martes, 17 de enero de 2017

Sigue el bloqueo

Impone Estados Unidos nuevas multas por violaciones del bloqueo a Cuba


El 12 y 13 de enero de 2017, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sendas multas a la organización no lucrativa Alianza para una Política Responsable hacia Cuba (ARCPF, en inglés) y al banco canadiense Toronto Dominion (TD), por montos de 10 000 y 955 750 dólares, respectivamente, por violar las regulaciones del bloqueo a Cuba.
Según el informe de la Oficina para el Control de Activos Extranjeros (OFAC), entre agosto de 2010 y septiembre de 2011, la ARCPF coordinó viajes a Cuba de ciudadanos estadounidenses, en violación de las regulaciones establecidas por el Departamento del Tesoro. Según arguye la OFAC, esa organización brindó servicios de viaje a dos grupos de viajeros, a sabiendas de que no eran actividades autorizadas. En el caso del banco canadiense Toronto Dominion (TD), alegó la realización de transacciones a través del sistema financiero de Estados Unidos en beneficio de una compañía canadiense, de la que es propietaria una empresa cubana. La OFAC señaló que entre 2003 y 2011, el banco realizó esas operaciones, incluyendo el financiamiento de actividades comerciales, también prohibidas por el bloqueo.
Estas nuevas sanciones, apenas una semana antes de que finalice el mandato del actual gobierno de Estados Unidos, demuestran la persistencia del bloqueo económico, comercial y financiero, y su alcance extraterritorial, con las consiguientes consecuencias negativas que esto tiene para el desarrollo de la economía y de las relaciones económicas externas de Cuba.
Desde los anuncios del 17 de diciembre de 2014, el gobierno de Estados Unidos ha multado a 11 entidades (7 estadounidenses y 4 extranjeras) por valor acumulado de 2 mil 843 millones 623 mil 359 USD.
Hasta la fecha suman 52 las multas impuestas durante el gobierno de Obama (2009-2016) por violaciones de los regímenes de sanciones contra Cuba y otros países. El valor acumulado de las penalidades asciende a 14 mil 404 millones 358 mil 605 USD.

Fuente: http://www.granma.cu/mundo/2017-01-16/impone-estados-unidos-nuevas-multas-por-violaciones-del-bloqueo-a-cuba-16-01-2017-18-01-38

lunes, 9 de enero de 2017

Mario Romeu

Para Belinda, Mayito y Rosalía.

Cuando transcurría mi último año de servicio militar, que fue en la revista Verde Olivo, se apareció en mi unidad Guillermo Rosales, un amigo escritor de mis tiempos en el semanario Mella, y me hizo pedir permiso para ausentarme del mando.  El me había prometido llevarme a casa de “una muchacha que hace canciones, como tú”. 

No recuerdo si agarramos una guagua o fuimos a pie. El lugar de destino hacía esquina en 17 y D, en el arbóreo barrio de El Vedado. Había que subir desde la calle hasta un amplio portal para llegar a la puerta, que estaba abierta. Guillermo tocó por cortesía, pero entró con confianza porque su familia y la de esa casa eran viejas amigas. La amable señora que nos recibió se llamaba Rosalía. Nos invitó a sentarnos y nos dijo que enseguida llamaba a su hija.

La muchacha que apareció era una adolescente delgada, con el pelo partido en dos por una raya que parecía un camino perfecto en un trigal, y se sentó recatadamente en un sofá que había a la derecha de la puerta de entrada. No recuerdo las presentaciones. La mamá de la chica, la única persona mayor de la escena (y aclaro que en realidad no era tan mayor), nos dejó solos a los jóvenes. Belinda, que así se llamaba la muchacha, evidentemente era tan tímida o más que yo y, luego de frases retraídas de ambas partes, sacó una guitarra y me la puso en las manos y me pidió que cantara alguna de mis canciones.

Por supuesto, yo iba vestido de militar y con mis enormes botas rusas. Y como una habichuela verde enroscada en si misma, al principio con vergüenza pero cada vez embullándome más, como solía sucederme, empecé a dejar salir lo que iba recordando: algunos temas recientes, como Quédate, y otros de unas semanas atrás, como En busca del tiempo perdido o El viento eres tú.

Cuando llevaba un rato cantando, detrás de Belinda se asomó un hombre de unos cuarenta años, algo escaso de cabellos y con unos brillantes ojos azules, que me soltó sin más: “Y esas canciones que tu cantas ¿de quién son?”… Aquella pregunta me congeló. Y antes de responder que las canciones eran mías, mi acelerada cabecita se dijo como en vértigo: ¿será que se parecen a otras canciones?, ¿será que yo las he escuchado y no son más que plagios?... ¿será…? Pero aún así me atreví a decir que mis canciones eran mías, o cuando menos yo pensaba que lo eran.

Y aquel señor bastante alto y gentilmente intimidante, después se disculpó: dijo que estaba en camiseta porque tenía un problema en la columna, porque se había tirado en un catre tieso al que acudía siempre que estaba en crisis. Decía esto y se sentaba frente a un piano que había en el rincón más alejado de sala, y allí empezó a tocar, una tras otra, las canciones que yo acababa de cantarle a su hija, canciones que apenas había escuchado mi madre, mis amigos más cercanos y algunos compañeros de armas que no tenían más remedio que soportarme en mis lamentables noches de encierro. Al final, se volvió hacia mi y me dijo: “Ya sé que en esta parte no era exactamente así. ¿Qué acorde era?, ¿este o este?...”

Aquel señor, según supe después, se llamaba Mario Romeu y era conductor de la orquesta de la radio y la televisión, además de director musical de varios de los programas televisivos más importantes del momento.

Después de esa noche, aquel genio increíble acabó aprendiéndose algunas de mis canciones mucho mejor que yo, y descubriéndoles adentro criaturas que yo no imaginaba que llevaban. Y no mucho después, cosa que no me canso de contar, acabó sentándome ante las cámaras de la televisión, gesto supremo que selló mi suerte.

Mario, vástago de la portentosa familia Romeu, había sido un niño prodigio que ganó una beca en un exquisito instituto musical norteamericano, a donde lo mandaron sus padres, hasta que unos meses después no soportó la soledad y se apareció en La Habana. Frank Fernández me contó que cuando estuvo en Cuba Víctor Merzhanov, el gran instrumentista y pedagogo ruso, quedó prendado de la excelencia pianística de Mario y hasta quiso llevárselo a Moscú.

Su proverbial miedo escénico solo le permitía tocar en público envuelto en sombras, como cuando hacía aquel extraño programa en contrastado blanco y negro que dirigía Cardentey: “En el atardecer”, donde Mario inventaba atmosferas insólitas desde un órgano Hammond. Tiempo después me lo encontré en el club nocturno Imágenes, haciendo brillantes y solitarias tandas. Más de una vez me propuse llevar una pequeña grabadora, pero no me atreví.

Hace unos pocos años Belinda un día me lo trajo a Ojalá, para con el pretexto de probar el piano grabarle algunas cosas. Hicimos varias sesiones, pero no se encontraba a gusto, o acaso sospechaba lo que le estábamos haciendo y pasaba de súbito de un tema a otro, o terminaba abruptamente las ideas que había comenzado. En ese sentido Mario Romeu fue un genio inatrapable. Sin embargo nada le complacía más que rememorar cualquier melodía para una visita súbita, como las que yo mismo acostumbraba.

Anoche Mario se nos fue. Según algunas cuentas tenía 92 años. Para mi tenía siglos; para mi todavía los tiene y seguro anda por algún discreto rincón del universo, llenándose de música como un gran agujero luminoso tragador de energías, preparando nuevos deslumbramientos desde su fértil timidez. 

domingo, 8 de enero de 2017

Empieza la era Trump...

Por Ignacio Ramonet

Unos días después del acuerdo entre Rusia y Turquía que permitió acabar con la interminable batalla de Alepo, leí en un célebre semanario francés el siguiente comentario: “La permanente crisis de Oriente Medio está lejos de resolverse. Unos piensan que la solución pasa obligatoriamente por Rusia, mientras que otros creen que todo depende de Turquía. Aunque lo que queda claro ahora es que, de nuevo y definitivamente –por lo menos cabe desearlo–, Rusia tiene en sus manos los argumentos decisivos para poner punto final a esa crisis”. ¿Qué tiene de particular este comentario? Pues que se publicó en la revista parisina L’Illustration... el 10 de septiembre de 1853.

O sea, hace ciento sesenta y tres años la crisis de Oriente Medio ya era calificada de “permanente”. Y es probable que lo siga siendo... Aunque un parámetro importante cambia a partir de este 20 de enero: llega un nuevo presidente de Estados Unidos a la Casa Blanca: Donald Trump. ¿Puede esto modificar las cosas en esta turbulenta región? Sin ninguna duda, porque, desde finales de los años 1950, Estados Unidos es la potencia exterior que mayor influencia ejerce en esta área y porque, desde entonces, todos los presidentes estadounidenses, sin excepción, han intervenido en ella. Recordemos que el caos actual en esta zona es, en gran parte, la consecuencia de las intervenciones militares norteamericanas decididas, a partir de 1990, por los presidentes George H. Bush, Bill Clinton y George W. Bush, y por el (más reciente) azorado apoyo a las “primaveras árabes” estimuladas por Barack Obama (y su secretaria de Estado Hillary Clinton).

Aunque globalmente la línea que defendió el candidato republicano durante su campaña electoral fue calificada de “aislacionista”, Donald Trump ha declarado en repetidas ocasiones que la Organización del Estado Islámico (OEI o ISIS por sus siglas en inglés) es el “enemigo principal” de su país y que, por consiguiente, su primera preocupación será destruirlo militarmente. Para alcanzar ese objetivo, Trump está dispuesto a establecer una alianza táctica con Rusia, potencia militarmente presente en la región desde 2015 como aliada principal del Gobierno de Bachar el Asad. Esta decisión de Donald Trump, si se confirma, representaría un espectacular cambio de alianzas que desconcierta a los propios aliados tradicionales de Washington. En particular a Francia, por ejemplo, cuyo Gobierno socialista –por extrañas razones de amistad y negocios con Estados teocráticos ultrarreaccionarios como Arabia Saudí y Qatar– ha hecho del derrocamiento de Bachar el Asad, y por consiguiente de la hostilidad hacia el presidente ruso Vladímir Putin, el alfa y el omega de su política exterior (1). 

Donald Trump tiene razón: las dos grandes batallas para derrotar definitivamente a los yihadistas del ISIS –la de Mosul en Irak y la de Raqqa en Siria– aún están por ganar. Y van a ser feroces. Una alianza militar con Rusia es, sin duda, una buena opción. Pero Moscú tiene aliados importantes en esa guerra. El principal de ellos es Irán, que participa directamente en el conflicto con hombres y armamento. E indirectamente pertrechando a las milicias de voluntarios libaneses chiíes del Hezbolá. 

El problema para Trump es que también repitió, durante su campaña electoral, que el pacto con Irán y seis potencias mundiales sobre el programa nuclear iraní, que entró en vigor el 15 de julio de 2015 y al que se habían opuesto duramente los republicanos en el Congreso, era “un desastre”, “el peor acuerdo que se ha negociado”. Y anunció que otra de sus prioridades al llegar a la Casa Banca sería desmantelar ese pacto que garantiza la puesta bajo control del programa nuclear iraní durante más de diez años, a la vez que levanta la mayoría de las sanciones económicas impuestas por la ONU contra Teherán.

Romper ese pacto con Irán no será sencillo, pues se firmó con el resto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Francia, el Reino Unido, Rusia) y Alemania, a los que Washington tendría que enfrentarse. Pero es que, además, como se ha dicho, el aporte de Irán en la batalla contra el ISIS, tanto en Irak como en Siria, resulta fundamental. No es el momento de enemistarse de nuevo con Teherán. Moscú, que ve con buenos ojos el acercamiento de Washington, no aceptará que esto se haga a costa de su alianza estratégica con Teherán.

Uno de los primeros dilemas del presidente Donald Trump consistirá, pues, en resolver esa contradicción. No le resultará fácil. Entre otras cosas porque su propio equipo de halcones, que acaba de nombrar, parece poco flexible en lo que respecta a las relaciones con Irán (2). 

Por ejemplo, el general Michael Flynn, su asesor de Seguridad Nacional (lo que Henry Kissinger fue para Ronald Reagan), está obsesionado con Irán. Sus detractores le definen como “islamófobo” porque ha publicado opiniones que muchos consideran abiertamente racistas. Como cuando escribió en su cuenta de Twitter: “El temor a los musulmanes es perfectamente racional”. Flynn participó en las campañas para desmantelar las redes insurgentes en Afganistán y en Irak. Asegura que la militancia islamista es una “amenaza existencial a escala global”. Igual que Trump, sostiene que la Organización del Estado Islámico es la “mayor amenaza” a la que se enfrenta EE.UU. Cuando fue director de la Agencia de Inteligencia para la Defensa (AID), de 2012 a 2014, dirigió la investigación sobre el asalto al consulado estadounidense de Bengasi, en Libia, el 11 de septiembre de 2012, en el que murieron varios “marines” y el embajador norteamericano Christopher Stevens. En aquella ocasión, Michael Flynn insistió en que el objetivo de su agencia, como el de la CIA, era “demostrar el papel de Irán en ese asalto” (3). Aunque jamás haya habido evidencia de que Teherán tuviera cualquier participación en ese ataque. Curiosamente, a pesar de su hostilidad hacia Irán, Michael Flynn está a favor de trabajar de manera más estrecha con Rusia. Incluso, en 2015, el general viajó a Moscú, donde fue fotografiado sentado al lado de Vladímir Putin en una cena de gala para el canal estatal de televisión Russia Today (RT), en el que ha aparecido regularmente como analista. Posteriormente, Flynn admitió que se le pagó por hacer ese viaje y defendió al canal ruso diciendo que no veía “ninguna diferencia entre RT y el canal estadounidense CNN”.

Otro antiiraní convencido es Mike Pompeo, el nuevo director de la CIA, un ex militar graduado de la Academia de West Point y miembro del ultraconservador Tea Party. Tras su formación militar fue destinado a un lugar de extrema tensión durante la Guerra Fría: patrulló el “Telón de Acero” hasta la caída del Muro de Berlín en 1989. En su carrera como político, Mike Pompeo formó parte del Comité de Inteligencia del Congreso y se destacó en una investigación que puso contra las cuerdas a la candidata demócrata Hillary Clinton por su pretendido papel durante el asalto de Bengasi. Ultraconservador, Pompeo es hostil al cierre de la base de Guantánamo (Cuba) y ha criticado a los líderes musulmanes de Estados Unidos. Es un partidario decidido de dar marcha atrás con respecto al tratado nuclear firmado con Irán, al que califica de “Estado promotor del terrorismo”.

Pero quizás el enemigo más rabioso de Irán, en el entorno de Donald Trump, es el general James Mattis, apodado “Perro Loco”, que estará a cargo del Pentágono (4), o sea, ministro de Defensa. Este general retirado de 66 años demostró su liderazgo militar al mando de un batallón de asalto durante la primera guerra del Golfo en 1991; luego dirigió una fuerza especial en el sur de Afganistán en 2001; después comandó la Primera División de la Infantería de Marina que entró en Bagdad para derrocar a Sadam Hussein en 2003; y, en 2004, lideró la toma de Faluya en Irak, bastión de la insurgencia suní. Hombre culto y lector de los clásicos griegos, es también apodado el “Monje Guerrero”, alusión a que jamás se casó ni tuvo hijos. James Mattis ha repetido infinitas veces que Irán es la “principal amenaza” para la estabilidad de Oriente Medio, por encima de organizaciones terroristas como el ISIS o Al Qaeda: “Considero al ISIS como una excusa para Irán para continuar causando daño. Irán no es un enemigo del ISIS. Teherán tiene mucho que ganar con la agitación que crea el ISIS en la región”.

En materia de geopolítica, como se ve, Donald Trump va a tener que salir pronto de esa contradicción. En el teatro de operaciones de Oriente Próximo, Washington no puede estar –a la vez– a favor de Moscú y contra Teherán. Habrá que clarificar las cosas. Con la esperanza de que se consiga un acuerdo. De lo contrario, hay que temer la entrada en escena del nuevo amo del Pentágono, James Mattis “Perro Loco”, de quien no debemos olvidar su amenaza más famosa, pronunciada durante la invasión de Irak: “Vengo en son de paz. No he traído artillería. Pero, con lágrimas en los ojos, les digo esto: si me fastidian, los mataré a todos”. 

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(1) Aunque, como se sabe, hay elecciones el próximo mes de mayo en Francia, a las cuales el actual presidente socialista François Hollande, muy impopular, ha decidido no volverse a presentar. El candidato conservador con mayores posibilidades de ganar, François Fillon, ha declarado, por su parte, que reorientará la política exterior francesa para normalizar de nuevo las relaciones con Moscú.
(2) Léase Paul Pillar, “Will the Trump Administration Start a War with Iran?”The National Interest, 7 de diciembre de 2016. 
(3) Léase The New York Times, 3 de diciembre de 2016. 
(4) James Mattis necesitará que el Congreso le conceda una excepción para esquivar la ley que exige que pasen siete años entre salir del Ejército y acceder a la jefatura del Pentágono.

Fuente: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=b013574d-1e69-4a5d-aa02-3c712b0a2e42

domingo, 1 de enero de 2017

2017

Silvio dijo...
Esto se lo mandó el trovador cienfueguero Roberto Novo, del duo Los Novo, a Vicente hoy por la mañana- Lo suscribo:

2017

Qué bien si en el año que comienza
las madrugadas merecieran tanto el día
que despertar fuera,
más que deber cotidiano y bostezo,
bendita maravilla y osadía.

Qué bien si en el año que comienza
dieran un Nobel mundial al sentido común
y un Oscar a la decencia.

Qué bien si en los estados de cuentas de la vida
nos cambiaran tipos absurdos,
reinas y reyes sin trabajo, mariscales excéntricos,
políticos rancios y magos sin gracias
por amigos sabios, bellas bailarinas incansables,
guajiros felices y niños eternos.

Qué bien si el corazón y la fe
fueran más que latido y Padrenuestro,
y los ojos humanos solo ojos
y las palabras sol y sed,
y los besos, besos.

Qué bien si de verdad descubriéramos
que el camino de perdonar es siempre menos largo y necio
que el de costear los gastos grises de un enemigo.

Qué bien si en el año que comienza
tuviéramos que hacer palomas de manos
de tantas que se necesitarían para avisar bondades,
para decir “te quieros”,
en el idioma de ser humanos.

Qué bien.

31 diciembre 2016.