de los neo-ricos, conjuntamente con la mayoritaria constituida por trabajadores asalariados. La interpretación de esos cambios como fundamentales en el proyecto propuesto de nueva Constitución de la República de Cuba, se basa en las ideas del marxismo clásico, el de Marx y Engels.



¿Es que esa propuesta a los cubanos, preparada por una comisión de sus representantes a la Asamblea Nacional del Poder Popular, responde a las discusiones de los intelectuales cubanos sobre como concebir el futuro del país, o más bien al diagnóstico de problemas trascendentes y de sus consecuencias, por parte de la dirección política del país, respondiendo a lo manifestado por el pueblo cubano en la consulta del 2011? (1) 



Todo parece indicar que lo acontecido ha sido el resultado de un enfoque pragmático de la realidad, más que de uno teórico, con la excepción de lo expuesto por el General Raúl Castro en el 2011. Porque hay que recordar cuando algunos años atrás --y si mal no recuerdo antes del 2011, con antelación a la gran discusión nacional sobre el qué hacer que dio lugar a los 311 Lineamientos--, el Gobierno hizo público que sobraba un millón de trabajadores en el sector estatal que habría que despedir, a la par que el 42% de las tierras propiedad del Estado no estaban siendo cultivadas, lo que dio lugar a que forzosamente, para no condenar a esos cubanos al desempleo, era inevitable autorizarlos a que se ganaran la vida por su cuenta y que, si querían y podían hacerlo, se les entregarían tierras estatales en usufructo para su explotación individual y se les arrendarían algunas instalaciones estatales para que las operaran por su cuenta.



Guste o no, ese fue el momento en que se aceptó como inevitable y necesaria, a nivel del Gobierno, la autorización para que se constituyera un sector económico privado que se sumaba a la existencia de los pequeños campesinos, tanto independientes como organizados en cooperativas. A raíz de ello dejó de tener validez aquella condición para la definición del socialismo, la apropiación por el Estado de todo el pueblo de los medios de producción de la sociedad, y se limitaba solamente a los considerados fundamentales y determinantes en la producción social. Se consideraba válida, por tanto, desde ese momento, también a la relación social de producción capitalista que descansa en la compra de la fuerza de trabajo, compatible con el socialismo.



Hay que recordar también el anuncio por parte del Ministro del Comercio Exterior y de la Inversión Extranjera, que no dejó de tener una cierta connotación dramática, la presentación de la nueva ley que permitía las inversiones extranjeras en Cuba, cuando señaló que esa era la solución para poder lograr un crecimiento económico anual del orden del 5 al 5,5 % en vez del 2% alcanzado con el nivel del ahorro nacional. En síntesis, el Ministro dijo que un más rápido crecimiento económico de Cuba solo era posible con la introducción de capital extranjero que, como su nombre lo indica, conlleva también reintroducir en el país la relación social de producción capitalista y la presencia de intereses económicos foráneos.



Esas decisiones imponían por simple lógica reconsiderar la interrelación operativa entre empresas --que desde ahora serian estatales y privadas--, que ya no descansaría exclusivamente en un procedimiento denominado planificación --que consiste en el cálculo “ex antes” por una burocracia administrativa que va desde el Consejo de Ministros hasta las unidades productivas--, de lo que deben hacer y cómo deben hacerlo los productores y los encargados de su circulación, procedimiento reiteradamente ineficiente por el pobre cumplimiento de esos planes, sino que en el futuro también deberían decidirlo por ellos mismos según las informaciones objetivas que les lleguen, al interrelacionarse con las demás unidades a las cuales están objetivamente vinculadas y con las cuales deben realizar sus cometidos. Conjunción de la planificación nacional con la operatividad del mercado, dos formas contradictorias de asignar los recursos sociales, lo que presupone la invención de un procedimiento para ello que todavía no existe y que habrá que inventar.



El recuento de la secuencia de lo que ha sucedido en materia de cambios, en ideas y propuestas, y del por qué ha sucedido, ratifica que se han debido a una actitud pragmática de la dirección política del país ante la realidad, y a una concepción correcta de cómo enfrentar el problema de hacer más eficiente el socialismo en Cuba.



¿Es que era posible otra manera de enfocar la problemática de mejorar la eficiencia del socialismo, después de su desplome en Europa, que la de Napoleón al contestar una pregunta sobre su manera de dirigir una batalla, cuando dijo: “Entro en combate y veo que debo hacer”, lo que nos recuerda eso de que construir el socialismo es “un trayecto hacia lo ignoto, hacia lo desconocido”, y que por tanto hay que atreverse a dar los pasos necesarios e inventar que hacer? Si es así, entonces bien vale la consigna de los estudiantes franceses en mayo de 1968: “La imaginación al poder”.



Al encarar el cómo transformar la realidad, surgieron propuestas de soluciones a definir y aprobar finalmente por los propios cubanos, quienes tienen la última palabra al respecto y que, por consiguiente, pueden volver a cambiarlas si así lo consideran. Para ello el nuevo proyecto constitucional contempla que para conservar y mejorar el humanismo que se ha logrado en Cuba, debe mantenerse la unidad cívica-militar de los cubanos y su expresión política mediante un partido único, a los efectos de garantizar la unidad mediante el procedimiento por el que las minorías aceptan las decisiones de la mayoría. Esa solución política es el caldero que contendrá en su interior al nuevo “ajiaco” económico y social en donde “se guisará” la nueva sociedad cubana.



Entre agosto y noviembre de este año, el pueblo cubano tendrá la última palabra al respecto.



La Habana, 30 de julio del 2018



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( 1) Esa pregunta plantea la cuestión del rol de los intelectuales en un proceso revolucionario y de cómo pueden contribuir a su desenvolvimiento explorando en el plano teórico la solución de problemas que van surgiendo, tema que amerita un tratamiento aparte.